Una pelea necesaria
Se expande la ludopatía, la adicción al juego, que según algunos expertos afecta a entre el 1 y 2% de la población del país. Su crecimiento es sistemático en una Argentina donde el consumo genera presiones e inyecta descontrol en las conductas. Espacios vulnerables a la adicción, convencidos de que sólo basta la voluntad para derrotar al azar. Empujados por ese convencimiento, tarde o temprano manda la patología. Y se impone con mayor facilidad cuando el juego se erige como variable para la solución de problemas económicos. Sin embargo, desde el Estado, ONG e incluso desde grupos de jugadores compulsivos, nacen las defensas para rescatar a quienes son blancos de la misma.
–No, no se confunda: es la segunda adicción que tratamos aquí, que como hospital de la Ciudad de Buenos Aires es el único dedicado a tratar adicciones –dice el licenciado en Psicología Alberto Trómboli, profesional del Hospital Durand. Y acota:
–Todos los días, a toda hora, todas las edades. Crece el número de jóvenes, afecta a los dos géneros… los hay muy desesperados, menos desesperados. Pero todos por el mismo problema: ser jugadores compulsivos. Algunos vienen y se van en un instante, otros preguntan si los podemos ayudar… hasta hay quienes creen en una pastilla milagrosa. Algunos vienen con un familiar, otros solos… ¡Ah, y de todos los planos sociales! –remata Trómboli.
–Sí, sí, crecen y crecen descomunalmente el juego de azar y el número de ludópatas –sostiene la psicóloga Débora Blanca, de la ONG Entrelazar, dedicada a luchar contra esta adicción.
Otra profesional dedicada al tema, Florencia Escampi, escribe: “La oferta para jugar es cada vez mayor. Y esto no ayuda a enfrentar el problema como se debe. Vemos que hay un Estado que quiere atacar la cultura del tabaco y propone lugares libres de humo. Muy bien. Pero no pasa lo mismo con el alcohol y la ludopatía, que son las adicciones socialmente más aceptadas y tal vez mucho más dañinas”.
Pero Escampi y Blanca coinciden en que la ludopatía comienza a ser reconocida como adicción. Los medios han ayudado a poner el problema en la agenda pública. “Es un aporte inestimable… publican la naturaleza de la adicción, hablan de los espacios en que se lo enfrenta y cuyo número crece. El ludópata ya no está solo”.
Huelga aquí definir qué es un ludópata. “Son de ese tipo de definiciones innecesarias, están en la línea cotidiana de conocimientos”, hubiera dicho Marshall McLuhan 40 años atrás. Y en 40 años, esa línea es más gruesa.
Como huelga aquí hablar de dónde comienza el camino del ludópata (ver Historias en esta misma página).
–Porque está el jugador social, el que juega por placer, en un momento puntual y no escribe ninguna otra historia –comenta un profesional vinculado con el Programa de Asistencia al Jugador Compulsivo (0800 444 4000)– y está el compulsivo, sufriente, muy sufriente. Solitario…
–Sí, sí… solitario, funcionando en su lógica: la adicción. Cabulero, capaz de ponerle azúcar a la tragamonedas en el convencimiento de que de esa forma se gana el favor de la máquina. No le gusta que lo miren jugar –destaca Débora Blanca, de la ONG Entrelazar (0810 888 0555)
Y en el libro que escribe Luz Mariela Coletti, “La adicción al juego ¿no va más?”, señalan:
• El sujeto (el ludópata, claro) se descubre inmerso en un círculo fatídico: cree que va a ganar, a pasarla bien. Si gana mucho quiere volver, si pierde también porque quiere recuperar lo perdido; comprueba que si gana no para hasta perder, y si pierde y pierde al salir, la culpa y los reproches son tan tormentosos que vuelve para aliviarse, y así recomienza el círculo.
–Es un mundo bajo imperio de la adrenalina, de búsqueda incesante de resultados en unidades de tiempo muy cortas. Ahí está el secreto de las máquinas tragamonedas: el tiempo entre la apuesta y el resultado prácticamente no existe, no media nada, es corto y no da respiro: repetir y repetir a empuje de adrenalina y más adrenalina –reflexiona un integrante de Jugadores Anónimos.
