Operativo merluza: tras el «colapso» de 2022, la ciencia sale a tomar «una foto» actual en Río Negro

Una campaña en el Golfo San Matías busca determinar si se sostiene la recuperación, tras el “colapso” de 2022. Analizan cuánto creció la población y qué ocurrió con los juveniles.

Por Elena Egea

Los investigadores recorren el mar de Río Negro en busca de la merluza. (Foto: Guillermo Svendsen).

Los investigadores recorren el mar de Río Negro en busca de la merluza. (Foto: Guillermo Svendsen).

Un buque recorre el mar de Río Negro y un poco más allá, hacia Chubut, para recolectar información sobre la merluza. Tras alcanzar la biomasa más baja de la serie histórica en 2022, la especie volvió a mostrar señales de recuperación en 2024. «Esta campaña 2026 es una foto en una historia», resaltó el doctor en Ciencias Biológicas, Matías Ocampo Reinaldo.

El también investigador adjunto del CONICET en el Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos «Almirante Storni» (CIMAS), explicó que la hipótesis más consistente de ese «colapso» es el aumento del esfuerzo pesquero y la captura y el descarte de ejemplares juveniles.

La campaña de Recursos Demersales 2026 (REDE26), en el buque Mar Argentino, comenzó el lunes 2 de noviembre y continuará hasta el 16 en el Golfo San Matías. Permitirá conocer si las señales de recuperación se sostienen y cómo cambió la población desde la última medición.

Inició la campaña 2026 para analizar el estado de la merluza en Río Negro. (Foto: Matías Ocampo Reinaldo).

Cronología del «colapso» de la merluza en Río Negro: cómo se recuperó


En 2022, la biomasa de merluza alcanzó el valor más bajo de la serie histórica y se declaró la emergencia pesquera. El fuerte deterioro de la especie marcó la necesidad de políticas públicas y el seguimiento de su evolución con mediciones directas.

¿Cómo se llegó al «colapso» de la merluza? La trayectoria de la industria pesquera puede aproximar una respuesta.

Ocampo Reinaldo indicó que, entre 2004 y 2010, la flota industrial se mantuvo relativamente estable, con entre ocho y diez barcos que se enfocaban en esta especie. A partir de 2012 y 2013, Río Negro experimentó un aumento considerable del esfuerzo pesquera, producto de la pesca de langostino.

Cuando los barcos salían a pescar langostinos usaban redes de arrastre que se desplazaban por el agua y atrapaban todo lo que encontraban en su recorrido, incluida la merluza. Según explicó el investigador, esa presión adicional puso en jaque a la especie.

«El descarte juvenil fue muy alto, tanto en los lances dirigidos a langostinos como los lances dirigidos a merluza propiamente dicho», explicó y añadió: «Fue un exceso por donde se lo mire. Eso, entre otras cosas que tenemos medidas, es la causa más probable de que se haya generado el colapso».

Allí se dispuso la emergencia pesquera y se limitó a la industria con el fin de preservar la especie. Esas políticas se vieron reflejadas en el relevamiento de 2024: la biomasa duplicaba la estimada en 2022. Además, encontraron más ejemplares juveniles, una señal favorable. Sin embargo, «los resultados estaban muy lejos de los niveles históricos que habían mostrado ser sostenibles».

La campaña de 2026 busca comprobar qué ocurrió con aquellos juveniles: si crecieron y si la estructura de tamaños de la población cambió. Para Ocampo Reinaldo, observar la evolución de una cohorte entre campañas permite entender mejor la dinámica del recurso que considerar un solo dato aislado.

Cómo es la misión para recuperar la merluza en Río Negro


Por 15 días, el equipo se embarcó en una misión en el buque Mar Argentino. Recorren estaciones previamente definidas y realizan lances de pesca de corta duración. Se identifican, cuentan, pesan y muestrean los peces.

Se trata de una plataforma preparada con todo lo necesario para tomar muestras y hacer mediciones. Ocampo Reinaldo aclaró que el buque Mar Argentino pertenece al Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), pero la provincia de Río Negro lo alquiló para esta campaña.

La embarcación aporta su tripulación y personal del INIDEP para operar algunos equipos. Sin embargo, el diseño, la ejecución, los muestreos y el análisis de los resultados corresponden a la ciencia rionegrina. «Toda la campaña pertenece a Río Negro y pertenece al CIMAS», recalcó el investigador.

La misión busca producir información propia y comparable para acompañar el seguimiento de la merluza en el Golfo San Matías. Incluye otras especies, como la anchoíta, el langostino y el pez gallo, además de mediciones del ambiente marino.

El equipo abordo del buque Mar Argentino. (Foto: Guillermo Svendsen).

Ciencia y pesca: un diálogo para cuidar el recurso en Río Negro


«Estamos bien». Así es el vínculo actual entre la ciencia y la industria pesquera, según Ocampo Reinaldo. No siempre fue así.

El investigador señaló que, durante años, los científicos quedaron al margen de las decisiones, ya que las autoridades no escuchaban sus advertencias. Hoy entienden que todos trabajan en un mismo objetivo y logran alcanzar acuerdos.

Ese acercamiento tomó forma cuando se retomó una iniciativa que había funcionado hasta 2009: el proyecto ECOPES, que sentó las bases para elaborar planes de manejo pesquero. Con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI), el CIMAS y la Subsecretaría de Pesca y Producción Acuícola recuperaron ese trabajo junto con empresas y pescadores.

Buscaron establecer una mesa de gestión conjunta para que las decisiones no dependan solo de las autoridaes de turno. Para eso, los participantes definen protocolos que permitan compartir información, priorizar problemas y acordar cambios en las reglas de la pesca.

«Hemos encontrado los métodos para hablar y los métodos para ponernos de acuerdo», destacó Ocampo Reinaldo. Anticipó que esperan contar con los primeros planes para algunas pesquerías del Golfo San Matías hacia fin de año.

El equipo estará dos semanas abordo del buque Mar Argentino. (Gentileza).

La merluza, una especie caníbal


Según el doctor en Ciencias Biológicas, Matías Ocampo Reinaldo, la merluza es un pez carnívoro y depredador activo. Su dieta incluye otros peces y crustáceos, aunque puede variar de acuerdo con la disponibilidad de alimento: en situaciones de escasez, puede recurrir al canibalismo.


El investigador la describió como una especie generalista y flexible, capaz de tolerar cambios de salinidad y temperatura. De hecho, modifica su distribución según la época del año y las condiciones del mar.


Vive en cardúmenes asociados al fondo, donde pueden encontrarse juveniles y adultos, pero realiza desplazamientos verticales diarios: durante el día permanece cerca del fondo y por la noche asciende en la columna de agua para alimentarse. Según explicó el investigador, puede alcanzar una talla comercial alrededor de los tres años.


Un buque recorre el mar de Río Negro y un poco más allá, hacia Chubut, para recolectar información sobre la merluza. Tras alcanzar la biomasa más baja de la serie histórica en 2022, la especie volvió a mostrar señales de recuperación en 2024. "Esta campaña 2026 es una foto en una historia", resaltó el doctor en Ciencias Biológicas, Matías Ocampo Reinaldo.

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