Un golazo argentino en la pantalla grande
El filme, hecho por Argentina y España, costó u$s 20 millones.
AP
“Metegol”, el primer filme de animación de Juan José Campanella llega a los cines de la región mañana para contar una historia reconocible, entrañable y futbolera, nacida a partir de “Memorias de un wing derecho”, el relato de Roberto Fontanarrosa, adaptado por el escritor Eduardo Sacheri, Gastón Gorali, Axel Kuschevatzky y el propio realizador.
Este equipo principal, el mismo de “El secreto de sus ojos”, el segundo filme argentino ganador del Oscar de Hollywood a la mejor producción extranjera, requirió una inversión de Argentina y España, que supera los 20 millones de dólares.
Para doblar a los personajes animados, participaron Pablo Rago, Diego Ramos, Fabián Gianola, Miguel Ángel Rodríguez, Lucía Maciel y Horacio Fontova.
El filme narra la historia del joven Amadeo, empleado en un bar en un pueblo pequeño, que es un excelente jugador de metegol y que está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe.
Amadeo enfrenta y le gana al metegol al joven Grosso, quien luego se convierte en el mejor futbolista del mundo y vuelve a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida.
Amadeo y Laura se unen para recuperar el metegol y sus pequeños jugadores de plomo que fueron a parar a un basural, y con los vecinos unidos en equipo enfrentar al equipo profesional pero desapasionado del ególatra regresado y su mánager, en un partido en el que se juegan su futuro.
La idea del club, de la sociedad civil unida, vuelve de la mano de Campanella.
El tema recurrente
“Uno no es consciente cuando está haciendo una película cuál es el tema recurrente. Hace cosa de un año y pico me di cuenta de que influencias o semejanzas tiene, en cuanto a contenido espiritual, con ‘Luna de Avellaneda’”, dijo. Y agregó: “La pasión está presente. En ‘El mismo amor, la misma lluvia’ era el amor frustrado y como que la demostración de la pasión empieza a surgir tangencialmente en ‘El secreto…’ y ahora es el eje. El tema de la relación del individuo con la comunidad que era el eje de ‘Luna de Avellaneda’, es decir que además de ser una suma de individuos, somos comunidad, que ninguna de las dos cosas se pierdan. La pasión se convierte en un tema importantísimo”.
Otra obsesión son “los parques de diversiones de nuestra infancia, esos que había en Mar del Plata o en Miramar, que siempre aparecían, alguno con seis o siete jueguitos… Esos de los que todavía quedan algunos con máquinas oxidadas, en un presente raro, en un barrio de Buenos Aires pero en un valle cordobés, un valle que necesitábamos por una cuestión argumental”, explica.
“Cuando nos pusimos a pensar en la arquitectura nos pareció que debía ser un poco más urbana, con una recova como la del bajo porteño, y nos viene bárbaro que sea una arquitectura como la de Buenos Aires, muy europea, por el tema de la coproducción, es decir universalidad sin perder argentinidad, que no tenga nada de estadounidense”.
(Télam/DyN)
AP
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