Volvió a caminar y jugar después de que un tren le amputó los pies

Liz Candela tiene 5 años y una prótesis en cada pierna. Hace 17 meses, un accidente cambió su vida. Ahora, volvió al jardín, participa de coreografías y hasta se anima con la bici. Un ejemplo.



Con apenas 5 años, Liz Candela es un ejemplo de superación y de inspiración, luego de que su futuro cambió para siempre el día que una formación del tren le amputara parte de sus dos piernas. Hoy, las prótesis a las que trata de adaptarse diariamente, son las que la ayudan a intentar tener una vida como la de cualquier chica.
Pasaron 17 meses desde aquel momento doloroso. Cecilia, la mamá, no puede evitar llorar al recordar aquella tarde. Era domingo 1 de abril, eran casi las cuatro de la tarde. La vida cambió para siempre para todo el grupo familiar.


Sentada junto a ella, Cande también se seca las lágrimas y con una naturalidad sorprendente, va corrigiendo los detalles de la historia que le tocó vivir.


La nena es inquieta, muestra picardía, y hasta le hace algún berrinche durante la charla. Pero no tiene ninguna vergüenza en mostrar sus “nuevas patas” como las llama ella, mientras que mamá reza para que siempre tenga esa energía.


Ese fin de semana, la familia que reside en la ciudad de Roca, estaba visitando a sus allegados en Río Colorado en el barrio de Villa Mitre, a pocas cuadras de donde ocurrió el triste hecho.

Aquel trágico día, Cande, junto a su hermano mayor de 12 años y otros primitos, había pedido permiso para ir a la escuelita de la iglesia, al cuidado de los tíos. Luego de haber pasado un tiempo de diversión, decidieron ir a otro domicilio, lo que implicaba volver a cruzar las vías.

Justo en ese momento se encontraba parada una formación de trenes de la empresa “Ferrosur Roca S.A”. Estaba realizando el cambio de guardia, como ocurre diariamente. La formación retornaba desde Neuquén antes de emprender el viaje a la ciudad de Bahía Blanca.


Eso implicaba para el grupo un impedimento. Pero “al ver que otra gente estaba sorteando ese obstáculo” para ir hacia el centro de la localidad o para volver al barrio, ellos también decidieron emprender el desafío, sin percatarse del peligro real: la máquina ya estaba en marcha, lista para partir.


Unos pasaron, otro se quedaron. Pero Candela estaba caminando sobre una de las plataformas de un vagón, cuando la formación se puso en marcha, haciendo que la pequeña perdiera el equilibrio y cayera abruptamente debajo de la mole de hierro, que la atrapó y la arrastró algunos metros.
Las pesadas ruedas de acero terminan mutilando las piernas casi a la altura de la tibia.
De alguna forma, alertado por los gritos de la gente que estaba en el lugar, el maquinista del tren frenó la máquina, evitando así que el desenlace fuera irreversible.


En pocos minutos llegó la ambulancia para trasladarla al hospital. Al mismo tiempo llegó Cecilia. “Cuando la vi arriba de la ambulancia, lista para el traslado, ella estaba totalmente lúcida, queriendo hablar con migo. Yo no sabía qué hacer, no podía reaccionar, estaba helada”, vuelve a llorar Cecilia.


Rápidamente fue derivada al hospital José Cibanal donde le hicieron las primeras curaciones y la derivaron al Sanatorio Juan XXIII de Roca donde se le practicaron varias cirugías en las piernas, que le permitieron recuperar la movilidad.

“Durante ese tiempo, cuando Candela se despertaba, mostraba dolor. Pero nunca perdió el conocimiento y me contaba todo lo que había pasado, incluso hablábamos de otros temas sin ningún problema. Con su corta edad, me trasmitía tranquilidad y me daba fuerzas. Solo ella es capaz de tener esa fortaleza para salir adelante.”

Cecilia, la mamá

“Los primeros tres o cuatro meses fueron muy duros. La operaron varias veces para hacerle retoques. Pero tiene una energía única, que es contagiosa, inclusive en esos días en que viene a la memoria todo lo que pasó”, resalta Cecilia.


Tras el duro golpe, la pequeña comenzó con su vida, ahora tratando de adaptarse al uso de las prótesis que deberá utilizar por siempre.
Hace los trabajos de rehabilitaciones en A.D.A.N.I.L. de Roca, institución a la que acudirá periódicamente, debido que las prótesis deben ser cambiadas al mismo tiempo que la nena vaya creciendo.
Candela va al jardín nº 113 de Chacra de Monte y el pasado 25 de mayo se dio el gusto de participar en una coreografía junto a sus compañeritos, a pesar del temor de mamá.


Además en la casa suele andar en bicicleta, con las rueditas traseras puestas. “Pero cuando aprenda bien, voy andar sin rueditas”, promete la pequeña.


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