Claudia Piñeiro despierta recuerdos dormidos

La escritora presentó, en esta edición de la feria, “Un comunista en calzoncillos”.

Redacción

Por Redacción

La escritora Claudia Piñeiro presentó este fin de semana en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires su última novela “Un comunista en calzoncillos”, donde en clave de ficción recupera la imborrable figura de su padre y su propia infancia marcada por la dictadura militar. La autora conversó acerca de cuál fue la génesis de esta ficción autobiográfica, y de cómo al escribirla se disparan los recuerdos encubiertos o se descubren aquellos olvidados, también los imaginados o distorsionados por el paso del tiempo. “La ficción autobiográfica –dice Piñeiro– te permite establecer puentes que cortó en algún momento la realidad. Me pidieron un párrafo sobre lo estaba haciendo cuando me enteré del golpe militar del 76. Me acuerdo que lo envié pero después me quedé pensando: ‘fui a clase ese día o no’, ese tipo de preguntas”. El otro día, menciona la autora de “Las viudas de los jueves”, Pérez Reverte me dijo que la memoria es como un ramo de cerezas que vos tirás y salen un montón de cosas por los costados, y me pareció una linda imagen. Yo empecé a tirar y aparecieron hechos, imágenes, de los que hasta entonces no tenía conciencia y dije: acá hay una novela. Y entonces a lo autobiográfico me atreví a ponerle ficción. Mucho es inventado, pero lo central es la relación que tuve con mi padre cuando finalizaba mi infancia, en ese impreciso paso hacia la adolescencia”, cuenta acerca del libro, recién publicado por Alfaguara, que le dejó la sensación de “una realidad reparada”. “Entre las citas seleccionadas, que preceden al texto, elegí una de Rilke: ‘La verdadera patria del hombre es la infancia’. De ahí viene uno”, afirma Piñeiro. La novela transcurre desde diciembre del 75 a junio del 76, y está dividida en un texto titulado “Mi padre y la bandera” y las cajas chinas numeradas, donde se entreveran palabras, anécdotas, citas históricas y fotografías que permiten escaparse del tiempo acotado de la narración. “La idea surgió al escribir cuando aparecieron recuerdos que se iban del núcleo ficcional y desde la mirada de una niña, como la muerte de mi padre, o los orígenes de mis abuelos. Y de cosas que no encajaban y que tienen que ver con esa idea de racimo, de recuerdos dejados al costado”, describe. La imagen del padre se perfila en el Burzaco natal de Piñeiro, en una familia de clase media, donde se recorta la figura paterna, que tiene una influencia sobre esa niña que narra lo que pasa en esos meses en su casa, en su barrio, en el club, en la escuela. “Afuera estaba la dictadura, pero nosotros seguíamos con nuestras vidas, aunque quedamos marcados por hechos de esa época”, reflexiona la escritora. “Desde mi padre, siempre la figura central, irrumpieron recuerdos relacionados con esos momentos. Al recuerdo uno lo viste de distintas cosas a través del tiempo, es un proceso emocionante despertar recuerdos dormidos”, desliza. (Télam)

Dictadura, adolescencia y la presencia paterna confluyen en la novela.


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