Un surf inclusivo para que todos puedan disfrutar de las olas

Un proyecto de profesores de este deporte lleva a chicos de la Escuela Laboral el Dique a las playas cercanas a Viedma.

Con nociones básicas y mucha práctica, los chicos se suben a las tablas y pueden dar los primeros pasos en una actividad que es muy lejana.

22 dic 2017 - 21:17
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La emoción les cala los huesos, aún más que el frío viento del sur que tampoco quiso perderse la inolvidable jornada. Algunos corren sin parar, otros miran preocupados las olas que rompen a varios metros de la orilla. Todos, sin excepción, viven la actividad como una experiencia única, imborrable para sus recuerdos, tras el paso por la escuela Laboral El Dique.

La idea surgió hace algunos meses por parte de Pablo Cortéz, profesor integrante de la Dirección de Educación Física del Ministerio de Educación, junto a sus compañeros de la Escuela “El Espi”, en la que llevan adelante la práctica cada vez más difundida del surf en las playas de El Espigón, a 45 kilómetros de Viedma.

“Quisimos implementar un programa similar al que la Provincia tiene en Bariloche con Esquí Escolar, pero con el surf, y acercar esta disciplina náutica a los estudiantes del este rionegrino y la zona atlántica”, contó Cortez.

Con esa intención, tomaron contacto con el equipo directivo de la Escuela Laboral El Dique, una institución a la que asisten egresados de los establecimientos de educación especial primaria y otros jóvenes de 13 y 22 años con discapacidades o dificultades para el aprendizaje.

“Inicialmente nos propusimos encuadrarlo como un proyecto amplio, con respaldo ministerial, pero no salió la aprobación, así que lo canalizamos exclusivamente como un proyecto institucional con las autoridades de El Dique”, contó Galdi Toledo, uno de los instructores de surf, que junto a Juan Cruz Andrade, Guille Vieguer, Sergio Enrique y Facundo Lini enseñan a los estudiantes las bases de este apasionante deporte.

El camino para llegar al mar fue paulatino. En una primera jornada, Galdi, Pablo y su equipo fueron a la escuela con las tablas de surf y bodyboard y mostraron con un video la esencia de la práctica. Así, los jóvenes de la institución empezaron a mirar con asombro la posibilidad de hacer equilibrio sobre las olas y deslizarse en un ambiente al que poco están acostumbrados.

“Algunos ni siquiera conocían el mar, o van esporádicamente con posibilidades limitadas de disfrutarlo”, cuentan los docentes de la escuela.

La instancia de llegar al océano tuvo un paso previo. La pileta del Instituto de Educación Física, en la que semanalmente los chicos practican natación, fue el escenario en el que por primera vez en el agua los jóvenes pudieron subir a las tablas.

Habituados a ese ambiente comenzaron a perderle el miedo a los elementos y a deslizarse suavemente por la pileta.

Las olas implicaban un nuevo desafío. Semanas después, desde el mediodía, los estudiantes, docentes y directivos se trasladaron a la villa balnearia El Cóndor y allí compartieron una choriceada como para ir relajando y perdiendo los nervios. Finalmente, poco después de las 14, llegó el ansiado momento.

La larga caravana caminó el kilómetro y medio que separa el camping de la playa central donde comenzó la previa de la incursión en el mar.

La colocación de los trajes de neopreno ya fue una experiencia en sí misma. Chicos y chicas, con sus cuerpos ajustados por ese atuendo casi desconocido, no pudieron disimular el entusiasmo.

Una breve charla para recordar conceptos, un poco de práctica en la arena y, por último, en grupos de seis, cada uno acompañado por un instructor, ingresaron al mar.

La experiencia fue inolvidable. Varios lograron el objetivo de pararse unos segundos en la tabla y obtuvieron el aplauso cerrado de maestros, instructores y de sus propios compañeros. La algarabía duró un par de horas. Y con el objetivo cumplido, el contingente volvió a la escuela para compartir sus vivencias y esperar, con ansias, que el proyecto pueda reiterarse el año próximo.

A la escuela laboral El Dique asisten egresados de los establecimientos de educación especial primaria y otros jóvenes de 13 y 22 años con discapacidades o dificultades para el aprendizaje.
Deporte y oficios,
claves de la inclusión
La Escuela Laboral El Dique se encuentra a unos 5 kilómetros del casco urbano de Viedma camino a las chacras del Idevi, por la ruta 3 “vieja”. Asisten unos 30 alumnos por turno de entre 13 y 22 años, en su mayoría egresados de las primarias especiales de Viedma. Algunos, además, van a la escuela secundaria común y complementan con los talleres.
Se dicta carpintería, huerta y granja, panificación y cocina, servicios, confecciones en tela y artesanías y souvenir. Además, practican canotaje escolar y natación en el área deportiva. Completan con apoyo pedagógico.
“Los chicos se entusiasmaron mucho con este proyecto escolar del surf, así que esperemos poder repetirlo el año que viene”, contó Mariana González, la directora del establecimiento.
“Fue hermoso, me gustó deslizarme con la tabla”
“Fue una cosa de otro mundo, no lo podía creer, voy a seguir haciéndolo durante el verano”, cuenta Rodrigo Seguel, uno de los chicos que pudo pararse en la tabla y vivir la experiencia única del surf escolar.
“Tuve un par de caídas hasta que pude pararme, es una adrenalina tremenda que corre por el cuerpo”, dijo el muchacho de 17 años que había visto la disciplina “en la tele y en la playa” pero que nunca había soñado con poder practicarla.
Su idea es poder seguir probando suerte en la escuelita de El Espi en el verano, con los días más agradables y olas más generosas para después continuar el año próximo.
Por su parte, Tatiana Ruiz, venció sus miedos y pudo ingresar al agua y poder deslizarse sobre las olas. Ahora sueña con poder seguir haciéndolo. “Fue hermoso, me gustó deslizarme con la tabla, y me gustaría seguir yendo”, afirma. “Primero sentí un poco de miedo por si era profundo pero una vez que lo superé lo disfruté muchísimo”, contó.
Ahora ya planifica con su mamá Sonia continuar practicando en el verano y espera que el proyecto se renueve el año próximo. Tatiana tiene 17 años y además hace natación y canotaje, a lo que suma el taller de costura que da la escuela.
Viedma

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