Las empresas recuperadas son de toda la comunidad



TEMAS DE DEBATE

Las gestiones obreras no son hijas de la caída del muro de Berlín ni de ningún proceso que se diera en exclusividad dentro de nuestro país. Son hijas directas de la crisis económica de los 80/90, de la del capitalismo en su etapa neoliberal, la del Consenso de Washington, esa etapa en la que se esperaba que “todo se derramara”, la riqueza, la abundancia, etc., etc. Lo único que derramó fue miseria, desocupación y quiebras de empresas. Fue la que produjo un claro subsidio hacia el capital externo más concentrado, con el consecuente despido de trabajadores industriales y de servicios que atendían al sector fabril. La Argentina presentaba menos trabajadores industriales a comienzos del siglo XXI que en la década de los 70 y su capacidad productiva era menor.

Los dueños de Zanon -como los de otras más de 200 empresas de la Argentina- escaparon al rol asignado por el propio sistema por ellos creados, el de su responsabilidad de ser “los administradores” de las palancas de los medios de producción y trabajo. Ese papel no lo cumplieron... se evadieron. Vaciaron sus empresas y dejaron a cientos o miles de obreros/familias en la calle. Éste es un país en el que se repite la paradoja del sistema capitalista: empresas que quiebran pero dueños, empresarios, que mantienen estatus y poder económico-financiero intacto. ¿El Sr. Luigi Zanon (exdueño) integrará hoy alguna lista de desocupados? ¿Cobrará algún subsidio de desempleo después del cierre de su fábrica? No olvidemos que la Justicia, en varias instancias, sentenció la desidia empresaria condenando el lock out patronal. Al momento del cierre no pagaba la luz ni el gas, estaba subsidiado con créditos del Iadep.

Así irrumpieron los trabajadores que se encontraban con la fábrica cerrada y sin cobrar varias quincenas. Esos empleados respondieron con la toma de la empresa a los efectos de recuperar la actividad, conservar los activos fijos y la fuente de trabajo. Se trató de una actividad defensiva del trabajo, incluso de la firma.

La recuperación de empresas por parte de los trabajadores constituye una clara respuesta organizativa de la clase trabajadora a la crisis del neoliberalismo, que produjo un efecto de “doble cascada”, empresa que cerraba, empresa que se recuperaba, resignificando las prácticas cooperativas y de autogestión obrera, sosteniendo las fuentes de trabajo, colectivizándose, mejorando sus condiciones laborales, salariales. Adquirieron básicamente la forma de cooperativa de trabajo que otorga a los obreros una cierta estructura donde poder funcionar en forma horizontal, respetando la equidad en la toma de decisiones. Es cierto que el resultado de las experiencias es dispar, diverso y no homogéneo; sin embargo, el porcentaje de empresas recuperadas en actividad asciende al 79%, mientras que las paradas -es decir, tomadas pero sin actividad iniciada- alcanzan el 21%.

En segundo lugar constituye un error, a nuestro entender, sostener que el proceso de gestión obrera se debe solamente a la presencia del FIT. Las gestiones obreras no sólo se deben a su participación, sino a la de otros espacios políticos partidarios -entre otros el nuestro- y principalmente a la presencia de la comunidad en su conjunto con la que, a la par misma del proceso, se han ido generando fuertes lazos de relación que, contextualiza, contienen y que en definitiva han terminado constituyéndose en el sostén social de la gestión obrera.

En tercer lugar no es correcto hablar, en Neuquén, de las gestiones obreras atribuyéndolas solamente a las “fábricas ceramistas”, hay otras experiencias de empresas recuperadas en las que los partidos políticos no tuvieron participación. Así la experiencia de la ex Empresa de Transporte El Petróleo, hoy Cooperativa de Transporte El petróleo (Cutral Co - Zapala), la Estación de Servicio exagencia de YPF Toscani, hoy Cooperativa de Trabajo Personal (Zapala), el caso del Policlínico ADOS; en fin, otras experiencias, otras respuestas.

Lo cierto, a nuestro entender, es que las gestiones obreras aparecieron en Neuquén y en el país cuando los inescrupulosos empresarios se iban y dejaban galpones llenos de telarañas con sus vidrios rotos, montañas de chatarras acumuladas y -lo peor- miles de trabajadores y sus familias en la calle. El trabajador ocupó el lugar que dejó vacío el empresario, el supuesto motor del sistema capitalista. Se crea así, a modo de ensayo quizás, una nueva realidad que genera una nueva subjetividad, que interpela al sistema, se pone de manifiesto la prescindencia del empresario-capitalista para dirigir y controlar el proceso de producción. Esto tiene un enorme valor simbólico. Y éste no es un dato menor.

...Qué placer contemplar la maravillosa obra del hombre/mujer, estar dentro de un galpón, volver a escuchar el ruido de las máquinas dentro de una fábrica, dentro de una imprenta, la gente que sube y baja de un colectivo, que estaba sin funcionar y que, gracias al esfuerzo de los trabajadores y de la comunidad, empiezan a funcionar nuevamente. Las empresas recuperadas no sólo recuperan las fuentes de trabajo, también la posibilidad de decidir conjuntamente, la solidaridad pero, por sobre todas las cosas, recuperan la dignidad.

Hernán Moreno y Eduardo Correa (*)

Presidente y secretario general del Partido Socialista. Neuquén


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