Por Vaca Muerta, reemplazó la fruticultura por el cereal más producido del mundo y lo convirtió en la base de su ganadería

El desarrollo de la industria del gas y el petróleo es un desafío para las actividades intensivas en mano de obra. Por eso, un productor del Alto Valle decidió abandonar las peras y manzanas y construir un sistema integrado donde el maíz es el eje de toda la producción. Hoy cultiva más de 200 hectáreas, alimenta un rodeo de 400 animales y completa el ciclo con la comercialización de carne.

Por Alan Agustini

Durante varias décadas, la chacra de la familia Ortega estuvo ligada a la producción de peras y manzanas. Hoy, en esas mismas tierras de Allen, crece maíz que alimenta casi exclusivamente un rodeo de 400 animales. Detrás de ese cambio hay una decisión que refleja una transformación más amplia: frente al aumento de los costos laborales y la creciente competencia de Vaca Muerta por la mano de obra, el productor Julio Ortega dejó atrás primero la fruticultura y luego las pasturas para construir un sistema agrícola-ganadero donde el maíz es el eje de toda la producción.

De la fruticultura en el Alto Valle al maíz


La historia de la chacra comenzó hace más de cien años, cuando los abuelos de Julio Ortega llegaron desde España y transformaron un terreno de médanos y lagunas en una explotación frutícola. Durante décadas produjo peras y manzanas, actividad que continuó su padre, Pedro Juan Ortega.

Sin embargo, las sucesivas crisis argentinas golpearon a la fruticultura y fueron reduciendo la escala del establecimiento. Julio, por su parte, siguió otro camino: armó una empresa de transporte y recién hace algo más de dos décadas decidió regresar al campo.

Empecé a cambiar los camiones por maquinaria agrícola y a transformar la empresa de transporte en una empresa vinculada a la agricultura”, recordó en diálogo con Río Negro Rural.

La primera decisión fue erradicar los frutales. El reemplazo inicial fueron las pasturas, pensando en abastecer una ganadería propia. Pero ese sistema tampoco terminó de convencerlo.

Julio Ortega, productor agropecuario en Río Negro.
Julio Ortega, productor agropecuario en Río Negro. Foto: Cecilia Maletti.

“Vi que el pasto me llevaba otra vez a depender de mucha gente. Entonces dije: ‘tengo que hacer otra cosa’. Ahí empecé a pensar un proyecto basado en maíz.”

Hace 16 años sembró las primeras 12 hectáreas en la histórica chacra familiar. Hoy, ese cultivo domina prácticamente toda la superficie que maneja la empresa.

Agricultura en la Patagonia: menos gente y más máquinas, la fórmula de Julio Ortega


La elección del maíz no respondió únicamente a cuestiones agronómicas. Para Ortega, el principal factor fue la disponibilidad de mano de obra en una región que convive con el desarrollo de Vaca Muerta.

“Elegí el maíz porque no demanda tanta cantidad de mano de obra. Se maneja con mucha menos gente que un sistema basado en pasturas. Acá estamos pegados al petróleo y conseguir personal es cada vez más difícil.”

El productor recuerda que incluso hace dos décadas la actividad petrolera ya condicionaba el mercado laboral regional: “Tenías un buen chofer para la fruta y estaba con vos hasta que conseguía trabajo en el petróleo”.

Julio Ortega maneja más de 200 hectáreas de maíz en el Alto Valle.
Julio Ortega maneja más de 200 hectáreas de maíz en el Alto Valle. Foto: Cecilia Maletti.

Ese contexto terminó inclinando la balanza hacia un sistema mucho más intensivo en capital que en trabajo. Actualmente maneja más de 200 hectáreas de maíz con apenas tres empleados.

Además del menor requerimiento de personal, Ortega destaca el comportamiento que el cultivo tiene en el Alto Valle. “El maíz cuesta más implantarlo que una pastura, pero ese costo termina licuándose con los rendimientos”, aseguró.

En promedio obtiene unas 11 toneladas de grano por hectárea, mientras que los planteos destinados a silo producen entre 60 y 70 toneladas de materia verde por hectárea.

Aunque reconoce que la rotación con alfalfa sería agronómicamente deseable, explica que la realidad de trabajar principalmente sobre campos alquilados hace prácticamente imposible ese esquema. “La mayoría de las chacras las alquilamos por cuatro o cinco años. Una alfalfa necesita un ciclo largo y cuando la terminás de establecer capaz ya tenés que devolver el campo. Entonces el sistema termina siendo maíz sobre maíz.”

En la histórica chacra familiar, los Ortega logran 12 toneladas de maíz por hectárea.
En la histórica chacra familiar, los Ortega logran 12 toneladas de grano de maíz por hectárea. Foto: Cecilia Maletti.

Lejos de observar una caída productiva, sostiene que ocurrió lo contrario. “En esta chacra llevamos 16 años seguidos haciendo maíz. Empezamos cosechando siete u ocho toneladas de grano y hoy estamos alrededor de las 12. Para mí la tierra es como una maceta: si le das lo que necesita, sigue produciendo bien.”

Maíz en el Alto Valle, al ritmo de las máquinas


La evolución del establecimiento estuvo marcada por una lógica sencilla: cada nueva máquina obligó a incorporar más superficie para amortizar la inversión. Todo comenzó con la sembradora. Como no existían contratistas que realizaran ese trabajo para una superficie tan pequeña, Ortega decidió comprar una.