Y de cara a sí mismo y a su círculo inmediato, el jugador compulsivo deriva en conductas que lo someten. La mentira, por caso.
“Familiares y amigos pueden encontrarlo con fuertes sumas de dinero que rápidamente se esfuman. También aquí las explicaciones sobran (‘me robaron’, ‘perdí un negocio’, ‘perdí la billetera’) y la consabida frase: ‘Ya lo voy a recuperar, me voy a encargar de esto solo’. Es cierto que va a buscar recuperarlo, pero será a través del juego. Pide préstamos, incluso roba en su trabajo, que cree que son préstamos también, que los va a devolver”, se señala en el libro “La adicción al juego ¿no va más…?
Y así, cuando el jugador compulsivo reflexiona en esos términos, está atenazado por el pensamiento mágico. ¿Cuál es el dictado de este pensamiento? “Seguí que vas a ganar, seguí”. Es un pensamiento que el jugador asume a entrega total, a certeza absoluta que será así. No duda. Y sigue y sigue.
–La familia y los amigos o algún amigo siempre están en la punta de riel de todo tratamiento del ludópata. Son ellos los que hacen de nexo entre el jugador y el acercarse a un tratamiento –comenta Débora Blanca.
–El jugador puede o no estar de acuerdo en cuanto a tratarse. Hasta puede interpretarse que el tratamiento es para él otra apuesta: “Bueno, veo qué pasa, si gano o no gano con esto”. Pero lo importante es la evaluación que –al menos nosotros en Entrelazar trabajamos así– obtenemos de las entrevistas de admisión del ludópata… cada uno de ellos tiene sus características. Trabajamos la patología de base, como si manejó en –si los tuvo– períodos de abstinencia. No ponemos la abstinencia como condición para tratarse. No le decimos “dejá de jugar; si no, no vale”. Esperamos eso, pero lo importante es arrancar una vía que explore la razón por la que juega y sufre… No podemos darnos en lujo de que salga de esta adicción para ir a otra. Por eso queremos saber por qué llegó adonde llegó.
Desde cualquier parte del país entre las 14 y las 20 se puede discar 011 4328 0019. Una voz de turno atenderá con mucha naturalidad…
–Jugadores Anónimos, ¿en qué le podemos ser útil? Si usted es un jugador compulsivo y está sufriendo, bueno lo más importante es tener el deseo de dejar de jugar –señala la voz y tras avanzar en el contacto informa:
–En un rato tomaremos contacto con usted. No está solo, téngalo en cuenta: no está solo…
Pasa el rato.
–Hola, soy Julio, de Jugadores Anónimos…
–¿Julio cuánto?…
–Julio, somos anónimos. No lo tome a mal. Pero estamos visibles en la Argentina desde 1985 y donde ya tenemos 70 grupos funcionando en todo el país. Nacimos en 1957 en Los Ángeles. En Buenos Aires tenemos nuestras oficinas en Maipú 464, piso 3…Y también una Línea de Vida: 011 154 412 6745. Somos una hermandad no religiosa, no política, no cobramos cuotas o pagos. Nos mantenemos con nuestras propias contribuciones…
–En realidad, no soy jugador. Soy periodista del diario “Río Negro”. Y quería saber…
–También estamos en Río Negro y Neuquén. Sé lo que quiere. Sí, trabajamos en grupos, se habla mucho, se saca mucho afuera, se transfieren experiencias, el convencimiento de que se puede salir y se sale de esta adicción y sí, sí se sale –dice Julio y cuenta historias que avalan sus palabras…
O sea, la lucha sigue y sigue…
Carlos torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
Jugador compulsivo, patología en expansión
–No, no se confunda: es la segunda adicción que tratamos aquí, que como hospital de la Ciudad de Buenos Aires es el único dedicado a tratar adicciones –dice el licenciado en Psicología Alberto Trómboli, profesional del Hospital Durand. Y acota:
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