Las playas patagónicas más increíbles en el Camino de la Costa: cómo recorrerlo y tips para planificar el viaje

Un circuito costero ideal para quienes buscan tranquilidad, contacto con la fauna, playas extensas y experiencias auténticas en plena Patagonia.

Entre acantilados que caen al mar y playas amplias que invitan a quedarse, el Camino de la Costa se consolida cada verano como uno de los recorridos más atractivos de Río Negro. No es solo una salida de playa: en el camino aparecen propuestas para todos los gustos —caminatas, pesca, avistaje de fauna, descanso frente al mar y rincones perfectos para fotografiar—, lo que lo convierte en una opción ideal.

El recorrido se despliega a lo largo de más de 200 kilómetros por la Ruta Provincial 1. La traza bordea los acantilados y va uniendo balnearios, áreas naturales protegidas y paradas en las que el paisaje cambia todo el tiempo: desde sectores con servicios y paradores, hasta zonas agrestes que invitan a frenar y caminar con calma.

El Camino de la Costa permite combinar paradas muy distintas entre sí. Hay balnearios consolidados, como El Cóndor, La Lobería y Bahía Creek, y también playas más agrestes —como El Espigón o Bahía Rosas— donde el paisaje se abre en grandes extensiones de arena y acantilados. En el trayecto, un punto imprescindible es el Centro de Interpretación de Punta Bermeja, desde donde se puede observar una de las colonias de lobos marinos más importantes de la Patagonia.

Los primeros tramos del viaje se recorren por asfalto en buen estado y, a partir de allí, la ruta continúa como ripio consolidado. A lo largo del camino aparecen miradores señalizados que invitan a detenerse y contemplar el paisaje. Si bien es un trayecto accesible, conviene manejar con precaución en los sectores donde suele acumularse arena. En los últimos años se hicieron tareas de rehabilitación en distintos puntos del recorrido, lo que hoy permite transitarlo completo sin dificultades.

A la hora de planificar, el combustible es clave: se puede cargar en Viedma antes de salir o en San Antonio si se llega por el otro extremo del recorrido. Y una buena noticia para quienes viajen este verano: en El Cóndor, también funciona una nueva estación de servicio.

Un camino, muchas formas de vivir el verano. Foto: Fernando Mariño.

A continuación, te contamos los atractivos y las actividades de cada parada del Camino de la Costa, para que elijas dónde frenar y cómo aprovechar mejor el recorrido.


El Cóndor: puerta de entrada al Camino de la Costa


A unos 30 kilómetros de Viedma, siguiendo la Ruta Provincial 1, aparece El Cóndor, una villa balnearia que suele ser elegida por quienes buscan descanso, playas amplias y contacto directo con la naturaleza. El paseo por la costanera, el Faro Río Negro y el Memorial Malvinas forma parte de los clásicos del lugar, pero hay mucho más: entre los acantilados se encuentra la colonia de loros barranqueros más grande del mundo, con miles de ejemplares que convierten el paisaje en un espectáculo permanente.

El Cóndor, puerta de entrada a la costa rionegrina, conocido por su imponente colonia de loros barranqueros.

El balneario ofrece varias propuestas recreativas: desde largas caminatas y pesca, hasta deportes náuticos y actividades vinculadas al viento. Sus características geográficas —playas extensas, vientos constantes y la cercanía de la desembocadura del río Negro— hicieron que El Cóndor se transformara en uno de los escenarios más versátiles de la costa rionegrina para practicar kitesurf, windsurf, surf y, más recientemente, wingfoil. No es raro ver tablas y velas sobre el mar durante todo el año, impulsadas por ráfagas que permiten velocidad y maniobras espectaculares.

Acantilados, playa extensa y una villa tranquila que crece cada verano.

El verano también tiene su propia agenda: en febrero se realizará una nueva edición de la Fiesta Nacional del Mar y el Acampante, con espectáculos y actividades para toda la familia, será el sábado 7 y el domingo 8 de febrero. Es uno de los momentos del año en los que la villa muestra con más fuerza su movimiento social y turístico.


El Espigón: una de las playas más buscadas por quienes disfrutan del surf


A unos 45 kilómetros de Viedma, el paisaje cambia por completo. Desde la primera bajada de El Cóndor comienzan a aparecer acantilados altos y activos, moldeados por el viento y la marea. La erosión fue dando forma a restingas y a un gran bloque rocoso que se adentra en el mar y que da nombre al lugar: El Espigón.

