Graciela, la chef zapalina que transforma las raíces neuquinas en alta cocina
Guiada por el legado de su familia y el valor del esfuerzo, la actual Embajadora de la Gastronomía Neuquina comparte su viaje desde los alfajores caseros de la infancia hasta las clases magistrales en el Festival del Chef Patagónico en Pehuenia.
La conexión de Graciela Caffa Lucero con la cocina comenzó en la infancia, rodeada de aromas familiares y una profunda admiración por el ingenio de sus padres y abuelas allá en su Zapala natal. Con apenas dos o tres ingredientes básicos y lo poco que había a mano, lograban crear platos espectaculares para alimentar a una mesa llena.
Esa magia de transformar productos simples en un acto de amor e ingenio la impactó desde muy chica, convirtiendo la cocina en su juego favorito. A los cinco años ya colaboraba entre ollas junto a sus hermanas, y a los 10 devoraba cada programa de Utilísima a través de la pantalla de El Gourmet.
La gastronomía siempre fue su norte, pero también el motor de su espíritu emprendedor. Impulsada por sus padres, entendió desde temprano el valor del esfuerzo propio: en lugar de pedir dinero en casa, buscó la forma de generarlo. Así comenzó a vender alfajores de maicena y pastafrolas durante la primaria y la secundaria, un proyecto en el que su papá se transformó en su primer gran aliado al levantar los pedidos.

El recuerdo de la primera vez que fue a un mayorista a abastecerse y pagar la cuenta con sus propios ingresos quedó grabado en su memoria como la lección definitiva de autosuficiencia y valoración. Al terminar el colegio, el apoyo de su familia se mantuvo intacto para la etapa universitaria. Aunque barajó opciones como Psicología o Ciencias de la Educación, el peso de los fuegos fue mayor. Sus últimos años de secundaria colaborando en una parrilla de Zapala confirmaron su vocación.
Como la carrera no estaba disponible en su ciudad, se mudó a Roca, en la provincia de Río Negro, a la casa de su hermana y viajó diariamente a Neuquén para formarse en la Escuela de Cocineros Patagónicos, donde se recibió como Técnica Superior en Gastronomía.
Su inserción laboral fue inmediata. En 2015, antes de recibir el diploma, ya acumulaba experiencia en una casa de té y en servicios de catering. Al año siguiente ingresó formalmente a Casa Juez, una etapa intensa donde aprendió el oficio desde adentro haciendo panadería, producción y despacho. Luego continuó su recorrido por Butaco, la elaboración de viandas y un proyecto de cocina fusión en Neuquén.

El gran salto de madurez profesional llegó en 2017 al incorporarse a Aura, el restaurante del Hotel Tower, siempre en Neuquén capital. Tras más de ocho años de evolución constante en ese espacio, y de la mano de su jefe Sebastián Caliva, comenzó a expandir sus fronteras hacia el mundo de los eventos. Esta alianza la llevó a consolidar su trabajo en exposiciones, mostrando el valor de los productos regionales y la identidad de la cocina patagónica.
Distinción y festivales
Este camino de dedicación floreció en valiosos reconocimientos. Fue nombrada Embajadora de la Gastronomía Neuquina, un honor que defiende con orgullo. Su vitrina de logros sumó el primer puesto en el Festival Patagónico de la Empanada en Zapala, lo que consolidó su identidad culinaria. En el último tiempo, su agenda incluyó pasos destacados por la Fiesta del Chivito en Chos Malal, la Fiesta de las Colectividades en Zapala también, Patagonia del Vino en el Domuyo y las aulas de Confluencia de Sabores.

Además, cumplió el sueño de su vida: pasar de ser una espectadora más a dictar una clase magistral en el Festival del Chef Patagónico en Pehuenia, un espacio que además le permitió intercambiar saberes con colegas de distintas latitudes. Para Graciela, la riqueza de la provincia radica en sus productores. Su cocina se nutre de recorrer Centenario o El Chañar descubriendo historias de personas que llevan años perfeccionando su materia prima.
En Pehuenia, esa búsqueda cobró sentido absoluto al ver la reacción de turistas chilenos y de Buenos Aires que descubrían por primera vez sus empanadas de chivo con masa de ñaco y salsa de piñones. Ese contacto directo con el comensal le devolvió la gratitud que muchas veces la velocidad del servicio diario en un restaurante impide ver, reafirmando que las críticas y los elogios son el combustible para seguir creciendo.

Aunque domina los pescados, los mariscos, los guisados y el lenguaje de los fuegos, las empanadas de chivo siguen siendo su marca registrada y el plato que le otorgó una distinción especial. El futuro cercano la encuentra con la mirada puesta en grandes desafíos: la primera semana de septiembre participará en la feria Hotelga dentro del Campeonato de la Pizza y la Empanada representando a Neuquén y a Argentina, para luego viajar a Tucumán a defender los colores del Festival Patagónico en la 47° edición del Nacional de la Empanada.
La conexión de Graciela Caffa Lucero con la cocina comenzó en la infancia, rodeada de aromas familiares y una profunda admiración por el ingenio de sus padres y abuelas allá en su Zapala natal. Con apenas dos o tres ingredientes básicos y lo poco que había a mano, lograban crear platos espectaculares para alimentar a una mesa llena.
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