“Y nos decían que venían a ¿?”
Como pocas veces el nombre de la provincia se ajusta a la realidad social, política y económica que estamos atravesando. Denuncias cruzadas, ineptitudes manifiestas, soberbia, persecución con el infaltable toque policial vienen a coronar una trama con mucho de “realismo mágico”, pero que se convierten en los matices de una realidad que ya está ingresando en el terreno de lo insoportable e indefendible. Parafraseando aquel discurso histórico de Raúl Alfonsín, podríamos decir: nos dijeron que venían a ponernos en acción y sumieron el Estado provincial en una parálisis atroz, cuyas consecuencias llevarán años, repararlas; nos dijeron que venían a terminar con los privilegios y, como nunca, el Estado fue copado por un grupo de advenedizos con hambre de apropiarse de los recursos públicos, e hicieron un festival de designación de familiares, en el marco de sueldos para la planta política casi en niveles inmorales; nos dijeron que venían a curar la salud y como nunca la salud pública se encuentra en terapia intensiva y con pronóstico de continuar desmejorando, con hospitales paralizados por la falta de insumos básicos y con el personal reclamando un sueldo digno a su encomiable tarea; nos dijeron que venían a colaborar con la producción y como nunca los productores entregan su fruta, sin saber montos ni destinos y ya resignados, aun para ejercer una protesta, en un marco de resignación y desolación; nos dijeron que venían a poner en ejecución políticas desde el Estado que consolidaran Río Negro como destino turístico, y permanecieron sin ministro del área en momentos de iniciación de la temporada turística, evidenciando que la mejor política que pueden implementar es no entrometerse para poner obstáculos que desmejoren las perspectivas del sector. Nos dijeron que venían a traer la transparencia, y hoy asistimos a un carnaval de acusaciones donde se habla de utilizar los recursos públicos con la finalidad de direccionarlos en beneficios personales y/o sectoriales, en una denuncia que no registra antecedentes en la historia política moderna; nos dijeron que venían a terminar con el asistencialismo y dejaron de lado cualquier acción pública tendiente a morigerar los difíciles momentos económicos que pasa buena parte de los rionegrinos, que ni siquiera encuentran un lugar en donde satisfacer al menos su demanda nutricional, generando un círculo creciente de inseguridad, en alguna parte motivado por esa ausencia. Es hora del no va más; se acabó. Es la hora de un Río Negro decente y moral, lo que viene. Esto no puede ni debe entenderse como una defensa de aquel integrante de algunos de los gobiernos radicales que deba dar explicaciones y asumir responsabilidades penales en el caso de ser responsable de algún acto ilícito. Es hora de convocar a los mejores rionegrinos, de encontrar las coincidencias básicas para salvar nuestra provincia de un caos previsible en el corto plazo. Esos rionegrinos están y existen. Hay que tener la generosidad y amplitud para convocarlos, más allá de su pertenencia política. El desafío de la hora es tener grandeza, honradez y compromiso, y esos valores no son patrimonio de ningún partido político o sector alguno. Rionegrinos, a las cosas, podría citar aquel gran pensador de los males argentinos que fuera Ortega y Gasset. El 2015 está a la vuelta de la esquina. Para que no vuelvan los que no deban volver, para que se vayan los que deban irse, pero que llegue de una vez por todas un equipo de personas que recuperen el sentido revolucionario de la actividad política. Que vuelva a ser una actividad respetada y valorada por el conjunto de la sociedad, más allá de las diferencias sectoriales. Esperemos estar a la altura de estas circunstancias, porque sino el Río Negro que no construyamos nos lo va a demandar. Carlos Rivero, DNI 30.944.694 Cipolletti
Carlos Rivero, DNI 30.944.694 Cipolletti
Como pocas veces el nombre de la provincia se ajusta a la realidad social, política y económica que estamos atravesando. Denuncias cruzadas, ineptitudes manifiestas, soberbia, persecución con el infaltable toque policial vienen a coronar una trama con mucho de “realismo mágico”, pero que se convierten en los matices de una realidad que ya está ingresando en el terreno de lo insoportable e indefendible. Parafraseando aquel discurso histórico de Raúl Alfonsín, podríamos decir: nos dijeron que venían a ponernos en acción y sumieron el Estado provincial en una parálisis atroz, cuyas consecuencias llevarán años, repararlas; nos dijeron que venían a terminar con los privilegios y, como nunca, el Estado fue copado por un grupo de advenedizos con hambre de apropiarse de los recursos públicos, e hicieron un festival de designación de familiares, en el marco de sueldos para la planta política casi en niveles inmorales; nos dijeron que venían a curar la salud y como nunca la salud pública se encuentra en terapia intensiva y con pronóstico de continuar desmejorando, con hospitales paralizados por la falta de insumos básicos y con el personal reclamando un sueldo digno a su encomiable tarea; nos dijeron que venían a colaborar con la producción y como nunca los productores entregan su fruta, sin saber montos ni destinos y ya resignados, aun para ejercer una protesta, en un marco de resignación y desolación; nos dijeron que venían a poner en ejecución políticas desde el Estado que consolidaran Río Negro como destino turístico, y permanecieron sin ministro del área en momentos de iniciación de la temporada turística, evidenciando que la mejor política que pueden implementar es no entrometerse para poner obstáculos que desmejoren las perspectivas del sector. Nos dijeron que venían a traer la transparencia, y hoy asistimos a un carnaval de acusaciones donde se habla de utilizar los recursos públicos con la finalidad de direccionarlos en beneficios personales y/o sectoriales, en una denuncia que no registra antecedentes en la historia política moderna; nos dijeron que venían a terminar con el asistencialismo y dejaron de lado cualquier acción pública tendiente a morigerar los difíciles momentos económicos que pasa buena parte de los rionegrinos, que ni siquiera encuentran un lugar en donde satisfacer al menos su demanda nutricional, generando un círculo creciente de inseguridad, en alguna parte motivado por esa ausencia. Es hora del no va más; se acabó. Es la hora de un Río Negro decente y moral, lo que viene. Esto no puede ni debe entenderse como una defensa de aquel integrante de algunos de los gobiernos radicales que deba dar explicaciones y asumir responsabilidades penales en el caso de ser responsable de algún acto ilícito. Es hora de convocar a los mejores rionegrinos, de encontrar las coincidencias básicas para salvar nuestra provincia de un caos previsible en el corto plazo. Esos rionegrinos están y existen. Hay que tener la generosidad y amplitud para convocarlos, más allá de su pertenencia política. El desafío de la hora es tener grandeza, honradez y compromiso, y esos valores no son patrimonio de ningún partido político o sector alguno. Rionegrinos, a las cosas, podría citar aquel gran pensador de los males argentinos que fuera Ortega y Gasset. El 2015 está a la vuelta de la esquina. Para que no vuelvan los que no deban volver, para que se vayan los que deban irse, pero que llegue de una vez por todas un equipo de personas que recuperen el sentido revolucionario de la actividad política. Que vuelva a ser una actividad respetada y valorada por el conjunto de la sociedad, más allá de las diferencias sectoriales. Esperemos estar a la altura de estas circunstancias, porque sino el Río Negro que no construyamos nos lo va a demandar. Carlos Rivero, DNI 30.944.694 Cipolletti
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