Fue a pescar a la cordillera y tuvo un pique inolvidable: «Una trucha así no se ve todos los días»

A unos 100 km de Junín de los Andes, donde el río Collón Curá se acerca al perilago de Piedra del Águila, fue a probar suerte un pescador que se hizo una escapada a Neuquén desde Buenos Aires con el sueño de un buen pique en la Patagonia. No le podría haber ido mejor. Mirá...

Gerardo Marambio pescó esta gran trucha marrón en el río Collón Curá, a unos 100 km de Junín de los Andes, Neuquén.

Ocurrió en el río Collón Curá, a unos 100 kilómetros de Junín de los Andes, durante una escapada del médico cardiólogo Gerardo Marambio a la cordillera. Se subió al bote del guía de pesca Charly Trisciuzzi para ir a probar suerte con su equipo de mosca en esa tierra de legendarios pescadores. Y no le podría haber ido mejor.


«Veníamos con muy buenos piques»

«Veníamos con muy buenos piques», recuerda el guía. Hasta ese momento, aquel domingo de enero habían pescado y devuelto muchas truchas de entre medio kilo y poco más de uno. Pero faltaba lo mejor en ese río que surge de otros dos clásicos de la pesca con mosca: el Aluminé y el Chimehuín.

Aguas abajo, en el tramo en que el Collón Curá se acerca al perilago de Piedra del Águila, el río se empieza a ensanchar. Ahí, entre dos sauces, fue el gran pique del día.

Cuando sintió que algo pasaba, Gerardo dudó. Porque la trucha no peleó ni encaró para una corredera con furia, simplemente se fue para el fondo del río y se quedó ahí.

El pescador usaba una caña número 7 con líneas de hundimiento y una mosca Wolly Bugger marrón y amarilla. Se habían metido al río por el acceso público Balsa Vieja. Desde ahí, se deslizaron 34 km aguas abajo a remo. Esta prohibida la navegación a motor y la devolución es obligatoria.


«Estas truchas están, pero no siempre se ven. Y siempre cuesta sacarlas»

«Estas truchas están, pero no siempre se ven. Y siempre cuesta sacarlas. Pero a veces se da«, relata Charly, que como guía ha recorrido ese tramo del río, lo conoce con sus bajantes históricas y sabía del entramado de ramas, troncos y árboles bajo la superficie. Por aquí anduvo con su padre, maestro y compañero de aventuras Carlos, nada menos que el guía de pesca 001 de Neuquén.

Charly sabía entonces que la posibilidad de que la línea se enganche eran altas. Pero apenas observó cómo se dobló la caña supo que había algo grande allá abajo. Notó también la ansiedad del pescador ante la chance de capturar una gran trucha.

«Tranquilo, relajá, disfrutá el momento», le aconsejó.

Hasta que pudo sacarla pasaron unos 30 minutos: la trucha seguía entre los dos sauces allá abajo, aunque en un momento subió, se asomó y dejó ver la cola: supieron entonces de su gran porte.

Finalmente, cuando se movió aguas abajo lograron meterla en el copón y se acercaron a la orilla, para las fotos y la devolución. Pesaba 4.08 kilos y tenía unos 65 cm de largo.

En esta zona los pescadores solo puede acceder embarcados, a menos que vayan a una de las estancias con lodges de pesca. Es campo privado en ambas márgenes. Otros prueban suerte en el final de los 34 km de flotada cuando el río ya se transforma en perilago en cercanías de Piedra del Äguila, a metros de la ruta 234.

«Fue una linda captura -dice el guía-. El pescador no lo podía creer, estaba emocionado. Al principio parecía que había enganchado, pero resultó ser una hermosa trucha«.


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