Esmeralda Salomé Lastra y su padre, don Julián Lastra

Esmeralda, Beba, maestra del Neuquén del siglo XX, forma parte de la cofradía de educadoras que poblaron estas tierras de la Norpatagonia arribadas a la región conformando lo que llamo “oleadas pedagógicas”, eran estudiantes todas de las Escuelas Normales Nacionales que impartieron sus saberes en estas tierras. En el legajo, que se encuentra resguardado por el Archivo Histórico del CPE, se da cuenta de su desempeño como docente en la Escuela N° 2 sita en Avenida Argentina esquina Carlos H. Rodríguez (emblemático edificio de una escuela pionera de la capital, que hoy ya no existe).
En la foto que acompaña el escrito observamos algunas de las maestras que prestaban servicio en la mencionada institución compañeras de nuestra homenajeada: Paradas: de izq. A derecha. Sra. de Tamburini. Sra. de González. Vasquita Arabarco. Beba Lastra. Sra. de Borgarello. Sra. Albornoz de Sola; Dina Conti. Sra. de Felice. Sra. Yola Soler de Castro. Sra. de Ferreyra. Sra. Teresita Casado de Moreno. Sra. de Darriba. Sentadas: Sra. de Puertas. Sra. Carmen Gelonch de Martín. Sra. Quita de Brun. Sra. de Medina. Sra. Milenna Dallatorre de Mezzelani, y otros nombres que no pudimos reconocer con los descendientes de esas educadoras.
Beba cambió de funciones en 1985, en la Biblioteca Juan Bautista Alberdi, cuando aún se encontraba en su edificio histórico de Alberdi y Avenida Argentina. Pero hablar de Beba sin mencionar a su padre no es posible. El gran Dr. Juan Julián Lastra, santafesino por nacimiento, neuquino y patagónico por adopción. Cursó sus estudios de abogacía y su tesis doctoral en la ciudad de Rosario. Ejerció la tarea de ser Juez letrado en la capital neuquina en la década del ’30. De su matrimonio con Francisca Ballesteros –conocida como doña Paquita- nacieron dos hijos, Juan Julián, Coco, y Esmeralda Salomé, Beba. Fue escritor, poeta, y publicó libros; entabló amistad con Alfonsina Storni y otras personalidades de la época. Tuvo activa vida social; en el Acta de inauguración del Puente caminero que une las ciudades de Neuquén y de Cipolletti estuvo presente. Del mismo modo, fue presidente del Rotary Club.
Nuestro Profesor de la Universidad, el Dr. Gregorio Álvarez, en su extensa obra “Neuquén historia, geografía, toponimia”, escribió sobre el Juez: “Enfermo su físico, mantenía sano el espíritu y luminoso el intelecto. En reuniones lugareñas, de grato esparcimiento espiritual, a las que no les permitiera concurrir su estado de salud, siempre llegaba su amistoso mensaje, trasunto de exquisita sensibilidad. Elevado respeto admirativo reinaba por él. Cuando conocí su vida y le seguí en su obra, comprendí cuán grande privilegio era el del Neuquén contarlo entre los suyos y conservar hoy, en las entrañas de la propia tierra, sus despojos mortales.
Era un auténtico poeta y, como tal, de señalada espontaneidad. Puro de alma, lo transmitía a los vientos en todas sus acciones”. También consignó, don Gregorio, refiriéndose a Lastra: “Poeta soñador y profundo de la ciudad de Neuquén, fue el Dr. Juan Julián Lastra. También la poesía de alto vuelo lírico y alto fuste filosófico halló en él un cultor de calidad ferviente y exquisito. Intenso pensador, además, sus producciones, expresadas en alto estilo neoclasicista, honraron al Neuquén, en donde quedaron como la estela de su personalidad.
Dictó conferencias de Ateneo, en la Biblioteca Alberdi, que prestigió durante su presidencia, estimuló el desarrollo cultural de la juventud que se sentía acicateada con su ejemplo. Su colección de poesías publicadas en diarios y revistas de la capital neuquina y sus “Poemas Innominados” lo consagran como uno de los valores más ponderables que haya conocido el Neuquén”.
Sus restos se encuentran en el Cementerio Central de Neuquén, cuyo Nicho fue declarado Monumento Histórico Municipal –Ordenanza 9926/2004-Nicho común n° 290, datos suministrados por el Archivo Histórico Municipal. Mucho se ha escrito sobre él, y mucho se seguirá escribiendo. Los neuquinos del siglo XX solíamos ver a su esposa, “doña Paquita” y su hija Beba, y algunos de sus nietos, transitando por las calles neuquinas. Desde aquí este humilde homenaje a una familia que supo sembrar prolíficamente estas tierras.

Esmeralda, Beba, maestra del Neuquén del siglo XX, forma parte de la cofradía de educadoras que poblaron estas tierras de la Norpatagonia arribadas a la región conformando lo que llamo “oleadas pedagógicas”, eran estudiantes todas de las Escuelas Normales Nacionales que impartieron sus saberes en estas tierras. En el legajo, que se encuentra resguardado por el Archivo Histórico del CPE, se da cuenta de su desempeño como docente en la Escuela N° 2 sita en Avenida Argentina esquina Carlos H. Rodríguez (emblemático edificio de una escuela pionera de la capital, que hoy ya no existe).
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