Expectantes bajo la lluvia
Contexto
Las cámaras de televisión acompañaron a los cardenales hasta el interior mismo de la Capilla Sixtina. Vestidos con sus roquetes blancos, sotanas rojas y el capelo, los 115 purpurados electores entraron solemnemente en el oratorio papal, donde bajo los frescos pintados por Miguel Ángel, entre la Creación y el Juicio Final, deberán afrontar la tarea de elegir entre ellos al líder mundial de 1.200 millones de católicos. Todos cantaron juntos el “Veni Creator Spiritus” (“Ven espíritu creador”), himno gregoriano para invocar al Espíritu Santo, quien según la fe de los cardenales es quien verdaderamente guía la elección. Después, uno a uno fueron jurando en latín ante el Evangelio que guardarán silencio sobre todo lo que ocurra entre esas cuatro paredes. Acto seguido, se escuchó el grito del “extra omnes”, “todos fuera”, y también las cámaras salieron y vieron cerrarse ante sí las puertas de la Sixtina. Desde primeras horas de la mañana la plaza se fue llenando, primero con largas colas para asistir a la misa en la basílica de San Pedro y después para esperar el resultado del cónclave. “Ojalá elijan un Papa con mucha fuerza, sabiduría, mucha coherencia ¡Y que resuelva los escándalos de Vatileaks!”, explicó Verónica, una mexicana de 30 años que viajó con su marido y su hijo. Ahora los objetivos de las televisiones de todo el mundo apuntan a la chimenea desde la que hoy, tal y como se esperaba, salió una primera “fumata negra”, símbolo de que los cardenales votaron sin ponerse de acuerdo sobre un candidato concreto. “Apuesto a que en el cónclave no habrá más de dos o tres fumatas o no muchas más”, afirmó el experto vaticanista Eric Frattini, convencido de que muchos cardenales ya tomaron su decisión antes de entrar. Para la elección de Benedicto XVI en 2005 fueron necesarias tan sólo 26 horas. Pese al optimismo por que se conozca pronto el nombre del nuevo papa, el día gris y lluvioso de la jornada inaugural del cónclave acompaña al ambiente que se vive estos días en Roma. A diferencia del cónclave anterior, el actual no se produce después de la muerte de ningún papa, pero la elección se ve oscurecida por el escándalo de filtraciones conocido como “Vatileaks” y que, según versiones de prensa, podría haber sido el verdadero motivo de la renuncia de Benedicto XVI. Por el momento no se conoce quién será el nuevo papa, pero más que su nacionalidad parece importar que sea alguien joven y con la fuerza suficiente para gobernar con mano dura a los organismos centrales de la Iglesia e incluso reformarlos, una tarea que obispos y teólogos plantean desde hace décadas y que ahora parece estar de nuevo en la agenda ante los recientes sucesos. (DPA)
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