El Espigón es uno de los puntos preferidos por pescadores y amantes de la costa agreste.

La zona guarda una historia que sorprende. Entre los sedimentos todavía se encuentran ostras, vieiras y erizos fósiles, testigos de un antiguo mar cálido que, millones de años atrás, tenía condiciones similares a las del Caribe, hasta que las corrientes frías fueron transformando el ambiente.

Hoy, El Espigón es una de las playas más buscadas por quienes disfrutan del surf y la pesca. Un peñón se interna cerca de 80 metros en el agua y genera condiciones particulares para las olas, mientras los acantilados protegen parte del sector. El acceso se realiza por una escalinata que baja hasta la arena, y desde allí el paisaje invita tanto a la aventura como a quedarse simplemente mirando el mar.


Playa Bonita: tranquilidad y belleza


Playa Bonita se encuentra a pocos kilómetros de El Espigón y es conocida por sus aguas calmas y su entorno natural prácticamente intacto. El acceso se realiza por el camino costero y las bajadas naturales hacia la playa, lo que conserva su espíritu agreste y silencioso.

Playa Bonita sorprende por sus aguas calmas y su entorno casi intacto.

Su nombre hace justicia a su apariencia: es un rincón tranquilo y de singular belleza, ideal para quienes buscan desconectarse y disfrutar del mar en un ambiente sereno.

Aunque no cuenta con grandes infraestructuras, funciona un pequeño parador que brinda servicios básicos a quienes pasan el día.


La Lobería: piletones naturales, acantilados y fauna


A unos kilómetros después de Playa Bonita aparece La Lobería, uno de los balnearios más particulares del Camino de la Costa. El paisaje combina acantilados altos, sectores de arena y canto rodado, y los famosos piletones naturales que se forman cuando baja la marea y dejan al descubierto antiguas capas rocosas. Son espejos de agua tranquilos, ideales para refrescarse y disfrutar en familia.

Durante la temporada de verano, el lugar suma servicios pensados para pasar el día con comodidad: estacionamiento, baños, restaurante, confitería, camping con fogones y quinchos, proveeduría y un elevador que facilita el acceso a la playa sin necesidad de utilizar toda la escalinata.

Los lobos marinos conviven con el paisaje y recuerdan la importancia de respetar las áreas protegidas.

La Lobería es también puerta de acceso a un entorno natural único. Muy cerca se encuentra el Área Natural Protegida Punta Bermeja, donde habita una de las colonias continentales más grandes de lobos marinos de un pelo. Desde los miradores se pueden observar miles de ejemplares en distintas etapas del año, además de aves costeras que conviven en el mismo ecosistema.

Durante la bajamar, los piletones de roca forman pequeñas piscinas ideales para descansar y jugar con los chicos.

Más allá de quienes llegan desde otros puntos del país, es un clásico entre vecinos de Viedma y Carmen de Patagones, que buscan reparo frente al viento y un paisaje diferente dentro del mismo circuito costero.


Bahía Rosas: aguas profundas, pesca deportiva y naturaleza en estado puro


A unos 75 kilómetros de Viedma aparece Bahía Rosas (también conocida como La Ensenada), un rincón elegido por pescadores de toda la región. Sus aguas más profundas y la tranquilidad del entorno ofrecen condiciones ideales para la pesca desde la costa: tiburón y cazón en temporada, además de pejerrey, róbalo, corvina, pez gallo y pez elefante, entre otras especies.

Bahía Rosas, uno de los puntos preferidos por pescadores y visitantes gracias a la profundidad de sus aguas.

Pero no todo es pesca. En los meses de julio a octubre, el mar suele regalar uno de los espectáculos más emocionantes: el paso de ballenas que se dejan ver a cierta distancia, convirtiendo la visita en una experiencia inolvidable para toda la familia.

Bahía Rosas es agreste y silenciosa, por lo que es importante llegar preparado: no hay servicios y se recomienda consultar previamente el estado de la ruta y las condiciones del camino.


Bajada Echandi: naturaleza, pesca y vida silvestre


Unos kilómetros más adelante aparece la Bajada Echandi, un acceso que desciende entre los acantilados y conduce a una playa muy buscada por los pescadores de pejerrey. El camino, de bajo tránsito y de canto rodado, ayuda a conservar el entorno y mantiene intacto el paisaje estepario.

