Las Pastillas del Abuelo suena en el sur
La banda lleva más de una década sonando en el país y nueve discos.
Archivo
NEUQUÉN (AN).- Probablemente una década atrás los jovencísimos Alejandro Mondelo (teclado y coros), Juan G. Fernández (voz), Diego Bozzalla (guitarra y coros), Joel Barbeito (saxos y coros), Santiago Bogisich (bajo), Juan Comas (batería) y Fernando Vecchio (guitarra y coros) pudieran soñar e incluso imaginar (como sonidos bocetados) de qué manera subirían a cientos de escenarios y grabarían varios discos. Cuando empezaron a nombrarse como Las Pastillas del Abuelo y a jugar con géneros y ritmos varios, ya no pararon. El guitarrista de la banda, antes de tocar el sábado, a las 21, en esta ciudad, adelanta a “Río Negro” el camino que proyectan: “ Tratamos de tocar todo lo que podemos, pero es muy difícil salir de gira. Te genera satisfacciones y preocupaciones y terminás optando por hacer lo que podés y no por todo (ni siempre) hacer lo que querés –reflexiona Vecchio–. No es fácil diseñar una gira autogestionada, ni mover a veintipico de personas: hay que acomodar tiempos y costos y si esperamos a tener material nuevo capaz que en un año sea difícil volver. Dijimos: ‘vamos al sur, que hace tiempo que no vamos’, queremos estar en permanente movimiento y seguir llegando. Queríamos hacer giras una vez por año, pero quedó claro que es complejo. Por eso nos alegra poder hacerlo ahora”. –¿Por dónde avanzan sus proyectos? –Lo que es música lo separaría en dos partes: por un lado, lo que va de cara a nuestro próximo disco de estudio, que esperamos tener el año que viene en la calle –es un proceso que ahora tomamos con otro aire, porque cada disco tiene que ser superador al anterior y sumará otra gente y llevará otros tiempos–. Por el lado de las composiciones, estamos ensayando lo que sería una obra de teatro musical: son unas doce o trece canciones, un proyecto más conceptual, que cuenta la historia de una persona, desde que nace hasta que muere, capítulo a capítulo. Va todo guionado con un concepto de teatro ciego. –Todo un desafío… –Es todo a oscuras y nunca hicimos algo así. Excede por mucho el terreno que conocemos. Hacer canciones es lo que conocemos, pero convertir esto en una obra de teatro y lograr transmitir lo que querés sin el uso de la vista, implica un montón de desafíos y es terreno desconocido para nosotros. Estamos abocados a eso, y también a preparar el show del 5 de octubre en Tecnópolis, y después nos vamos a México… Hay tantas cosas comprometidas y en proceso de hacer, que el disco nuevo (toma aire) será el año que viene (acompañan la risa con un suspiro). –¿La convicción es el sostén? –Y sí. No sabemos hacer otra cosa. Preferimos creer a full y abocarnos a esto y trabajar mucho para que salga: es la pasión y la convicción. Sólo podés dominar eso de que “la inspiración te agarre trabajando”. –¿Cómo hacer para mantener los vínculos “sanos” tras una década? –Creo que nos llevamos mejor últimamente que hace cinco años atrás, ponele. Una banda es una mezcla entre un noviazgo y un trabajo, por decirlo de alguna manera. Porqué lo digo: porque está la locura personal de cada uno y vos con eso tenés que ir a tocar. Esa situación te lleva a plantearte algunas cosas. Al principio todo es color de rosa: después de cuatro o cinco años, como cualquier laburo, como cualquier relación personal, la novedad se acaba y uno tiene que empezar a lidiar con lo que le molesta de todo lo demás. Cuando termina esa etapa, llega la aceptación: aprendiste a incorporar lo bueno y lo malo del que tenés a lado y a ver a qué le das más valor. –Suena un poco a ¿madurar? –Y, cumplí 37 años. Cuando empezamos a tocar tenía 25: pasaron un montón de cosas. Cada cosa que no te da la razón te quita un poco de soberbia, te va ubicando. Después de diez años, nadie la tiene tan clara ni es tan boludo, sólo somos gente, como todos. Por ahora estamos en los casi once y en un buen momento de banda y de amigos.
Archivo
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora