“Desagravio a don Arturo”

Redacción

Por Redacción

El pasado 18 de enero concurrí a un homenaje que, como todos los años, radicales y dirigentes de otras fuerzas le hacen al expresidente de la república don Arturo U. Illia. Como siempre, lo hice en el convencimiento de que traer a la memoria sus valores y la trayectoria forma parte del legado ético de este prócer indiscutido. Lamentablemente me encontré con un acto en el que la historia reciente de nuestro país fue bastardeada. Por ejemplo se mencionó al Dr. Carlos Ortiz de Rozas como responsable de los logros diplomáticos de su gestión en política exterior y en particular en el tema Malvinas, en lugar del Dr. Miguel A. Zabala Ortiz, quien fuera su ministro de Relaciones Exteriores. Pero mi sorpresa y desagrado fue mayor cuando el principal orador se ocupó de resaltar su relación personal con el coronel Perlinger y “rescatar” su actitud por el arrepentimiento que tuvo (diez años después) por haber participado y protagonizado el golpe de Estado del año 66 (fue quien expulsó al Dr. Illia de la Casa Rosada ). Es porque siento la necesidad de realizar, por medio de estas líneas, un contundente desagravio a la figura de don Arturo y calificar el reconocimiento realizado a este “salteador de medianoche” como fuera de lugar e indigno, toda vez que estábamos homenajeando al prócer en quien la dirigencia política debería referenciarse para comenzar a transitar el camino para la construcción de una Argentina con valores y no de nuevos relatos. El “golpe de Estado” liderado por Juan Carlos Onganía inauguró el más largo y nefasto proceso de degradación de las instituciones de la república. El gobierno oscurantista de la tristemente llamada “revolución argentina” significó el final del estado de bienestar que había alcanzado nuestro país y el comienzo de la destrucción sistemática de nuestro sistema educativo, con la “noche de los bastones largos”. Las consecuencias de esa noche fueron mucho más graves que el atropello en sí mismo. Más de 1.300 docentes de la Universidad de Buenos Aires renunciaron a sus cargos, lo cual significó un golpe terrible para todas las ciencias. Entre ellos, renunciaron todos los integrantes del Instituto de Cálculo, lo cual trajo aparejada la destrucción completa de la computación en Argentina. Muchos de los que dejaron la Universidad se radicaron en el exterior y sus conocimientos e inteligencia fueron útiles a otros países y no al nuestro, que los había humillado. Con la “noche de los bastones largos” algo se quebró en Argentina por mucho tiempo: la confianza en que la razón, la discusión de proyectos y el entusiasmo por la educación, la ciencia, la tecnología podrían contribuir a nuestro desarrollo. El costo fue muy alto y lo estamos pagando. Destacar, en un acto en homenaje a un prócer de nuestra vapuleada democracia del siglo pasado, la figura de un criminal sedicioso es un insulto para las instituciones de la república y sólo puede entenderse en el marco político actual como una expresión más de las desembozadas maniobras que llevan adelante algunos dirigentes políticos con el propósito de refundar un partido conservador en la Argentina. Son los herederos de aquellos “civiles” que aplaudieron al golpista sedicioso de Onganía y lo recibieron como un mesías que salvaría al país. Está claro que algunos “amigos” han cambiado lealmente sus convicciones, están en todo su derecho. Pero como diputado de la UCR de Neuquén, siento la obligación de realizar este acto de desagravio, que lejos de representar una actitud de venganza o resentimiento pretende rescatar los valores sobre los que edificamos nuestra joven democracia recuperada en 1983. No se puede olvidar y actuar como si aquí no hubiera pasado nada. No se puede entender la historia argentina como un cambalache colocando la Biblia junto al calefón. Nuestros próceres no pueden estar al lado de los criminales de la Nación. Alejandro Vidal DNI 12.082.390 Diputado provincial UCR Neuquén

Alejandro Vidal DNI 12.082.390 Diputado provincial UCR Neuquén


El pasado 18 de enero concurrí a un homenaje que, como todos los años, radicales y dirigentes de otras fuerzas le hacen al expresidente de la república don Arturo U. Illia. Como siempre, lo hice en el convencimiento de que traer a la memoria sus valores y la trayectoria forma parte del legado ético de este prócer indiscutido. Lamentablemente me encontré con un acto en el que la historia reciente de nuestro país fue bastardeada. Por ejemplo se mencionó al Dr. Carlos Ortiz de Rozas como responsable de los logros diplomáticos de su gestión en política exterior y en particular en el tema Malvinas, en lugar del Dr. Miguel A. Zabala Ortiz, quien fuera su ministro de Relaciones Exteriores. Pero mi sorpresa y desagrado fue mayor cuando el principal orador se ocupó de resaltar su relación personal con el coronel Perlinger y “rescatar” su actitud por el arrepentimiento que tuvo (diez años después) por haber participado y protagonizado el golpe de Estado del año 66 (fue quien expulsó al Dr. Illia de la Casa Rosada ). Es porque siento la necesidad de realizar, por medio de estas líneas, un contundente desagravio a la figura de don Arturo y calificar el reconocimiento realizado a este “salteador de medianoche” como fuera de lugar e indigno, toda vez que estábamos homenajeando al prócer en quien la dirigencia política debería referenciarse para comenzar a transitar el camino para la construcción de una Argentina con valores y no de nuevos relatos. El “golpe de Estado” liderado por Juan Carlos Onganía inauguró el más largo y nefasto proceso de degradación de las instituciones de la república. El gobierno oscurantista de la tristemente llamada “revolución argentina” significó el final del estado de bienestar que había alcanzado nuestro país y el comienzo de la destrucción sistemática de nuestro sistema educativo, con la “noche de los bastones largos”. Las consecuencias de esa noche fueron mucho más graves que el atropello en sí mismo. Más de 1.300 docentes de la Universidad de Buenos Aires renunciaron a sus cargos, lo cual significó un golpe terrible para todas las ciencias. Entre ellos, renunciaron todos los integrantes del Instituto de Cálculo, lo cual trajo aparejada la destrucción completa de la computación en Argentina. Muchos de los que dejaron la Universidad se radicaron en el exterior y sus conocimientos e inteligencia fueron útiles a otros países y no al nuestro, que los había humillado. Con la “noche de los bastones largos” algo se quebró en Argentina por mucho tiempo: la confianza en que la razón, la discusión de proyectos y el entusiasmo por la educación, la ciencia, la tecnología podrían contribuir a nuestro desarrollo. El costo fue muy alto y lo estamos pagando. Destacar, en un acto en homenaje a un prócer de nuestra vapuleada democracia del siglo pasado, la figura de un criminal sedicioso es un insulto para las instituciones de la república y sólo puede entenderse en el marco político actual como una expresión más de las desembozadas maniobras que llevan adelante algunos dirigentes políticos con el propósito de refundar un partido conservador en la Argentina. Son los herederos de aquellos “civiles” que aplaudieron al golpista sedicioso de Onganía y lo recibieron como un mesías que salvaría al país. Está claro que algunos “amigos” han cambiado lealmente sus convicciones, están en todo su derecho. Pero como diputado de la UCR de Neuquén, siento la obligación de realizar este acto de desagravio, que lejos de representar una actitud de venganza o resentimiento pretende rescatar los valores sobre los que edificamos nuestra joven democracia recuperada en 1983. No se puede olvidar y actuar como si aquí no hubiera pasado nada. No se puede entender la historia argentina como un cambalache colocando la Biblia junto al calefón. Nuestros próceres no pueden estar al lado de los criminales de la Nación. Alejandro Vidal DNI 12.082.390 Diputado provincial UCR Neuquén

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