40 años después, se discute el “modelo”



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Las marchas de los estudiantes son consideradas un punto de inflexión en el escenario político.

Mauricio Weibel DPA

El golpe militar que encabezó el general Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973 marcó de forma permanente la historia de Chile, con secuelas que impactan incluso en la actual campaña presidencial y legislativa. “Nadie diría que Hitler hizo buenas carreteras”, dijo a DPA el sociólogo Manuel Guerrero. Con ello casi resumió el debate actual entre partidarios y detractores de cambiar o no el modelo político y económico heredado de la dictadura (1973-1990). El régimen, bajo el que 38.000 personas fueron torturadas, ejecutadas o desaparecidas, asentó un cuestionado modelo neoliberal que borró el ideario del depuesto presidente Salvador Allende (1971-1973), el primer marxista en llegar al poder por las urnas. La estabilidad pactada tras el retorno a la democracia y el auge del producto per cápita a 21.500 dólares por paridad de compra no logran acallar ya el malestar social, en un país donde el 1% más rico acapara un tercio de los ingresos. La mitad de los hogares sobrevive con unos 800 euros mensuales al cambio y quizá por ello tres de cada cuatro chilenos creen necesario cambiar ya el modelo político, electoral y educacional heredado de la dictadura, tras 23 años de democracia. De hecho, miles de protestas sacuden el país desde el 2011, en medio de un amplio descrédito también de la elite política, proceso reconocido por todos los sectores. Pero, en definitiva, ¿por qué la crisis política de 1973 alentada por Estados Unidos sigue vigente en Chile, donde incluso las principales candidatas presidenciales, la opositora Michelle Bachelet y la oficialista Evelyn Matthei, son hijas de generales enfrentados ese día? Probablemente porque el país jamás alcanzó un consenso social o institucional sobre el Golpe, como advirtió incluso el expresidente Ricardo Lagos (2000-2006), hoy partidario de cambiar la Constitución de Pinochet. “Éramos ellos o nosotros”, recalcó con mayor dureza Iván Moreira, diputado y candidato a senador por la Unión Demócrata Independiente, el principal partido de gobierno. De hecho, después del Golpe ese antagonismo penetró la vida cotidiana y todos los niveles de acción del Estado, donde cientos de funcionarios fueron educados en guerra interna y seguridad nacional, como evidencian documentos secretos revelados por DPA. La presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, la actual candidata a diputada Lorena Pizarro, dijo que lo vivido en la dictadura no sólo fue una transformación económica sino también una “política de exterminio” que afectó a toda la sociedad. “Recuperar la democracia fue la única posibilidad de acabar con el exterminio, de defender la vida”, sostuvo. Probablemente la larga influencia del golpe militar también está relacionada con el hecho de que Pinochet permaneció en la comandancia en jefe del Ejército hasta 1998, año en que asumió como senador vitalicio entre aplausos de las actuales filas oficialistas. Sólo la detención en Londres del general, por orden del juez español Baltasar Garzón, pudo disminuir su influencia, expresada en las masivas visitas de líderes de la derecha a su casa en sus cumpleaños, por ejemplo. Y, coincidencia o no, sólo tras la muerte de Pinochet en el 2006 los juicios de derechos humanos avanzaron, con cientos de procesados y el descubrimiento de desconocidos centros de exterminio. En ese contexto, pero mirando hacia el futuro, el exdirigente universitario y candidato a diputado por la Izquierda Autónoma Francisco Figueroa dijo que sólo el estallido social del 2011 cambió el escenario político, tras años de democracia pactada, en su opinión. De hecho, las elecciones presidenciales y legislativas de noviembre, donde la oposición de centroizquierda es favorita, parecen abrir un escenario inédito de cambio debido a la debilidad de los sectores conservadores, paradójicamente en el poder en el gobierno de Sebastián Piñera. La candidata presidencial opositora, la líder socialista Michelle Bachelet, tras frases iniciales en contra, asumió la necesidad de cambiar la Constitución, además de impulsar reformas sociales clave como otorgar educación pública gratuita y cambiar la estructura tributaria. La derecha, dividida por la lectura histórica de la dictadura, deambula en tanto entre el reconocimiento de los horrores y su defensa, sin aceptar cambios de fondo al modelo neoliberal de desarrollo aún vigente. De hecho, la candidata presidencial oficialista, la exministra Evelyn Matthei, hija del general y miembro de la Junta Militar Fernando Matthei, rechazó días atrás pedir perdón por los crímenes de la dictadura, como sí hicieron otros líderes de la derecha y recientemente los jueces y como reclamó el propio presidente Piñera de algunos otros sectores.


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