Todo lo que un estudiante debiera (al menos) saber

Redacción

Por Redacción

La nueva escuela secundaria, que desanda el anárquico esquema de reforma educativa de los 90 que aplicaron las jurisdicciones a excepción de la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, genera como todo cambio en la enseñanza una serie de demandas, objeciones y tironeos, pero fundamentalmente abrió el debate de lo que mínimamente se debe enseñar y un joven, aprender. Muchos por estos días se preguntan qué consecuencias traerá la posibilidad –tal como lo permite el Consejo Federal de Educación que integran los 25 ministros del país– de que las jurisdicciones achiquen en el currículo secundario la cantidad de orientaciones a diez únicas y de convertir en optativo el dictado de materias integrales como Historia, Geografía, Filosofía y Formación Cívica en los últimos años de ese nivel. En la Ciudad de Buenos Aires sectores estudiantiles, académicos y sindicatos docentes salen, con diversos matices, en “defensa” del centenar de orientaciones que ofrecen las secundarias y técnicas porteñas y no quieren perder esas características de vanguardia. “Imagínense a un joven que va a llegar a votar a las elecciones sin saber qué pasó en el país en 1930”, advierte Miguel Ángel Molina, dirigente de la Corriente Unificada de Estudiantes Secundarios y titular del centro estudiantil del Liceo 4 de Capital Federal. Para Molina, “las ciencias sociales optativas van a segmentar el pensamiento de la juventud y de nada servirá un título secundario sin haberlas estudiado”. A su vez, el presidente del Consejo Económico y Social, Sergio Abrevaya, que lideró un extenso debate con 3.000 referentes del trabajo, la producción, el sindicalismo, la docencia, universidades y confesiones religiosas, ve que pueden “hacer agua” las conclusiones que compilaron en el libro “Los 19 pilares de la escuela secundaria”, que hasta entregaron a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Abrevaya sostiene que hay sectores “conservadores” dentro de las mismas agremiaciones docentes “que se proclaman progresistas y que se oponen a los cambios”. Por estos días también se suma al debate el papel de las tecnologías con que conviven diariamente los jóvenes y su empleo pedagógico en escuelas secundarias del país, el que escasamente está incluido y que reclaman los profesores especializados en Informática, Tecnologías de la Información y Comunicación. Para algunos especialistas algo extremos “el formato analógico de la educación ya terminó” y no es sólo la cuestión de la posesión de netbooks, celulares, cámaras y pantallas, sino de “incorporarlos a la enseñanza”, ya que dicen: “No es el futuro, ya es el presente”. El exministro de Educación nacional y pedagogo de Unesco Juan Carlos Tedesco puso en la mesa días atrás las tres líneas indispensables que deben cruzar a la enseñanza hoy: la lectoescritura, la ciencia y la alfabetización digital. Tedesco dijo que es necesario “ampliar el concepto de alfabetización” al sostener que “si bien la lectoescritura es importante, hay otros dos códigos que hoy definen el núcleo básico de la formación de una persona: la alfabetización digital y la científica. Las tres alfabetizaciones están muy vinculadas y deben pensarse como un bloque único”. “Puedo resolver el problema de acceso pero también debo manejar las nuevas tecnologías; hasta ahora razonamos desde el aparato al aprendizaje y no desde el aprendizaje al aparato. Tenemos que plantearles a las empresas las necesidades del aprendizaje”, sostuvo Tedesco en la Universidad de San Andrés. Debates que circularán durante muchos meses y tal vez años se refieren a si los no pudientes tendrán sólo netbooks y los ricos accederán a buenos maestros, como señalan algunas corrientes hoy, y a si los jóvenes tienen que aprender cuestiones no aplicables a la vida cotidiana y solución de problemas o son necesarios nuevos espacios extracurriculares. Los interrogantes están abiertos y la duda sigue flotando: ¿es cierto que algo que nunca cambiará es que la esencia del conocimiento es el conocimiento mismo? (*) Analista de educación. DyN

