Venezuela, un “modelo” que no cumple los fallos
Todavía resuenan algunas palabras pronunciadas por la canciller venezolana, Delcy Rodríguez, en su tragicómica intervención durante la última reunión del Mercosur, en la ciudad de Asunción. Me refiero a su afirmación de que Venezuela “es un modelo en materia de respeto a los derechos humanos”. Uno se pregunta, cuando escucha ese tipo de frases, dónde están los límites de la mendacidad. O del respeto, o de la vergüenza. Pero para Delcy Rodríguez esa frase no significa nada. La verdad tampoco. Horas después de su definición de Venezuela como “modelo”, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en San José de Costa Rica, denunció como “evidente desacato” el incumplimiento venezolano de sus sentencias, agregando que la actitud del país caribeño es “contraria al principio internacional de acatar sus obligaciones”. Esto sucedió con relación a la negativa de las autoridades venezolanas a cumplir con la sentencia dictada en el 2011 a favor del Leopoldo López, que sigue prisionero en las cárceles de la administración de Nicolás Maduro. Esa sentencia había descalificado la inhabilitación política del líder opositor detenido como contraria a la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Por la sencilla razón de que la inhabilitación no era judicial ni revisable en sede judicial, sino una caprichosa decisión administrativa del gobierno de Nicolás Maduro. El Alto Tribunal ordenó asimismo al Estado venezolano adecuar sus normas de manera que el opositor inhabilitado pudiera ser candidato en todo tipo de elecciones, sin inconvenientes. El país “modelo” hizo caso omiso de la sentencia. La situación referida no es la única de incumplimiento por parte de Venezuela, cuyo gobierno también ha incumplido otras sentencias del alto tribunal regional. Entre ellas, las que tienen que ver con la libertad de expresión (en los casos de los periodistas de RCTV y de Globovisión). También la referida a la designación provisoria de jueces para intimidarlos y manipularlos (caso Mercedes Chocrón) y las referidas a las terribles condiciones de reclusión en las prisiones del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional y a los ajusticiamientos perpetrados por fuerzas policiales (caso Néstor Uzcátegui). Si bien es cierto que Venezuela se retiró de la jurisdicción de la Corte en el 2013, Caracas está obligada normativamente a cumplir con sus fallos. Me refiero a aquellos dictados en causas incoadas desde 1977 hasta el 2013, año este último en que el gobierno bolivariano dejó a los ciudadanos venezolanos fuera del sistema independiente interamericano de protección de los derechos humanos y libertades civiles y políticas esenciales. Delcy Rodríguez podrá decir lo que quiera, pero lo cierto es que Venezuela no es, en modo alguno, un “modelo” de cumplimiento de sus deberes en el capítulo de los derechos humanos. Si es “modelo” de algo, es de represión e incumplimiento de las sentencias del más alto tribunal regional en materia de derechos humanos. Para Delcy Rodríguez, pecado venial. En rigor, una conducta aberrante. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
Opiniones
Emilio Cárdenas – Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas