Y un buen día los planetas se alinearon
Del 3 al 14 de mayo, Boca y River, el partido más convocante del fútbol vernáculo, venderá y revenderá la taquilla completa de tres superclásicos ante un multitudinario público ávido de folklore y de morbo. Al unísono se enfrentarán dos de los equipos más exquisitos que recuerde el fútbol mundial. Una constelación de estrellas se conjugará en el firmamento deportivo cuando el Barcelona y el Bayern Munich midan todo su talento por una de las semifinales de la Champions League. Ver en un cruce eliminatorio a Messi, Mascherano, Iniesta, Suárez, Neymar Jr., Rafinha, Thiago, Robben, Ribéry, Muller, Lewandowski, Alonso, Neuer, Gotze, es un espectáculo extraordinario, que ni siquiera un Mundial es capaz de ofrecer. El programa regala como bonus track, un choque nada desdeñable como el que protagonizarán Juventus contra el actual dueño de la orejona, el Real Madrid. El banquete está servido y nada puede frustrar su disfrute, por lo que aconsejo señor, tenga a bien abrir la paritaria del sillón y del televisor de modo urgente. Yo sé porque lo digo. Deberá disponer del quiebre de cintura de Messi, el olfato goleador de Muller, la prestancia de Gago y el oficio de Teo Gutiérrez, si quiere salir airoso de la negociación. No estoy hablando del trabajo, ya existen demasiados feriados instituidos en el año, sino del toma y daca con la primera dama del hogar. Si la parada viene difícil, sugiero recurrir a diferentes artilugios, a saber: 1) reunirse con compañeros y hasta jefes –en esta causa a todos nos comprenden las generales de la ley– para ver los partidos bajo el argumento de la siempre pretendida armonía laboral; 2) juntarse con un grupo de jóvenes para hacer lío siguiendo los designios del papa Francisco o 3) convocar a filósofos e intelectuales para discutir el fútbol como hecho artístico. Si ninguno de estos nobles fines funciona habrá que descender a terrenos menos elevados, ceder la tarjeta de crédito, dar el sí a futuras reuniones de mujeres y hasta galantear con aquel regalo pendiente de concreción. Los márgenes de maniobra en este terreno son amplios, más el límite de un hábil negociador, será que este sencillo gran gesto de su querida mujer, no deba ser computado a cuenta de futuras salidas de pesca. Suponemos que con esta batería de sugerencias, finalmente la patente de corso será concedida, más si ello no fuera posible y la dama pretende formar parte del convite, tenga a bien firmar ante escribano una cláusula confidencial que asegure su silencio.
Marcelo angriman