LAURA HOJMAN (*)


La nueva escuela secundaria, que desanda el anárquico esquema de reforma educativa de los 90 que aplicaron las jurisdicciones a excepción de la Ciudad de Buenos Aires y Neuquén, genera como todo cambio en la enseñanza una serie de demandas, objeciones y tironeos, pero fundamentalmente abrió el debate de lo que mínimamente se debe enseñar y un joven, aprender. Muchos por estos días se preguntan qué consecuencias traerá la posibilidad –tal como lo permite el Consejo Federal de Educación que integran los 25 ministros del país– de que las jurisdicciones achiquen en el currículo secundario la cantidad de orientaciones a diez únicas y de convertir en optativo el dictado de materias integrales como Historia, Geografía, Filosofía y Formación Cívica en los últimos años de ese nivel. En la Ciudad de Buenos Aires sectores estudiantiles, académicos y sindicatos docentes salen, con diversos matices, en “defensa” del centenar de orientaciones que ofrecen las secundarias y técnicas porteñas y no quieren perder esas características de vanguardia. “Imagínense a un joven que va a llegar a votar a las elecciones sin saber qué pasó en el país en 1930”, advierte Miguel Ángel Molina, dirigente de la Corriente Unificada de Estudiantes Secundarios y titular del centro estudiantil del Liceo 4 de Capital Federal. Para Molina, “las ciencias sociales optativas van a segmentar el pensamiento de la juventud y de nada servirá un título secundario sin haberlas estudiado”. A su vez, el presidente del Consejo Económico y Social, Sergio Abrevaya, que lideró un extenso debate con 3.000 referentes del trabajo, la producción, el sindicalismo, la docencia, universidades y confesiones religiosas, ve que pueden “hacer agua” las conclusiones que compilaron en el libro “Los 19 pilares de la escuela secundaria”, que hasta entregaron a la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Abrevaya sostiene que hay sectores “conservadores” dentro de las mismas agremiaciones docentes “que se proclaman progresistas y que se oponen a los cambios”. Por estos días también se suma al debate el papel de las tecnologías con que conviven diariamente los jóvenes y su empleo pedagógico en escuelas secundarias del país, el que escasamente está incluido y que reclaman los profesores especializados en Informática, Tecnologías de la Información y Comunicación. Para algunos especialistas algo extremos “el formato analógico de la educación ya terminó” y no es sólo la cuestión de la posesión de netbooks, celulares, cámaras y pantallas, sino de “incorporarlos a la enseñanza”, ya que dicen: “No es el futuro, ya es el presente”. El exministro de Educación nacional y pedagogo de Unesco Juan Carlos Tedesco puso en la mesa días atrás las tres líneas indispensables que deben cruzar a la enseñanza hoy: la lectoescritura, la ciencia y la alfabetización digital. Tedesco dijo que es necesario “ampliar el concepto de alfabetización” al sostener que “si bien la lectoescritura es importante, hay otros dos códigos que hoy definen el núcleo básico de la formación de una persona: la alfabetización digital y la científica. Las tres alfabetizaciones están muy vinculadas y deben pensarse como un bloque único”. “Puedo resolver el problema de acceso pero también debo manejar las nuevas tecnologías; hasta ahora razonamos desde el aparato al aprendizaje y no desde el aprendizaje al aparato. Tenemos que plantearles a las empresas las necesidades del aprendizaje”, sostuvo Tedesco en la Universidad de San Andrés. Debates que circularán durante muchos meses y tal vez años se refieren a si los no pudientes tendrán sólo netbooks y los ricos accederán a buenos maestros, como señalan algunas corrientes hoy, y a si los jóvenes tienen que aprender cuestiones no aplicables a la vida cotidiana y solución de problemas o son necesarios nuevos espacios extracurriculares. Los interrogantes están abiertos y la duda sigue flotando: ¿es cierto que algo que nunca cambiará es que la esencia del conocimiento es el conocimiento mismo? (*) Analista de educación. DyN

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora