Las infancias no dieron like: una conversación necesaria
Criar en la era digital puede ser una tarea compleja porque no siempre resulta sencillo saber cómo utilizar la tecnología de forma segura, incluso cuando actuamos con la mejor intención. El fenómeno de exponer información e imágenes de niños y niñas está tan extendido que ya tiene nombre: sharenting.
Estás en una reposera, al costado de la pileta, levantas la cabeza y lo ves: juega con el agua y te das cuenta que tu hijo es hermoso. Agarras el celular. Clic. Y la subís a Instagram: #Amor. Estás panza abajo en la playa. De la costa viene de la mano de la madre. Pensás: es un recuerdo maravilloso. Agarras el celular. Clic. Y la subís a Facebook: #Vacaciones. Estás en el río. Dejas el mate y la ves jugar junto a sus primos. Agarras el celular, les pedís que se junten, “para el recuerdo”, les decís. Clic. Y la subís a Instagram: #Verano.
Los tuyos, como los de tu hermana, amiga o vecino son niños que nacieron en la era digital y están expuestos a una práctica que los adultos, aun con la mejor de las intenciones, subestiman: compartir sus fotos en redes sociales.
Esta práctica en inglés se llama “sharenting”, una palabra que une “share” (compartir) y parenting (paternidad). Es decir, un término que hace referencia a la publicación de contenidos sobre nuestros hijos, sobrinas, nietos en internet. Muchos lo hacen para registrar momentos felices de sus vidas, otros para que la red social oficie de bitácora de la vida. Pero, una práctica tan sencilla como subir una imagen a Instagram, puede tener consecuencias graves.
Karina Chávez es abogada penalista y especialista en la defensa de Niños, Niñas y Adolescentes en el fuero penal y estudia este fenómeno. “Ese compartir parece algo inofensivo. Mostrar que nuestro hijo terminó la primaria, que se fue de viaje de egresados, que se le cayó su primer diente o su primer baño, es decir, mostrar momentos familiares que nos dan orgullo es algo que parecía espontáneo pero hoy es una preocupación jurídica, ética y social que todos deberíamos tener por los riesgos y por sus consecuencias”, analiza.
Para ella ésta práctica de adultos tiene múltiples implicancias: “Primero la sobreexposición de la intimidad de ese niño al publicar una foto suya o un dato personal”, dice y pregunta “¿Qué estamos vulnerando? el derecho a la intimidad. ¿Por qué? Porque esa exposición que hacemos, que quizás es inocente, puede afectar su desarrollo emocional y su percepción de la privacidad”.
También advierte otras consecuencias: el riesgo al robo de la identidad y el uso indebido de esa imagen. “Esa foto puede ser robada de las redes sociales, alguien la toma sin consentimiento y la puede llevar a contextos inapropiados, como por ejemplo al mercado de la pornografía o incluso pueden, con esa imagen, crear perfiles falsos”.
Karina Chávez también advierte sobre la construcción de una identidad digital sin consentimiento. Es decir, cómo esa foto o ese video subido por el padre, la madre, tío, tía o abuelo moldea de alguna manera una identidad digital que puede traer repercusiones a futuro en la vida social de ese niño: “Pensemos cómo esa foto que un papá orgullosamente pone de su hijo, por ejemplo, bañándolo cuando era bebé, después cuando vaya a la escuela primaria o secundaria, puede ser utilizada por otros chicos para crear una situación de un meme y dar lugar a un ciberbullying”.
La exposición en redes sociales afecta también la autonomía y el consentimiento de las infancias. Así lo explica Chávez: “No se le consulta a ese niño o esa niña lo que se está publicando, se lo expone sin su consentimiento. Y esto es importante que no se normalice, porque los adultos son los garantes de los derechos de esos niños. Así como ejercen la parentalidad en el mundo real también la deben ejercer en el mundo digital. Incluso a determinada edad es necesario obtener la opinión del niño y preguntarles ¿Querés o no querés que suba esta foto? Si dice que no, es no y ahí se terminó la discusión”.

Las estadísticas confirman el diagnóstico de Chávez. Una encuesta de la empresa de seguridad informática AVG asegura que 8 de cada 10 bebés de hasta seis meses ya tienen fotos en Internet. Algunos de ellos – el 5 % de los menores de dos años – también tiene un correo electrónico o un perfil propio en Facebook. Y en nuestro país, un sondeo de la compañía Kaspersky Lab indica que el 39% de los argentinos publica, por lo menos una vez al mes, fotografías de niños de su familia en situaciones con poca ropa (por ejemplo, en pañales, en la pileta o playa).
El sharenting no está tipificado en el Código Penal. Tampoco está regulado legalmente. Por eso, es válida la pregunta: ¿Qué se puede hacer frente a esta práctica que está en pleno crecimiento? Chávez dice que al no existir una ley específica que regule el sharenting es necesario abordarlo desde normas generales para proteger la intimidad de los datos personales y salvaguardar el interés superior de ese niño, niña o adolescente: “La Ley 26.061, Protección Integral de los Derechos Niños, Ñiñas y Adolescentes reconoce justamente el derecho a la intimidad, a la imagen, a la protección frente a cualquier tipo de violencia o exposición indebida de ese niño, niña o adolescente. Otra norma es la Ley de Protección de Datos Personales, la 25.326 que establece que la persona tiene derecho a controlar el uso de datos, incluyendo a las imágenes. Y en el caso de los menores, los adultos responsables deben actuar teniendo en cuenta el interés superior de ese niño. Por último, el Código Civil y Comercial de la Nación también regula los derechos personalísimos de esos niños y adolescentes”.
Para Chávez es necesario que haya campañas de concientización sobre el tema dirigidas a los adultos. Y en términos de regulación, para ella, el derecho al olvido es una alternativa conciliadora entre el sharenting y la protección de los datos personales de los niños, niñas y adolescentes: “El derecho al olvido puede funcionar como una herramienta de reparación simbólica y jurídica que permita a los niños, niñas, adolescentes una vez que alcancen la madurez suficiente solicitar que eliminen el contenido de las redes que lo pudieran llegar a afectar”.
Hablar con nuestros hijos, implicarlos en la decisión de subir o no su contenido a redes sociales, es también una excelente oportunidad para enseñarles, con el ejemplo, la noción de consentimiento y mostrarles que la privacidad es importante.
Consejos para evitar el sharenting
–Limitá la información sensible que publicás, como su rostro, nombre completo, escuela o lugar de residencia.
-Si publicás fotos, considera difuminar su rostro o usar emojis para proteger su identidad.
–Configurá la privacidad de tus cuentas para que solo amigos y familiares puedan ver las publicaciones.
–Desactivá la geolocalización.
–Involucrá a las infancias en la decisión de lo que compartís.
Estás en una reposera, al costado de la pileta, levantas la cabeza y lo ves: juega con el agua y te das cuenta que tu hijo es hermoso. Agarras el celular. Clic. Y la subís a Instagram: #Amor. Estás panza abajo en la playa. De la costa viene de la mano de la madre. Pensás: es un recuerdo maravilloso. Agarras el celular. Clic. Y la subís a Facebook: #Vacaciones. Estás en el río. Dejas el mate y la ves jugar junto a sus primos. Agarras el celular, les pedís que se junten, “para el recuerdo”, les decís. Clic. Y la subís a Instagram: #Verano.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios