El Lanín impone sus condiciones, pero «el abrazo de cumbre está en cualquier parte de la montaña»
Un temporal de viento y nieve impidió llegar a la cima del volcán a un grupo de montañistas de Centenario. Les enseñó que "lugar más alto de la montaña no siempre es la cumbre".
Montañistas de Centenario se propusieron llegar a la cumbre del Lanín, pero el volcán tenía otros planes. El primer día les abrió camino con un cielo azul despejado y un clima ideal. Llegaron hasta el refugio Los Domos y todo se complicó. «De golpe nos envolvió una nube hermosa y se nos levantó un temporal de viento y nieve en la noche», contó Tatiana Pereira. El macizo se impuso y dijo «hasta acá», pero eso no le quitó mérito a la experiencia. «El abrazo de cumbre está en cualquier lado de la montaña», reflexionó Guillermo Acuña.
El ascenso al Lanín inició el jueves, pero la aventura comenzó mucho antes con meses intensos de preparación. Tatiana tiene 55 años y es «la más gran del grupo». Inquieta y curiosa, una travesía en las Lagunas de Epulafquen le despertó el gusto por el montañismo. Así, arrancó a entrenar en Pioneros Trek, junto al guía Lucas Puerta.
Guillermo también empezó en febrero de 2025. Descubrió que personas de Centenario se reunían a practicar montañismo a través de una nota de Diario RÍO NEGRO. Tiene 47 años y, aunque no le gusta la nieve, se propuso un nuevo desafío: hacer cumbre en el Lanín en noviembre de este año.
¿Pero qué pasa cuando las condiciones climáticas te impiden llegar a la cima? ¿Es menos importante? «Para nada. No se vivió con frustración. Entendimos que no podíamos subir y entendimos que ellos (los guías) nos estaban cuidando», remarcó el montañista.

Cuando la fuerza del viento y la nieve se imponen, «el ser humano no puede ir contra eso». Tatiana también sintió que llegar hasta el refugio Los Domos ya era una hazaña en sí misma. «Hice lo que quería. Siempre me repito a mí misma: ‘que no me frene el cuerpo, que me frene el clima’. No llegué porque el volcán no lo quiso», enfatizó.
La cumbre es el proceso, no el resultado. «Estábamos tan fascinados de estar ahí en Los Domos, estar en ese lugar, que ni siquiera tuvimos tiempo de frustrarnos. Estábamos tan felices, estábamos en un domo, durmiendo tapados con nuestras bolsas de dormir y afuera nevaba», narró Guillermo, pintando un escenario de ensueños.

Refugio Cajas: la segunda parte de la aventura
A las 3 de la madrugada los guías le confirmaron al equipo de que no continuarían el ascenso hasta la cumbre del Lanín. A la mañana, lejos de caras largas, en el ambiente se percibía paz y felicidad, pese al viento que azotaba con fuerza. Así, les propusieron una nueva aventura, pero hasta el refugio Caja.
Para Guillermo el desafío estaba cumplido y quiso quedarse en Los Domos. Un calambre en el gemelo izquierdo ya lo había complicado el día anterior y lo tenía bastante dolorido. «Tomé la decisión de no ir y de guardar mis pocas fuerzas para bajar», comentó.
Tatiana tenía resto para la segunda parte de la travesía. Junto a parte del equipo de Pioneros Trek se calzaron las mochilas y emprendieron el camino hasta el Caja. El viento no había disminuido y obstaculizó el camino. En un momento Lucas, el guía, les propuso dos opciones: llegar por el camino técnico con una «lengua de hielo» o ir por el sendero rocoso. «Empezamos a escalar las roquitas sin mirar arriba, siempre al frente», acotó Tatiana.
«Una felicidad cuando llegamos y salimos de esa nube de tormenta. Desde ahí arriba veíamos un colchón de nubes. Para mi te llega al alma, llegar hasta ahí, no llegué muerta, no lo sufrí, hice lo que quería».
Para el guía Lucas Puerta este año ha sido, sin duda, el «año de los Plan B». Señaló que las condiciones meteorológicas han sido tan cambiantes que, cada vez que tenían en mente una montaña, el pronóstico les cambiaba las reglas del juego. Tuvieron que ser creativos y flexibles en sus planes. Aunque el Caja no era el principal objetivo resultó ser una gran experiencia.
¿Se viene la revancha por la cumbre del Lanín?
Pese a que Guillermo y Tatiana están satisfechos con la experiencia en sí misma, confiesan que la cumbre en el Lanín hubiese sido la «cereza del postre». Así, con el resto del equipo, planean seguir entrenando y regresar en noviembre del 2026.
«Volveré a probarlo. A mí nunca me limitó la edad», remarcó Pereira. Es que siempre le preguntan cómo a su edad se anima a subir montaña y, entre risas, les contenta: «El que tenga miedo a morir que no nazca». Además del Lanín tiene otros proyectos como el ascenso al Tromen y el Domuyo.
Una vez que llegaron a sus hogares, desde la tranquilidad y con la adrenalina bajando, Guillermo les escribió a sus compañeros. «Yo quiero volver, ¿a ustedes les pasa? Y todos teníamos la misma sensación, una sensación bien definida de que queremos volver. Si se llega a dar podemos volver los 8 de vuelta», contó.

El Lanín, una montaña con «energía propia»
El guía Lucas Puerta ya subió al Lanín «unas 10 veces», la primera vez fue en 2010. Cada nuevo ascenso es un momento especial y de mucha cautela. La montaña siempre se «respeta». Además, aseguró que «el Lanín es una montaña muy particular».
«Es una montaña que atrae a todos, sobre todos los neuquinos y tiene la particularidad de ser un volcán. Es una montaña distinta porque tiene una energía propia, tiene vida y es una montaña con el mayor desnivel de Neuquén con lo cual es un desafío en muchos aspectos. El volcán impone sus propias condiciones», enfatizó.
Puerta sostuvo que para cualquier ascenso deben darse tres condiciones que ellos llaman «el triángulo de hierro en la montaña: la seguridad, el aprendizaje y la diversión, poder pasar un lindo momento». Si el clima u otro factor desestabilizan ese triángulo la decisión es clara: no se sube.
Para el guía, «la cumbre es uno mismo» y el «lugar más alto de la montaña no siempre es la cumbre». Y ese es el espíritu que le transmitió al equipo. Tatiana y Guillermo regresaron a sus casas felices y sin asuntos pendientes, bajo la certeza de que «el abrazo de cumbre se puede dar en cualquier lado de la montaña.

Montañistas de Centenario se propusieron llegar a la cumbre del Lanín, pero el volcán tenía otros planes. El primer día les abrió camino con un cielo azul despejado y un clima ideal. Llegaron hasta el refugio Los Domos y todo se complicó. "De golpe nos envolvió una nube hermosa y se nos levantó un temporal de viento y nieve en la noche", contó Tatiana Pereira. El macizo se impuso y dijo "hasta acá", pero eso no le quitó mérito a la experiencia. "El abrazo de cumbre está en cualquier lado de la montaña", reflexionó Guillermo Acuña.
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