A 40 años del primer avistaje embarcado, Chubut abrió la temporada de ballenas en Península Valdez
La apertura se realizó con anuncio de obras, promociones y nuevos proyectos para fortalecer uno de los espectáculos naturales más extraordinarios del planeta

Hace cuatro décadas, un puñado de pioneros decidió salir al mar desde Puerto Pirámides para acercarse a los gigantes del Golfo Nuevo. Lo que entonces era una experiencia casi experimental terminó convirtiéndose en uno de los productos turísticos más emblemáticos de la Argentina y en una referencia internacional del turismo de naturaleza.
Con ese aniversario como telón de fondo, Chubut inauguró ayer oficialmente la Temporada de Ballenas 2026 con una jornada cargada de anuncios, homenajes y obras de infraestructura destinadas a potenciar el desarrollo turístico de Península Valdés.
La celebración comenzó con la inauguración del nuevo acceso asfaltado a El Doradillo, uno de los pocos lugares del mundo donde las ballenas francas australes pueden observarse desde la costa a escasos metros de distancia. Más tarde, el acto central se trasladó a Puerto Pirámides, donde autoridades provinciales, representantes del sector turístico y empresarios participaron de la apertura formal de la temporada.
Del encuentro participaron el vicegobernador Gustavo Menna; el intendente de Puerto Pirámides, Jorge Perversi; el ministro de Turismo y Áreas Protegidas, Diego Lapenna; y el presidente de la Cámara Patagónica de Empresas de Avistaje de Ballenas y Fauna Marina (CAPENVAL), Carlos Bottazzi, junto a legisladores, prestadores turísticos, guardafaunas y referentes del sector privado.

Durante la presentación se anunciaron distintas acciones para impulsar la llegada de visitantes durante los próximos meses. Entre ellas sobresale la candidatura de Puerto Pirámides al programa Best Tourism Villages de ONU Turismo, una distinción que reconoce a los pueblos que logran combinar desarrollo turístico, conservación ambiental y preservación cultural.
También se puso en marcha una estrategia de promoción que incluye transmisiones en vivo de la llegada de las ballenas a través del canal Chubut Patagonia y recorridos para periodistas especializados y creadores de contenido por Península Valdés y el Valle Inferior del Río Chubut.
Para incentivar las visitas durante el inicio de la temporada, las empresas de avistaje mantendrán hasta el 31 de agosto las tarifas del año pasado y ofrecerán un descuento del 50% para residentes hasta el 9 de julio. Además, habrá promociones especiales en alojamientos y actividades turísticas, beneficios 2×1 para residentes y jubilados nacionales en el ingreso al Área Natural Protegida Península Valdés y opciones de financiación mediante la tarjeta Patagonia 365 del Banco del Chubut.

La agenda también incluyó anuncios vinculados al crecimiento de la actividad. Entre ellos, la futura licitación del servicio de avistaje embarcado, el avance del ordenamiento integral del predio ballenero de Puerto Pirámides y una Evaluación Ambiental Estratégica de las actividades náuticas y subacuáticas del Golfo Nuevo para garantizar un desarrollo sostenible.
Otro de los objetivos es diversificar la oferta turística. En ese sentido, se destacó la incorporación de experiencias como el snorkel con lobos marinos y la próxima edición del Curso de Guías Balleneros, una capacitación clave para mantener los estándares de calidad que distinguen al destino.
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con el homenaje a los pioneros del avistaje embarcado. Al cumplirse 40 años de aquellas primeras excursiones realizadas en junio de 1986, se entregó una distinción a Malena y Axel Schmid en reconocimiento a la trayectoria de su padre, Jorge Schmid, considerado uno de los impulsores de una actividad que transformó para siempre la economía y la identidad de Puerto Pirámides.
Entre junio y diciembre, la Ballena Franca Austral regresa cada año a las aguas protegidas de Península Valdés para aparearse, dar a luz y criar a sus ballenatos. Es un ciclo natural que se repite desde hace siglos y que sigue maravillando a miles de visitantes.
En Puerto Pirámides, el espectáculo puede vivirse desde embarcaciones autorizadas que permiten observar a los cetáceos a muy corta distancia. A pocos kilómetros, en El Doradillo, el encuentro ocurre desde la costa. Allí, las ballenas suelen acercarse tanto a la playa que basta caminar unos metros para contemplarlas emerger frente a los ojos.
Pocos lugares en el mundo ofrecen una experiencia semejante. Y a cuarenta años de aquel primer avistaje embarcado, Chubut vuelve a apostar por las ballenas como uno de sus grandes emblemas para atraer visitantes y consolidar el desarrollo turístico de Península Valdés.
¿Cuánto cuesta ver ballenas en Península Valdés?
Existen dos formas de disfrutar del espectáculo de las ballenas francas australes en la región de Puerto Madryn. La primera es completamente gratuita: desde el Área Natural Protegida El Doradillo, ubicada a menos de 20 minutos en auto de la ciudad por las rutas provinciales 1 y 42. Allí, durante la temporada, los cetáceos suelen acercarse a pocos metros de la costa, permitiendo observarlos desde la playa sin necesidad de embarcarse. Para aprovechar mejor la experiencia, se recomienda consultar previamente los horarios de marea.
La segunda opción es el tradicional avistaje embarcado que parte desde Puerto Pirámides, la única localidad dentro de Península Valdés habilitada para realizar esta actividad. Las excursiones tienen tarifas unificadas entre las distintas empresas prestadoras.

Durante junio, julio y agosto, el valor es de 150.000 pesos para adultos y 75.000 pesos para niños de entre 4 y 12 años. Desde septiembre, cuando aumenta la presencia de madres con crías y crece la demanda turística, las tarifas pasan a 195.000 pesos para adultos y 97.500 pesos para menores.
A estos valores se debe sumar el ingreso al Área Natural Protegida Península Valdés. La entrada para residentes nacionales tiene un costo de 15.000 pesos, mientras que los niños de 6 a 11 años, jubilados y pensionados abonan 7.500 pesos.

Hace cuatro décadas, un puñado de pioneros decidió salir al mar desde Puerto Pirámides para acercarse a los gigantes del Golfo Nuevo. Lo que entonces era una experiencia casi experimental terminó convirtiéndose en uno de los productos turísticos más emblemáticos de la Argentina y en una referencia internacional del turismo de naturaleza.
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