Puesta en valor de un destino turístico
ANTONIO TORREJÓN (*)
El turista, en los itinerarios de sus escapadas de fin de semana o vacaciones, suma kilómetros, paisajes, culturas, ciudades y pueblos que a posteriori, salvo identidades o calidades rescatables, sólo quedan como recuerdos borrosos repetidos en fotos de actividades desarrolladas y/o en pueblos construidos alrededor de una plaza, calles en cuadrícula y mezquindad en espacios públicos. De lo que se trata es de revertir esa situación, haciendo que cada punto de tránsito turístico salga de su anonimato, incorpore algún rasgo de identidad y se prepare por el desafiante camino de crecer y competir por el agregado de “ser diferente”. Para ello deberá conocerse en su diversidad: natural, histórica, cultural y monumental; en sus instituciones, en sus aspectos diferenciales o curiosos y típicos, etcétera. Se trata de poder aproximarnos a las diversas manifestaciones turísticas desde una perspectiva de análisis del espacio territorial natural y el espacio de territorios simbólicos; mostrar más allá de lo observable, develando significados vinculados con la historia del lugar y con sus procesos ambientales, al tratarse de un espacio de producción y consumo natural y antrópico. La puesta en valor representa un punto de partida para reflexionar sobre la importancia del consumo del ocio y la necesidad de gestionar los recursos de forma integrada y diversificada, desde una perspectiva ambiental y patrimonial, sobre la base del desarrollo sostenible, donde el turismo resulta una estrategia de desarrollo o “alternativa” complementaria, con tendencias conservacionistas (ecologistas) y valorativas (actitud de revalorización del patrimonio), estimando las posibilidades que se ofrecen y operan a nivel de las representaciones del espacio como fuerza recreadora de la identidad regional. Las nuevas tendencias generan un proceso de exigencia de prácticas donde la experiencia turística debe ser transversal, conllevar la significación de un universo valorativo con representaciones trascendentes en el contexto de la revalorización del patrimonio natural y cultural. En 1993, desde el Ministerio de Turismo de la Provincia de Río Negro que tuve el privilegio de conducir, contratamos a un arquitecto paisajista, Pradial Gutiérrez, quien a través de incorporaciones forestales y ajardinamientos cambió la impronta de las primeras visiones que otorgaba en su ruta de acceso el corredor del gran Valle de Río Negro, de sus ciudades y pueblos; hablemos, por ejemplo, de Cipolletti a Río Colorado (todo por la Ruta Nacional 22). En el plan de puesta en nueva imagen de ese espacio homogéneo por esa ruta nacional que integra el espacio privilegiado y productivo del norte de la Patagonia en esas ciudades o pueblos consideraremos tres aspectos esenciales: valorizar los atractivos vía la señalización eficaz y secuencial, jerarquizar los atractivos naturales y/o culturales enriqueciendo sus imágenes públicas y la actualización de las variables recreativas. Es muy importante mejorar lo que ayude a una “buena percepción positiva” del pueblo visitado, desde el primer contacto del automovilista en su arribo, en una estación de servicios o en la terminal de ómnibus o aeropuerto. En esas paradas o etapas el turista debe encontrar y acceder a un plano del lugar visitado, la secuencia aconsejable de recorrer y una propuesta de servicios con un sentido de ayuda orientadora y, por encima de todo, que posibilite la mejor de las interpretaciones positivas por parte del viajero. El centro de informes municipal debe ser un lugar de casi obligada visita, donde el forastero encontrará la mayor parte de las respuestas que se le puedan ocurrir y las adicionales que el “dueño de casa” le debe agregar para conseguir la mejor de las valoraciones y percepciones por parte del visitante. Recordamos un posible inventario para hacer, actualizar y transmitir: • A partir de los atractivos turísticos existentes en la localidad y en su comarca, tanto naturales como culturales, lugares y sitios para la práctica de actividades recreativas: balnearios, lugares para la iniciación en el montañismo, sitios de pesca o de actividades subacuáticas, puntos panorámicos para la contemplación de paisajes, lugares para pasar el día, etcétera • Elementos de la naturaleza que por alguna particularidad especial merezcan ser visitados: sierras, llanuras y ámbitos marinos, lacustres, fluviales, isleños, forestales o faunísticos • Unidades para el conocimiento de la naturaleza, tales como “parques y áreas protegidas nacionales, provinciales o municipales”, así como los monumentos naturales • Sitios paleontológicos, históricos, culturales y artísticos: yacimientos arqueológicos, zonas de pinturas rupestres, lugares y monumentos históricos, etcétera • Construcciones y realizaciones urbanas con alguna característica especial; por ejemplo, edificios emblemáticos y obras de ingeniería como puentes, centros de recreación, parques públicos, plazas, etcétera • Exploraciones que pudieran ser realizadas por los turistas: mineras, plantaciones, criaderos e industrias, entre otros • Centros científicos o técnicos tales como museos, ecocentros, lugares de enseñanza superior y estaciones experimentales y de investigación • Atractivos relacionados con el folclore: sitios donde se localicen actividades de carácter folclórico como música, cantos y danzas o artesanías • Ámbitos de peregrinación o fiestas religiosas: templos, capillas, santuarios, etcétera • Lugares donde se desarrollen hechos de interés turístico: festivales, espectáculos, certámenes deportivos, conmemoraciones o ferias. Actualización de los atractivos de características específicas de los recursos locales, para la puesta en valor de los mismos. La “puesta en valor” es una instancia que –de abajo hacia arriba– nos llevará por la secuencia correcta, que conduce a los perdurables resultados del conjunto. (*) Exministro de Turismo de la Provincia de Río Negro y actual asesor honorario del Ministerio de Turismo de Argentina (2003-2013)
ANTONIO TORREJÓN (*)
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