Resistente como el acero, elástica como la goma: descubren en una telaraña la fórmula perfecta
Un equipo internacional, con participación clave de un científico argentino del Conicet, desentrañó la arquitectura oculta de una telaraña australiana. Sus hilos, elásticos y resistentes a la vez, prometen revolucionar la ingeniería de materiales.
La noche australiana esconde ojos enormes que brillan en la oscuridad. Pertenecen a una criatura que no espera pasiva en una esquina. Esta araña es distinta. Sostiene su red entre las patas delanteras, tensa y lista. De pronto, una vibración, un aleteo imperceptible. En una fracción de segundo, la Asianopis subrufa se abalanza, estira su malla pegajosa y envuelve a la presa antes de que esta comprenda su destino. Durante años, investigadores observaron esta danza letal. Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista PNAS de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, reveló por primera vez los secretos microscópicos de esta telaraña excepcional.
La investigación, que involucró a cinco grupos de trabajo de Alemania, Australia y Argentina, contó con la participación fundamental de Martín Ramírez, investigador del CONICET en el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”.
El hallazgo central radica en la dualidad de los materiales. La naturaleza suele obligar a elegir: o algo es muy elástico o es muy resistente. Rara vez ambas cosas conviven en armonía. Sin embargo, la “araña lanzadora de tela” desafía esta lógica. Sus hilos poseen una arquitectura interna que les permite estirarse enormemente sin perder fuerza, una característica codiciada por ingenieros y diseñadores de materiales en todo el mundo.

Una ingeniería natural sin precedentes: los secretos de la araña lanzadora
La araña Asianopis subrufa, con sus 25 milímetros de cuerpo y sus largas patas, ha entregado una lección de física aplicada que al ser humano le tardó siglos en descifrar. Su red no es solo una trampa mortal para insectos; es un plano maestro de ingeniería flexible que ahora, gracias a la ciencia, se comienza a comprender.
La clave reside en la composición de los radios de la tela. Según difundió el Conicet, Ramírez y sus colegas lograron describir su estructura a un nivel de detalle inédito. Descubrieron un sistema compuesto: un núcleo de dos fibras gruesas y viscoelásticas recubierto por una funda de fibras plegadas, más delgadas y rígidas.
“La novedad de nuestro estudio es que logramos comprender la función y estructura de los hilos que soportan la telaraña pegajosa”, explicó Martín Ramírez. Y detalla el mecanismo: “Estos radios son inicialmente muy elásticos y se vuelven más resistentes a medida que se estiran. Esto se logra por la estructura compuesta de las hebras que aumentan la resistencia del hilo a medida que se estira la estructura”.
Lo fascinante no termina en el material, sino en la técnica de fabricación. La araña manipula activamente las propiedades de su propia creación. Mediante movimientos de estiramiento y relajación con sus patas posteriores, controla la elasticidad final del hilo. “Cuantos más ciclos aplicados, más bucles se acumulan en la funda y más elástico es el hilo producido”, señaló el especialista. Además, esta elasticidad es reversible: la tela recupera su forma original tras el impacto.

Del laboratorio a la industria
El impacto de este descubrimiento trasciende la biología. La biomimética, disciplina que busca soluciones humanas inspiradas en la naturaleza, encuentra aquí un modelo ideal. Los ligamentos artificiales, paracaídas de nueva generación, suturas quirúrgicas avanzadas o materiales de construcción sismorresistentes podrían beneficiarse de este diseño biológico.
La propuesta de los científicos implica replicar este efecto en materiales sintéticos. La idea consiste en fijar micro o nanofibras rígidas a elastómeros estirados. Al relajarse la base elástica, se formarían bucles similares a los de la araña, creando un material compuesto de altas prestaciones. “Este enfoque abre perspectivas prometedoras para el diseño de materiales”, aseguró Ramírez.
Una foto premiada y una cazadora singular
La investigación no solo arrojó datos duros y gráficos de tensión; también produjo belleza visual. Una imagen microscópica tomada por Martín Ramírez, titulada “Hilos de araña hipnotizantes”, ganó en diciembre pasado la Competencia de Fotografía 2025 de la Royal Society del Reino Unido, una de las instituciones científicas más antiguas y respetadas del mundo.
La fotografía, obtenida con un microscopio electrónico de barrido, muestra un acercamiento extremo (0,05 milímetros) de la seda. “Sentí que era una imagen hermosa, poderosa, hipnotizante, y a la vez llena de sentido biológico y físico”, relata Ramírez sobre el momento de la captura.

El sujeto de estudio, la Asianopis subrufa, es una araña fascinante. Pertenece a la familia Deinopidae y habita en Australia y Nueva Zelanda. Sus enormes ojos le otorgan una visión nocturna excepcional, crucial para sus dos estrategias de caza: el ataque frontal visual y el ataque trasero, guiado por vibraciones.
“Las maniobras de caza de estas arañas requieren gran elasticidad, maniobrabilidad y resistencia”, explica el investigador del CONICET. Su dieta incluye hormigas, escarabajos e incluso otras arañas. A pesar de su aspecto intimidante y su letalidad con los insectos, es inofensiva para los seres humanos. Su legado, sin embargo, podría ser vital para nuestra tecnología futura.
La noche australiana esconde ojos enormes que brillan en la oscuridad. Pertenecen a una criatura que no espera pasiva en una esquina. Esta araña es distinta. Sostiene su red entre las patas delanteras, tensa y lista. De pronto, una vibración, un aleteo imperceptible. En una fracción de segundo, la Asianopis subrufa se abalanza, estira su malla pegajosa y envuelve a la presa antes de que esta comprenda su destino. Durante años, investigadores observaron esta danza letal. Un estudio reciente, publicado en la prestigiosa revista PNAS de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, reveló por primera vez los secretos microscópicos de esta telaraña excepcional.
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