Después llegaron la pulverizadora, la cosechadora y, años más tarde, la picadora de forrajes. “La picadora fue una decisión obligada. Contratábamos el servicio, pero llegaba un momento en que nadie quería venir de Valle Medio o de Viedma por tan pocas hectáreas. Entonces había dos opciones: comprarla o dejar de hacer silo.”

El alto grado de mecanización obligó a Ortega a sumar hectáreas y a prestar servicios.
El alto grado de mecanización obligó a Ortega a sumar hectáreas y a prestar servicios. Foto: Cecilia Maletti.

La inversión, sin embargo, exigía mayor escala. Para sostenerla comenzó a sumar campos alquilados y luego a ofrecer servicios a otros productores. Hoy la empresa trabaja sobre las 12 hectáreas propias, más de 200 hectáreas alquiladas y realiza cosecha y picado de maíz en otras 200 a 300 hectáreas de terceros.

Cuenta con tractores, sembradora, cosechadora, picadora, tolvas, equipos de movimiento de suelo y hasta un dron para aplicaciones. La estrategia permitió distribuir el costo de la maquinaria entre una superficie mucho mayor y convertir la prestación de servicios en otra fuente de ingresos.

El maíz, la base de la ganadería


La agricultura y la ganadería funcionan como un único sistema. Buena parte del maíz producido tiene como destino principal alimentar un rodeo de unas 400 cabezas, abastecido principalmente con terneros provenientes del Valle Medio. “El cien por ciento de la alimentación, salvo el núcleo mineral, es maíz. No usamos rollos”, precisó Ortega. La mitad de la producción de grano se comercializa a terceros.

La base de la recría es el silo de planta entera, complementado con un núcleo. En la etapa de terminación se cambia el núcleo y se incorporan además entre tres y cuatro kilos diarios de grano. El diseño de las dietas está a cargo de su hijo veterinario.

El protagonista siempre es el silo. Si alimentaras solamente con grano aparecerían problemas de acidosis. En cambio, el silo aporta fibra y permite que el animal se alimente de una manera más parecida a lo que ocurre a campo.”

En el esquema ganadero de Julio Ortega, el silaje de maíz es central.
En el esquema ganadero de Julio Ortega, el silaje de maíz es central. Foto: Cecilia Maletti.

El objetivo productivo es alcanzar una ganancia cercana a un kilo diario por animal en todo el ciclo, aunque Ortega aclara que el resultado depende también de la calidad de los terneros que ingresan al sistema. Actualmente apunta a terminar animales de entre 480 y 500 kilos, una estrategia que permite diluir el alto costo de reposición.

La integración del negocio continúa después de la faena. La empresa dispone de seis cámaras frigoríficas en el Parque Industrial de Allen, desde donde distribuye las medias reses a distintas carnicerías de la región.

Nosotros hacemos prácticamente todo el proceso: preparamos el suelo, sembramos, producimos el maíz, hacemos el picado, engordamos la hacienda y después almacenamos y distribuimos la carne.”

El manejo del maíz


El planteo agrícola se sostiene sobre un manejo intensivo de la nutrición y el riego. Todas las chacras se riegan por manto y la fertilización comienza durante el invierno con la incorporación de guano.

Posteriormente aplica alrededor de 100 kilos de fósforo por hectárea durante la siembra y entre 300 y 350 kilos de urea, complementados con fertilizantes foliares según las necesidades del cultivo.

Maíz en el Alto Valle del río Negro.
Maíz en el Alto Valle del río Negro. Foto: Cecilia Maletti.

En cuanto a la genética, hace 16 años trabaja con híbridos Supra distribuidos por Agrocultivos del Sur. Para los planteos destinados a silo utiliza Supra 4360, de ciclo largo y elevado stay-green, y Supra 60050, un híbrido de ciclo intermedio que combina alta producción de grano con excelente rendimiento de materia seca digestible. En maíz para grano emplea Supra 3916, de ciclo intermedio y notable estabilidad, y Supra 11762, un híbrido de ciclo corto que permite anticipar la cosecha y capturar mejores precios de mercado.

Diego Albarracín, titular de Agrocultivos del Sur (distribuidora de Supra), explica que la elección responde a la búsqueda de materiales adaptados tanto a la producción de silo como de grano, priorizando estabilidad, permanencia del follaje verde y elevada digestibilidad, características que permiten aprovechar al máximo el potencial del sistema ganadero desarrollado por Ortega.

Para el productor, sin embargo, la genética representa solo una parte de la ecuación. “El híbrido funciona muy bien, pero es una variable más. Después hay que hacer bien todo el manejo para que el cultivo exprese ese potencial.


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Durante varias décadas, la chacra de la familia Ortega estuvo ligada a la producción de peras y manzanas. Hoy, en esas mismas tierras de Allen, crece maíz que alimenta casi exclusivamente un rodeo de 400 animales. Detrás de ese cambio hay una decisión que refleja una transformación más amplia: frente al aumento de los costos laborales y la creciente competencia de Vaca Muerta por la mano de obra, el productor Julio Ortega dejó atrás primero la fruticultura y luego las pasturas para construir un sistema agrícola-ganadero donde el maíz es el eje de toda la producción.

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