Una vía de escape



A ningún político acusado de corrupción puede gustarle la idea de quedarse sin fueros, a merced de jueces reacios a darle el beneficio de todas las dudas concebibles. Es por lo tanto lógico que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus principales estrategas estén esforzándose por pensar en un arreglo que le brinde la protección que con toda seguridad necesitará después de terminar su período en la Casa Rosada. Mientras que algunos oficialistas creen que a Cristina le convendría trasladarse sin solución de continuidad del Poder Ejecutivo al Legislativo, ya que los diputados nacionales cuentan con el grado de inmunidad anhelado, otros preferirían que se mudara al Parlasur, o sea, al aún embrionario parlamento mercosureño que, por ser un organismo meramente decorativo, no la obligaría a trabajar mucho pero, luego de llevarse a cabo un par de reformas menores, podría asegurarle el blindaje legal que está buscando. Otra ventaja, según los impulsores de la maniobra, sería permitirle figurar como cabeza de la lista oficialista en las elecciones de la segunda mitad del año que viene, puesto que en teoría el Mercosur es más importante que una de sus partes, la Argentina, con una posibilidad de triunfar sobre una oposición fragmentada. Para frustrar lo que tienen en mente los preocupados por el futuro de Cristina, los líderes de las distintas agrupaciones opositoras podrían presentar una lista única para las elecciones parlasureñas con la esperanza de conseguir una mayoría tan contundente que deje al kirchnerismo mortalmente herido. Parecería que instituciones como el Mercosur, la Unasur y tantas otras que, una vez formadas, permanecen como fósiles aun cuando todos salvo un puñado de memoriosos las han olvidado por completo, sirven no sólo para repartir sinecuras supuestamente prestigiosas entre aquellos miembros de la clase política regional que de otro modo se encontrarían en el llano, sino también, en opinión de los soldados de Cristina, para mantener a raya a los interesados en combatir la corrupción. Si no fuera por dicha posibilidad, a nadie se le hubiera ocurrido proponer que la presidenta siguiera trabajando después del 10 diciembre del año próximo. Como es notorio, el estado de salud de Cristina es tan precario que en cualquier momento podría sufrir una nueva dolencia que la lleve a un hospital y la obligue a guardar reposo por varias semanas, pero sucede que no puede darse el lujo de alejarse del poder por miedo a las consecuencias. Mal que les pese a ella misma y a sus allegados, es prisionera vitalicia de su pasado; tal y como están las cosas, no tendrá más alternativa que continuar tratando de ocupar puestos políticos hasta el fin de sus días. Al adquirir dimensiones escandalosas el tema del “dinero K”, la corrupción se convirtió en el eje de la política nacional. Una proporción cada vez mayor de las iniciativas del gobierno se debe a la conciencia de que a la presidenta, sus familiares y otros les sería sumamente doloroso verse obligados a defenderse frente a jueces independientes. Tales temores están detrás de las fantasías oficiales en torno a “democratización de la Justicia” basadas en la esperanza poco realista de que una mayoría apoye la colonización de las distintas ramificaciones del Poder Judicial por parte de militantes kirchneristas, proyectos de ley destinados a fortalecer a la procuradora general Alejandra Gils Carbó, el manejo oficial del conflicto con los fondos buitre que no disimulan su voluntad de aprovechar la corrupción para presionar al gobierno y, últimamente, su interés tardío en el hasta hace poco despreciado Mercosur. Incluso se ha especulado acerca del hipotético deseo kirchnerista de pactar con la oposición, ofreciéndole la cabeza del controvertido juez Norberto Oyarbide a cambio de la de Claudio Bonadio. Hasta ahora, los intentos oficiales de convencer a los dirigentes opositores de que, pensándolo bien, sería mejor para el país resignarse a que la presidenta quedara por encima de la ley han sido contraproducentes. Aunque es de suponer que algunos quisieran amnistiarla para que la transición resultara menos turbulenta, la mayoría parece resuelta a hacer un esfuerzo genuino por luchar contra el mal que tantos perjuicios ha provocado al país.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 9 de diciembre de 2014


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