La capacidad de superación

*Marcelo Antonio Angriman
Con la entrega del Pehuén de Oro a Iñaki Basilof, como el mejor deportista del 2019, Neuquén acaba de dar un mensaje maduro.
El de aquel que corrige años de desaciertos y por fin entiende cuál es el proceder correcto. Es que con dicha premiación los organizadores del evento han suprimido la terna de deportes con discapacidad.
De modo tal que el joven nadador se convirtió en el primer deportista con discapacidad en conseguir el máximo galardón en veinte ediciones, tras quedarse con el de plata en natación.
Iñaki, que obtuvo 7 medallas en los Parapanamericanos de Lima, una de oro y 6 de plata; y la de bronce en el Mundial, se limitó a decir con simpleza: “La discapacidad no es un límite para mí, sino más bien un obstáculo”.
El paso adelante dado por Neuquén en la materia -complementado por la conformación de ternas 100% mixtas en deportes colectivos- pone en valor lo expresado pocas semanas atrás por Gustavo Fernández, primero en el ranking mundial de tenis adaptado, quien se negó a participar de los Premios Olimpia por separar a deportistas discapacitados del resto.
En una dura nota expresó que cuando años atrás ganó el Olimpia de plata en la terna paralímpica, se sintió discriminado y afectado como pocas veces en su vida.
Al confesar sus sentimientos sostuvo que: “No importará cuánto trabajemos para mejorar, para evolucionar, para crecer en cualquier aspecto de nuestro deporte, nunca vamos a pasar la barrera que se genera socialmente pura y exclusivamente por la discapacidad”; ”Un deportista reúne cualidades técnicas, físicas, mentales, competitivas, personales. Estas son fundamentales en cualquier deporte que se haga y pueden ser calificadas y juzgadas de igual forma… Creo que, si el deportista paralímpico hizo méritos deportivos suficientes y reúne las cualidades para ser considerado dentro de la elite, debería estar ternado e incluido dentro de su deporte, por más que no compita directamente contra su colega olímpico. El deportista paralímpico debe tener la posibilidad de ser considerado como igual, porque deportivamente tiene el mismo valor”.
La valiente misiva que de inmediato fuera apoyada por Guido Pella y Leonardo Mayer tiene ribetes de dignidad, pocas veces vistos -menos aún en deportistas profesionales-.
Ello por cuanto sube la vara para alcanzar una distinción, apuntando a dejar un mensaje a la sociedad, que trasciende lo estrictamente deportivo.
Es que en su artículo 2º el reglamento de los Olimpia reza que: “Para aspirar al premio, los deportistas deberán haber cumplido una actuación relevante en el deporte de su especialidad, sea dentro del país o fuera de él, en este último caso representando al deporte argentino. En el primero de los casos se podrán premiar deportistas extranjeros, dentro del año calendario en que se realice la entrega y esa actuación deberá complementarse con un comportamiento ejemplar dentro y fuera del escenario en que desempeñen su actividad”.
En ningún momento se hace un distingo entre características físicas de los atletas, sino más bien, como señala el artículo 3º, “las ternas se confeccionarán por deporte”.
En tal sentido, la observación de Fernández no solo es razonable, sino también reglamentariamente correcta.
Ello no significa que pueda ponerse en duda a quien impecablemente ganara el Olimpia de Oro 2020, Luis Scola, tras unos Panamericanos y Subcampeonato Mundial de China, excepcionales.
Es que tanto en el caso de Basilof como en el de Scola, aun con sus tan diferentes realidades, lo que debe primar no es la discapacidad, sino la capacidad. Y en ambos casos el espíritu de superación es la gran virtud a destacar.
En el caso del pivote, quien con sus 40 años y siendo el último sobreviviente de la generación dorada ha sabido irradiar su hiperprofesionalismo y competitividad a quienes lo sucederán luego de su ultima función, en Japón 2020.
Por aquellas tierras niponas también estará un muchacho del valle de Río Negro y Neuquén que todos los días pasa largas horas en el agua, tratando de ser mejor.
Confieso que alguna vez lo he observado entrenar y que el día que ganó la medalla de oro en Lima lo vi por esos caprichos del zapping.
Su triunfo me arrancó una sonrisa y la firme expresión en voz alta de: “Bien, pibe”, sin grandilocuencias.
Como si su capacidad hubiese hecho inútil cualquier otro tipo de análisis.
*Abogado, profesor nacional de Educación Física, docente universitario. angrimanmarcelo@gmail.com

*Marcelo Antonio Angriman
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