La historia del Parque Lanín a través de una pobladora, Graciela: «Lo que nieva ahora no es nada»

Nació en Huechulafquen, y llegó a Hua Hum con solo días de vida en un catango tirado por bueyes. Hoy hace videollamadas por internet satelital desde el bosque. En el 89° aniversario del parque más grande de Neuquén, Graciela Hernández relata cómo cambió la vida en Chachín y por qué el invierno ya no es el de antes.

Por Elena Egea

El Parque Nacional Lanín celebra un nuevo aniversario. En sus 89 años ha visto los efectos del cambio climático, los incendios forestales, el avance de especies invasoras y la desaparición de animales autóctonos como el huemul. Pero también ha visto crecer a familias pobladoras que eligen aquellos paisajes imponentes para vivir. Graciela Hernández aprendió a caminar en esas tierras, en Hua Hum, a espaldas del volcán Lanín. Contó que, antes, “el campo era duro”, sobre todo en invierno. “Nevaba mucho en esos años, para nosotros lo que nieva ahora no es nada”, graficó.


Graciela nació en 1966 en la zona de Huechulafquen y Paimún. Era solo una bebé cuando emprendió un viaje de 13 días “en catango tirado por bueyes” hacia Hua Hum, junto a sus padres y sus hermanos. “Yo recorrí todo el Parque Lanín con días de vida nomás”, comentó. Se instalaron cerca del cerro Acol, cerca del lago Lácar y el lago Nonthué.

Los recuerdos de niña con la nieve hasta las rodillas en Hua Hum



Su padre era maderero y, a medida que iban creciendo, todos los hermanos (llegaron a ser 13 en total) se sumaban a trabajar con él. “Como éramos más mujeres que hombres, mi papá nos sacaba a trabajar a nosotras también. Él cortaba los trozos y después había que bajarlos con los bueyes. Salíamos a las cuatro o cinco de la mañana. El campo era duro”, recordó. En verano aprovechaban cada hora de luz, en invierno la rutina cambiaba.


La nieve les llegaba hasta las rodillas y convertía los alrededores “en una cancha de patinaje”. Por eso, antes de que todo se cubriera de blanco, reunían provisiones, comida y pilas de leña para refugiarse dentro del hogar. Su mamá era chilena y preparaba platos típicos como pancutra y grandes ollas de porotos. “Comidas bien fuertes, bien calentitas”, rememoró. El fuego de la cocina y la familia hacían más llevadero el invierno.


Graciela cursó hasta segundo o tercer grado en el colegio de Chachín y luego en el paraje Pucará. Comentó que luego los establecimientos cerraron y no pudo continuar. “Lo poco y nada que aprendí en la escuela lo completé sola, agarrando un libro”, señaló. Le gustaba leer, en el día, en el medio del verde del bosque y, a la noche, a la luz de la lámpara de queroseno.


En la adolescencia se mudó a San Martín de los Andes. Trabajó, formó pareja y tuvo cuatro hijos. “A mí me hubiera gustado criarlos en Chachín, pero ya no había escuela”, remarcó. Para que ellos estudiaran, se quedó en la ciudad. Allí sus hijos estudiaron y construyeron su vida, aunque el campo era su adorado refugio de vacaciones.

De los bueyes al internet satelital: los cambios dentro del Parque Lanín



En 2016, cuando su madre enfermó, decidió volver a Chachín. Ya separada y con los hijos más grandes, aceptó trabajar cuidando a una vecina mayor. Poco después, su mamá murió y se quedó junto a su padre. “Pero mi papá el año pasado, en octubre, falleció a los 96 años”, contó. Hoy Graciela vive en la antigua casa familiar con uno de sus hermanos, a pasos del lago Nonthué y de la cascada de Chachín.


A sus 59 años, su rutina combina oficios viejos y herramientas nuevas. En invierno corta leña, atiende a las gallinas y las ovejas, enciende la cocina y el hogar a leña. En verano sale a buscar rosa mosqueta, sauco, zarzamora y membrillo. “Hago todos los dulces y los vendo, porque no tengo sueldo, es mi entrada”, señaló. También teje medias de lana de oveja con agujas.


Ahora ya no se ilumina con las lámparas de queroseno, la luz llega por paneles solares. Desde hace poco, además, cuenta con internet satelital y hace videollamadas con sus hijas para mantenerse comunicada.

Pese a que el cambio climático ha modificado algunas de las zonas del Parque Nacional Lanín, Graciela aseguró que ella lo ve tan hermoso y verde como siempre, aunque indicó que nieva cada vez menos. La coordinadora del proyecto Huemul e ingeniera agrónoma del Departamento de Conservación y Manejo, María Rosa Contreras, comentó que Hernández vive en uno de los sectores más valiosos. “La zona de Hua Hum y Queñi es de las más lluviosas del parque, con bosque húmedo y especies valdivianas como el tineo y el laurel”, explicó.


Cuando Graciela era chica, muchas otras familias vivían allí de la industria maderera, pero luego se restringió la actividad con las medidas de conservación que impulsaba el Parque Lanín. Actualmente, en la zona de Chachín, viven ocho familias, según señaló Contreras. “Antes se veía a la gente como un problema y se la sacaba de las áreas protegidas”, admitió la ingeniera. Hoy los pobladores forman parte de los proyectos de conservación y de iniciativas turísticas de bajo impacto.


Los Hernández son oriundos de Chile, pero se asentaron en aquellas tierras neuquinas hace muchos años. Así, Graciela fue reconocida como pobladora del Parque Nacional Lanín y hoy siente que ese rincón de Chachín es su lugar en el mundo. Sueña con envejecer allí, como lo hicieron sus padres. “Me gustaría vivir hasta los últimos días en el campo, como mi papá hasta los 96 años o más, hasta los 100”, comentó entre risas.

Las características del Parque Nacional Lanín


Por su extensión y complejidad, la Administración de Parques Nacionales lo organiza en tres grandes zonas de gestión, articuladas con los municipios vecinos. La zona norte limita con la ciudad de Aluminé y alberga extensos bosques de pehuén, uno de los emblemas del Lanín y de la provincia. En esta área se ubican parajes como Ñorquinco y Tromen.


La zona centro tiene como ciudad de referencia a Junín de los Andes. Allí se levanta la silueta del volcán Lanín, que da nombre al parque. Es un área con fuerte presencia de turismo de montaña, estepas de altura, lagos y campos de veranada.


La zona sur linda con San Martín de los Andes. Ahí se encuentran los sectores más lluviosos del parque: Hua Hum, Chachín, Pucará y Queñi, entre otros parajes. Rodea lagos como el Lácar y el Nonthué. En esta zona se desarrolla el proyecto de recuperación de hábitat para el huemul, en articulación con Chile.


El Parque Nacional Lanín celebra un nuevo aniversario. En sus 89 años ha visto los efectos del cambio climático, los incendios forestales, el avance de especies invasoras y la desaparición de animales autóctonos como el huemul. Pero también ha visto crecer a familias pobladoras que eligen aquellos paisajes imponentes para vivir. Graciela Hernández aprendió a caminar en esas tierras, en Hua Hum, a espaldas del volcán Lanín. Contó que, antes, “el campo era duro”, sobre todo en invierno. “Nevaba mucho en esos años, para nosotros lo que nieva ahora no es nada”, graficó.

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