Cuba: de regreso al golf

Redacción

Por Redacción

Emilio J. Cárdenas (*)

En 1962, luego de la llamada “crisis de los misiles” que enfrentó a los Estados Unidos con la entonces Unión Soviética y que culminó con el retiro de los misiles soviéticos de la isla, a cambio de la promesa del presidente J. F. Kennedy de no participar en ningún proyecto de invasión de Cuba, Fidel Castro y el “Che” Guevara se fotografiaron jugando aparentemente en una cancha de golf, aunque de riguroso uniforme de fajina, verde oliva. Según algunos, esa foto era una suerte de curiosa señal de un posible acercamiento que ambos intentaron enviar a los norteamericanos, que la historia confirma no tuvo resultado alguno. Paso a paso, los comunistas cubanos –presos de resentimiento– se apoderaron de los clubes privados de golf que había en la isla y los cerraron. Adiós al golf, entonces. Algunos sostienen que lo habrían hecho para eliminar lo que aparece como un “símbolo” de la clase capitalista, de los “ricos” entonces, contra los que se alimentaban –y se siguen alimentando–, toda una suerte de fáciles rencores. Otros, quizás algo más realistas, sugieren en cambio que la verdad es que se confiscaron las instalaciones de esos clubes para alojar inmediatamente en ellas a los mandos militares cubanos, como forma de conferirles un privilegio más. De los muchos que ellos tienen en los regímenes autoritarios con los que se trata de “asegurar” su lealtad al régimen respectivo. Lo cierto es que, de clubes de golf, pasaron automáticamente a una categoría muy diferente: la de las bases militares. En los últimos años, la única cancha de golf de Cuba era la de Varadero, en la que los turistas podían jugar y en la que se organizaban hasta torneos internacionales. No había otras. Los cubanos comunes no eran –como siempre les ocurre– siquiera posibles jugadores. Estaban fuera de las posibilidades de pisarlas, a menos de hacerlo como “caddies” o empleados a cargo del mantenimiento, operación u organización de la cancha. De no creer, pero así es el “paraíso” comunista. Visitantes de primera y ciudadanos de segunda, entonces. No sólo en Cuba. Después de haber reconocido públicamente el fracaso del sistema económico colectivista que sumió a su pueblo en la miseria, Cuba “cambió” oficialmente de rumbo de la mano de Raúl Castro y procura abrirse a las inversiones externas. Con disimulo y sin entusiasmo. En esta línea, una empresa canadiense acaba recientemente de confirmar que invertirá en Cuba 410 millones de dólares en un proyecto inmobiliario con cancha de golf, en Guardalavaca, en la costa norte de la isla. Las casas y departamentos se construirán sobre la costa y se venderán a extranjeros, que ahora podrán ser propietarios en la isla. Se anuncian valores del orden de los 600.000 dólares promedio por casa o departamento, nivel de precios que excluye totalmente a los cubanos de cualquier posibilidad de ser propietarios. Nada sorpresivo. (*) Ex embajador de la República Argentina ante la ONU


Emilio J. Cárdenas (*)

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