Es un tramo donde conviene manejar despacio: es frecuente ver zorros, ñandúes y liebres mara cruzando la ruta, además de grandes bandadas de aves. En esta zona se han registrado más de 150 especies, lo que transforma el recorrido en un atractivo en sí mismo, incluso para quienes no van a pescar.

La Bajada Echandi permite acceder a una playa ideal para la pesca del pejerrey.

La vegetación nativa también aporta su identidad. Entre las plantas más comunes aparecen especies aromáticas y medicinales, como el chañar, el guaycurú y la llamada «yerba meona», que crecen adaptadas a los vientos y a la escasez de agua.


Bahía Creek: médanos, playas amplias y calma patagónica


En Bahía Creek el paisaje se abre. Los acantilados pierden altura y aparecen grandes médanos de arena que bordean una bahía de aguas claras y playas anchas, ideales para largas caminatas y tardes tranquilas frente al mar. Es un balneario pequeño, de ritmo sereno, muy elegido por quienes buscan descanso y naturaleza.

En Bahía Creek los acantilados dan paso a médanos suaves y aguas claras.

Entre julio y septiembre, no es extraño ver a lo lejos el paso de ballenas o toninas overas, junto a otras especies típicas de la costa patagónica. El ambiente conserva un aire agreste y silencioso que invita a desconectarse.

El viento constante y las dunas hacen de Bahía Creek un escenario único para caminatas y deportes de playa.

Bahía Creek, sin embargo, mantiene condiciones propias de un lugar aislado: no cuenta con señal de teléfono, estación de servicio, agua potable ni red eléctrica. Aun así, dispone de un punto de WiFi libre de ARSAT, un pequeño almacén y opciones de hospedaje —camping, hostel, domos y casas de alquiler—. Las viviendas se abastecen con paneles solares o grupos electrógenos, lo que ayuda a preservar su carácter simple y sustentable.


Caleta de los Loros: un espejo de agua que cambia con la marea


A unos 100 kilómetros al suroeste de Viedma, el Área Natural Protegida Caleta de los Loros —que integra también Punta Mejillón— abarca más de 3.000 hectáreas de paisajes costeros únicos. Los acantilados se transforman aquí en formaciones rocosas bajas y erosionadas, y en sectores desaparecen de manera gradual, dando origen a una amplia caleta rodeada de dunas fijas y móviles.

Un área protegida clave para aves migratorias y fauna costera. Foto: archivo.

Cuando la marea baja, el lugar se convierte en un gran espejo de agua y deja al descubierto canales, bancos de arena y zonas de vegetación costera donde se concentra una valiosa diversidad de flora y fauna. Es un sitio ideal para recorrer con tiempo y, siempre que sea posible, acompañado por el personal de guardafauna que trabaja en el área.


San Antonio Oeste: historia portuaria y puerta de acceso a la Bahía


San Antonio Oeste es la ciudad cabecera del departamento y uno de los puntos urbanos más importantes del litoral rionegrino. Nació y creció ligada al mar: su economía se apoya en la extracción y comercialización de productos pesqueros, actividad que le dio identidad y movimiento a lo largo del tiempo.

San Antonio Oeste, playa mar grande.

El crecimiento de la zona se potenció en 1983, con la puesta en marcha del Puerto de Aguas Profundas de San Antonio Este, ubicado a unos 60 kilómetros. Desde allí parte gran parte de la fruta rionegrina que se exporta al mundo, convirtiendo al enclave en uno de los puertos con mayor movimiento de cargas de la Patagonia.

Dentro del mismo ejido municipal conviven tres polos que forman un circuito muy atractivo: San Antonio Oeste, el Puerto de San Antonio Este y Las Grutas, uno de los balnearios más visitados de la región. Todo el conjunto se articula alrededor de la Bahía San Antonio, un área reconocida por su valor ecológico y por ser hogar de numerosas aves migratorias.


Entre acantilados que caen al mar y playas amplias que invitan a quedarse, el Camino de la Costa se consolida cada verano como uno de los recorridos más atractivos de Río Negro. No es solo una salida de playa: en el camino aparecen propuestas para todos los gustos —caminatas, pesca, avistaje de fauna, descanso frente al mar y rincones perfectos para fotografiar—, lo que lo convierte en una opción ideal.

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