Venezuela, fundida por Nicolás Maduro



Emilio J. Cárdenas


En las últimas semanas la imagen exterior del cuestionado presidente venezolano, Nicolás Maduro, se ha deteriorado sustancialmente. No era, por cierto, buena. Pero ahora es altamente preocupante para la región toda. Porque la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que encabeza la chilena Michelle Bachelet, amplió un informe que certifica -más allá de toda duda razonable- que las torturas a los opositores detenidos son hoy una repulsiva práctica habitual de las fuerzas de seguridad en Venezuela. La izquierda latinoamericana no ha reaccionado, prefiriendo adoptar un silencio cómplice.

Pero no sólo la imagen externa del autoritario Nicolás Maduro se ha deteriorado. También la imagen interna. Esto ha sucedido por razones realmente inéditas.

El mal manejo económico de Venezuela ha postrado al país. Prueba de esto es que nada menos que siete ministros del gabinete nacional del gobierno de Nicolás Maduro han renunciado en masa. Lo hicieron porque no podían desempeñar sus cargos por la falta de recursos para pagar los sueldos de su personal, atender los proyectos en marcha y asegurar el buen funcionamiento de la administración a su cargo.

La incapacidad de Nicolás Maduro para gobernar está ahora a la vista. Lo sucedido es consecuencia de haber quebrado una nación que tiene las reservas probadas de hidrocarburos más altas del mundo. Esto, que parecía imposible, es lo que ha sucedido.

El pato lo están pagando los sectores más vulnerables del pueblo venezolano. Ellos no pueden confiar en un gobierno que visiblemente acaba de perder una parte sustancial de su gabinete, simplemente porque carecía de los recursos mínimos imprescindibles para poder gobernar. La desgracia venezolana no tiene precedentes y sus consecuencias no pueden quedar sin ser denunciadas.

(*) Ex Embajador de la República Argentina ante la ONU.


Comentarios


Venezuela, fundida por Nicolás Maduro