Más que una carrera, una familia: el campamento de los 50 amigos que se reúnen en el TC de Neuquén
El Autódromo de Centenario se convirtió en el punto de encuentro anual para medio centenar de amigos llegados desde Rosario, Buenos Aires, Neuquén, Catriló, Rincón de los Sauces y Añelo. "Esto es amistad", remarcó Julio.
Para entender la verdadera esencia del Turismo Carretera (TC) no basta con mirar la pista. Hay que recorrer el perímetro, caminar por el acampe. Las manos bien agarradas al alambrado, la gente sobre los techos de las camionetas, las banderas forman parte del paisaje. Y entre el humo de los asados, un grupo multitudinario se lleva las miradas en el Autódromo de Centenario: unas 50 personas se reúnen todos los años para ver la carrera en Neuquén.
Llegaron desde Rosario, Buenos Aires, Neuquén, Catriló, Rincón de los Sauces y Añelo. «Algunos somos amigos de siempre y a otros los conocimos acá. Generalmente nos juntamos siempre en este lugar», contó Julio Moreno. Lo señalaron como uno de los representantes del grupo que se instaló cerca de la pista para pasar el fin de semana.
En el campamento conviven hinchas de Chevrolet, Torino, Ford y «hasta de Fiat 600». Para ellos, la rivalidad termina donde empieza la parrilla. «Esto no es como el fútbol. Esto es amistad, comer asado, hablar de todo: de política, de fútbol, siempre con buen diálogo», remarcó Julio. Comentó que, pese a que «la cosa está difícil», la tradicional «vaquita» nunca falla para asegurar el asado y la entrada.

Una pasión que se hereda: historias en el TC de Neuquén
Pero para Julio, este domingo tiene un sabor distinto. Mientras prepara el fuego, confesó: «Hoy es un día especial porque sería el cumpleaños de mi viejo. Estamos de festejo por él, allá arriba. Era fanático de Chevrolet y fue quien me inculcó el amor por el TC».
«Los más grandes del grupo», Pepe y Gabriel, también tienen su tradición familia. Son hermanos y comparten la pasión por el Turismo Carretera. En el camino fueron encontrando otros amigos como Julio y el resto del equipo.
«Venimos al TC de toda la vida. Seguíamos a los Emiliozzi, a los Manzano, a los Gálvez, imaginate desde cuándo», relató Gabriel, quien además supo ser piloto en el Gran Turismo de la Comarca entre 1997 y el año 2000.
Los hermanos celebraron asistir una vez más al TC junto a su multitudinario grupo de amigos. «Acá se viene a compartir en familia», enfatizó Gabriel, aunque reprochó: «Tenemos solamente una cosa para reclamar. Aquí en Neuquén les están cobrando la entrada a los jubilados y en ningún otro lado se cobra».
Para Julio, Pepe, Gabriel y sus amigos, el Turismo Carretera es mucho más que una carrera. Es el epicentro de una tradición que año tras año celebra la amistad, la herencia de una pasión y el encuentro, siempre al costado de la pista.

Para entender la verdadera esencia del Turismo Carretera (TC) no basta con mirar la pista. Hay que recorrer el perímetro, caminar por el acampe. Las manos bien agarradas al alambrado, la gente sobre los techos de las camionetas, las banderas forman parte del paisaje. Y entre el humo de los asados, un grupo multitudinario se lleva las miradas en el Autódromo de Centenario: unas 50 personas se reúnen todos los años para ver la carrera en Neuquén.
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