El escritor de Villa la Angostura, Diego Rodríguez Reis, ganó un importante premio internacional por su libro La Dimensión Conocida

El escritor radicado en Villa la Angostura ganó el VI Premio de Poesía Fundación Antonio Rodenas García Nieto 2026, de España, por su libro de poemas La Dimensión Conocida. El galardón incluye un premio monetario de seis mil euros.

Por Juan Mocciaro

Diego Rodríguez Reis, escritor, profesor en Lengua y Literatura, especialista en Ciencias Sociales con Mención en Lectura, Escritura y Educación, creyó soñar que lo llamaban por teléfono para anunciarle que un libro de poemas suyo había ganado un premio de seis mil euros. Pero no. El teléfono sonaba de verdad mientras Diego Rodríguez Reis dormía. Eran las siete de la mañana en Villa la Angostura.


Cinco horas más allá, en Madrid, alguien quería avisarle que su libro La dimensión conocida había obtenido el primer puesto en el VI Premio de Poesía Fundación Antonio Rodenas García Nieto 2026. Que su obra, por ser l ganadora, va a ser publicada por la editorial Pre-Textos, quien se encargará de su distribución y comercialización. Y que él, Diego Rodríguez Reis, recibirá además la asignación económica del premio de seis mil euros.


Dos veces sonó el celu y dos veces lo apagó creyendo que se trataba del despertador. Recién al tercer llamado atendió y se enteró de la novedad. “Cosas del azar”, pensó. Y ya no pudo volver a dormirse.

La música del azar

“Lo primero que yo veo es el concurso del azar”, dice Diego Rodríguez Reis en un momento de la entrevista con Diario RÍO NEGRO desde su casa de Villa la Angostura, videollamada mediante. “Y eso me da felicidad, que haya una porción del azar que me haya elegido. Y la otra felicidad es que haya un jurado que lo haya seleccionado”.


¿De qué habla el autor cuando habla de azar? De que su obra haya sido elegida de entre dos mil obras porque allí, en un punto, la calidad de la literatura es relativa. O, en todo caso, no siempre suficiente. “Lo primero que pienso es que me siento afortunado y lo que veo es el concurso feliz del azar. Y yo en absoluto pienso que mi obra es la mejor de los dos mil que participaron. Lo primero que yo descarto es eso. Ahora, eso no quiere decir que yo no sienta que mi obra no tiene validez porque escribo hace mucho tiempo. Trabajo hace mucho tiempo y pienso mucho lo que escribo y le pongo pasión y laburo y discusión con pares. Entonces yo, después de 30 años de esta labor, me presento a un concurso porque siento que lo que hago tiene su valor simbólico. Ahora, para nada pienso que es el mejor. Entonces, como descarto en principio eso, sí puedo creer que la mitad de los laburos podrían ser premiados”.

“Tengo una costumbre y es que no escribo cosas sueltas, yo escribo libros. Entonces, cuando terminó un cuento o un poema digo va con éstos otros”

P: ¿Qué sentís que pasa con este texto al tener este reconocimiento?
R:
No hubo una búsqueda del brillo del poema, del verso brillante. A lo mejor mi libro anterior, de poemas, se llamaba After Ego, yo estaba jugando mucho pensando en el lenguaje, juegos de palabras, niveles de intertextualidad, y estaba muy parado en eso. Y mi anterior libro también.
Y a lo mejor estos poemas siento que… Y quizás por eso es el juego de palabras de la dimensión conocida, pensando en la dimensión desconocida, y todo el libro trata de esto, como tu casa, el patio, la familia, como dimensiones conocidas que si te corres un poquito, se alienan, se falsean. Podemos decir que son poemas que no tienen un argumento narrativo. Yo venía muy de la cosa narrativa, y me doy cuenta ahora, no es que lo pensé todo esto, ahí también hay una cuenta. Siento que los poemas son más líricos, más expresivos, podría decir. Y siento que eso fue tal vez lo que enganchó.

Diego Rodríguez Reis, escritor radicado en Villa la Angostura.

P: ¿Cuál es la historia de estos poemas, qué quisiste contar?
R:
Creo que son poemas muy de mi casa. La mayoría de estos poemas son muy de mi casa. Son de los últimos, quizás la última parte de la pandemia. Quizá podríamos pensar, podría yo pensar, no me acuerdo mucho, pero sé que cuando estaba armando los libros, éstos eran como los lados B del otro. Tengo el poema Estridente, que sería otro libro, y tengo este otro poema, que sería el lado B, que está diciendo lo mismo, más amablemente, más líricamente.


Sobre todo creo que nos pasó a la mayoría que cuando estábamos en esa etapa, estamos como redescubriendo lugares de tu propia casa. De repente te ibas a escribir al patio, a un rincón donde nunca te habías sentado, o en el mismo estudio cambiás todo el lugar y lo ves distinto.


Por eso es como la dimensión conocida y también estar mucho tiempo con tu familia, tratando de inventar cosas para que cada día, sobre todo con los pibes chicos, tratar de que cada día sea distinto, llevar esa situación encima. Y creo que todos esos poemas están mirando para ese lado.

P: ¿Son textos pandémicos o no necesariamente?
R:
No, no sé si pandémicos, pero sí que el inicio de la idea estuvo ahí. Y después pasa eso, que a veces las cosas que escribiste sobre eso en el momento, después las mirás y eran pésimos, eran como leer un diario. La idea estaba buena, lo que está mal es la ejecución. Entonces que tenés que tirar todo y volver a pensarlo, y ya cuando lo volvés a pensar, ya no estás en pandemia.

P: Técnicamente, ¿ de qué están hechos estos poemas?
R:
Yo empecé a escribir poesía cuando tenía 8 o 9 años yo escribía poesía con rima, con métrica y además pensando mucho en figuras retóricas y toda mi primera etapa de haber escrito fue el estudio sistemático de figuras retóricas y de tipos de rimas consonante, consonante y escribí en esos términos.
Después de hablar con otros poetas, de leer mucho fui un poco cambiando eso. En mis últimos ya no tiene puntuación por ejemplo. Trabajo con los espacios, me gusta jugar con el sentido de un verso sobre otro por la proximidad y no pensar en algo que empieza y termina, y muchas palabras son de orden connotativo.


Y por otro lado yo antes pensaba que todos los versos tenían que brillar, en todos tenía que haber algo que llamara la atención y con los años me fui alejando de eso. Y hoy ya no sé si sigo buscando ese brillo, sino más bien los climas a lo largo del poema que no está puntuado y no tiene algo estricto del orden sintáctico.


El libro tiene mucho de eso con distintos escenarios, subtópicos que salen de ahí, la familia, el bosque , la plaza, la propia casa. Estos poemas no tienen la búsqueda de esa cosa estridente. No es que yo esté en contra de eso porque me gusta cuando un poema pego. Pero no sé si en este momento yo estoy para pegar o para pensar en esos términos (risas). Hoy me salen otras cosas.


Diego Rodríguez Reis, escritor, profesor en Lengua y Literatura, especialista en Ciencias Sociales con Mención en Lectura, Escritura y Educación, creyó soñar que lo llamaban por teléfono para anunciarle que un libro de poemas suyo había ganado un premio de seis mil euros. Pero no. El teléfono sonaba de verdad mientras Diego Rodríguez Reis dormía. Eran las siete de la mañana en Villa la Angostura.

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