Testigos complican al autor de un triple crimen

El panadero Alcides Domínguez mató a miembros de una familia en Plaza Huincul. Numerosos testimonios lo implican en el intento de asesinar a un chapista vecino.

Redacción

Por Redacción

ZAPALA (AZ)- “Déjenme matar a éste, total ya estoy jugado” les habría dicho el panadero Alcides Armando Domínguez (53) a los policías que intentaban detenerlo después de ultimar balazos a Margarita Mardones (43), Pamela (17) y Cristian Cofré (15). Domínguez quería saciar su furia asesinando al chapista Oscar Gómez, un vecino que salvó milagrosamente su vida ocultándose detrás de un móvil policial.

El relato, traído por varios testigos presenciales de la masacre de Plaza Huincul ocurrida en el barrio 158 Viviendas el 16 junio de 2001, complicó la situación de Domínguez, único acusado por el hecho, al término de la primera jornada de debate en la Cámara de Zapala.

Domínguez está acusado de triple homicidio calificado por alevosía, lesiones graves, lesiones leves y amenazas calificadas.

“¿Esto querías?” le preguntaba Domínguez a Margarita Mardones después de efectuarle varios disparos y rematarla en el piso según la versión que entregó Omar Berdún, un vecino que presenció los hechos. “Cuando salía de la casa se tropezó con el cuerpo de Margarita y le tiró varias veces más” contó Berdún.

Los siete testigos presenciales (además declaró una médica policial), que desfilaron ayer ante el tribunal integrado por Enrique Modina, Víctor Hugo Martínez y Oscar Rodeiro coincidieron en señalar que la enemistad entre las familias de Domínguez y Omar Cofré venía de larga data.

“Esa noche empezaron a discutir en la vereda y de repente Domínguez sacó un arma y empezó a tirar” indicó Oriel Talavera, otro de los vecinos. “Primero cayó Margarita, después Cristian y siguió tirando hacia adentro” agregó. “Los voy a matar a todos estos hijos de p…” gritaba el panadero, según Talavera.

Otra furiosa salida

De acuerdo con los testigos, Domínguez además disparó contra el menor Brian Cofré a quien hirió en el abdomen y cuando salía remató a Margarita Mardones. En ese momento Domínguez regresó a su casa pero a los pocos minutos salió otra vez con el arma y a pesar de la presencia policial y de varios vecinos que intentaban auxiliar a las víctimas, la emprendió contra Omar Cofré a quien logró herir con numerosos impactos de su arma 9 milímetros.

La furia asesina de Domínguez encontró en ese instante un nuevo objetivo ya que en la escena también estaba Gómez, un chapista vecino con el cual mantenía diferencias. “A vos también te voy a dar” le gritó y empezó a perseguirlo arma en mano. “Déjenme que mate a este, total ya estoy jugado” le gritó a los efectivos que lo rodeaban sin lograr contenerlo.

“Me estaba bañando y por la ventanita pude ver lo que pasaba” contó Gómez. “Traté de vestirme rápido para ir a ayudar a los heridos pero cuando llegué Domínguez me empezó a corretear y también quería matarme” aseguró.

Por su parte, el acusado eligió el silencio como estrategia defensiva. “Me acuerdo muy poco” señaló ayer ante el tribunal mientras que su defensor, Miguel Valero, solicitó para hoy la presencia del perito psicológico que lo atendió poco después del hecho.

“Cuando llegué mi mamá ya estaba muerta y después ví cómo mató a mi hermana Pamela” expuso en un emotivo relato Gisella Cofré, una de las sobrevivientes de la tragedia.

“Siempre se enojaba por cualquier motivo y un tiempo antes nos tiró el auto encima cuando íbamos caminando con mi hermana y una tía” completó.

“Tenía problemas con muchos vecinos, una vez a mi hijo lo agarró del cuello y a mi me tiró contra unos cajones de cerveza” aseguró Yolanda Martínez, otra testigo del vecindario.

“¡No, por Dios!, le grité pero me miró e igual disparó contra Pamela” indicó Olga Peña.


ZAPALA (AZ)- “Déjenme matar a éste, total ya estoy jugado” les habría dicho el panadero Alcides Armando Domínguez (53) a los policías que intentaban detenerlo después de ultimar balazos a Margarita Mardones (43), Pamela (17) y Cristian Cofré (15). Domínguez quería saciar su furia asesinando al chapista Oscar Gómez, un vecino que salvó milagrosamente su vida ocultándose detrás de un móvil policial.

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