El día que Luis Sapag conoció a los arrieros del norte neuquino: «No se parecía a la vida, era la vida»
Ingeniero, político y escritor, hijo de don Felipe, contó esa inolvidable experiencia con los crianceros trashumantes que vivió junto a su padre en el libro "Los veranadores del Alto Neuquén", que el historiador Isidro Belver acaba de subir a Neuteca.
Desde Huinganco, el historiador Isidro Belver subió a Neuteca el valioso libro de Luis Felipe Sapag, «Los veranadores del Alto Neuquén, historia social y desafíos en la modernidad», un gran trabajo que publicara en 2011 (Educo, Editorial Universitaria, Universidad Nacional del Comahue).
Como describe Isidro, el libro rastrea el origen mismo del Neuquén, desde los ancestrales antecedentes pehuenches cordilleranos, las porfiadas fuerzas españolas realistas, pincheiranas, asentadas en el Barbarco y el único punto colonizador organizado como tal que mantuvo Chile en Neuquén, la Colonia Malbarco. Alcanzó a conocer y admirar ese impensado mundo de extraños sobrevivientes perdidos en el tiempo desde sus andanzas por los 60 en el Alto Neuquén: los crianceros detrás de su piño rumbo a las míticas veranadas.

Isidro publicó en las redes el extracto del día en que Luis Felipe Sapag (1947 – 2019), recordado ingeniero, político y escritor, hijo del cinco veces gobernador de la provincia Felipe Sapag, conoció a los arrieros del norte neuquino en un viaje con su padre.
«Los veía a la vera del camino. Conservo la vívida imagen de un paisano joven, caminando lentamente, tirando por las riendas a su caballo. Me llamaron la atención los colores del conjunto hombre-animal. Las ropas, desde el sombrero, pasando por la campera, las bombachas y las alpargatas, eran (o me parecieron) negras o grises. El caballo también era oscuro. Las tonalidades opacas me representaron cierta tristeza: sugerían abatimiento y atraso».
«Mi padre bajó la velocidad para no molestarlo con la tierra que levantaba el vehículo; de tal manera pude contemplarlo. Al pasar a su lado, nuestras miradas se cruzaron por un instante. Lo que percibí me impacto, el recuerdo de sus ojos vivaces y lo que trasmitieron en ese relámpago de relación humana me acompañan hasta hoy. No eran los rasgos de un hombre signado por la desesperanza, de alguien aplastado por la pobreza, la ignorancia y la mala salud. Por el contrario, la cara sonrojada por el frío enmarcaba una mirada amable y segura«.

«El paisano nos sonrió y nos saludó. Ahora entiendo que su actitud era la de una persona con autoestima, que caminaba desde y hacia lugares que dominaba y que vivía una vida con la que estaba conforme. Pero entonces mi desconcierto fue grande. Llené de preguntas a mi padre, la mayoría de las cuales quedaron sin respuestas. Algunas eran obvias: ¿de dónde son?, ¿qué hacen?, ¿por qué viven así?, ¿por qué no dejan el caballo y usan camionetas?, ¿saben leer? Otros de mis interrogantes hoy me parecen ridículos: ¿Fueron alguna vez el cine?, ¿qué música les gusta?, ¿conocen el rock y el twist?»

«Dejé de hacer cuestionarios y observación participante clásica para devenir en participante con capacidad de observar el campo desde el campo. Estuve en las señaladas, me emocioné con las cantoras y fui feliz registrando, discutiendo e interpretando. El campo-campo, a la vez material (construido por los veranadores) y conceptual (construido mediante el esquema teórico-reflexivo), no se parecía a la vida. Era la vida».
La historia detrás de la foto de la tapa del libro
Así lo cuenta Isidro Belver: «La foto de la tapa (real, de un criancero en Matancilla), reinterpreta una contada que le hice a Luis, de una visión en plena tarde calurosa de febrero, de una negra figura enancada sobre negro y flaco rocinante al paso, con un paraguas por reparo de la canícula. Sólo le faltaba una lanza en ristre y de fondo los molinos de viento. Paré el auto -sin cámara de fotos- sólo para contemplarlo embobado y fijarlo con emoción en mi ser, mientras se perdía tras una lomada de Ahilinco.

Así lo narró Luis Sapag en el libro: «Deleodoro «El Zorro» Sepúlveda es un personaje antológico de Ailinco, veranador y bolichero sobre el que se cuentan hazañas de bravas peleas y frecuentes amores, padre de Juan y Cecilia, entrevistados durante el trabajo de campo. Cuando Isidro Belver, español de nacimiento, en 1975 lo vio venir a caballo, vestido de negro sobre una silla de montar de mujer (de costado) y con un parasol negro, se asombró. «Me pareció estar en una campiña de La Mancha», comentó.
Desde Huinganco, el historiador Isidro Belver subió a Neuteca el valioso libro de Luis Felipe Sapag, "Los veranadores del Alto Neuquén, historia social y desafíos en la modernidad", un gran trabajo que publicara en 2011 (Educo, Editorial Universitaria, Universidad Nacional del Comahue).
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