“Vida de perros”
Con respecto a los perros de la calle, en Bariloche, se discute la eutanasia como método para controlar la superpoblación, y los partidarios de esto no escatiman eufemismos ni doble discurso para atenuar las reacciones del público. Pero se han olvidado de un aspecto de importancia fundamental: la educación de los niños. Ellos son todo emoción y los animales tienen un lugar muy importante en sus vidas. Ningún niño aceptará con razonamientos que se mate a un perro. Si vive en una sociedad no eutanásica, crecerá con una moral más sólida y será más resistente a aceptar la muerte provocada como hecho inevitable, sea perro, gato, persona o cualquier ser viviente. Esta moral sólida es un tesoro inmenso para la sociedad y valen muy bien los esfuerzos para lograr solucionar el problema mediante castraciones masivas, capacitación de profesionales, equipos y campañas de concientización popular. Además resulta necesario poner mucha energía, decisión y recursos para que no sea una utopía, porque el problema es real. ¿Qué se logra a cambio? El niño se transforma en joven y el joven en adulto. El municipio se transforma en provincia y la provincia en nación. Todos respetando la vida como parte del ser nacional. Por ejemplo, “Talero”. Hay una historia cercana y reciente que tuvo mucha repercusión y viene bien al caso que nos ocupa: El 16 de julio pasado, Bernardo Quirós, trabajador rural de Alto Río Senguer en Chubut, tuvo un desperfecto en su auto al tiempo que se descargaba una fuerte tormenta de nieve. Salió a buscar ayuda acompañado por su perro “Talero” y lamentablemente perdió el rumbo y murió por el frío. Su cadáver fue encontrado 23 días después y los socorristas fueron alertados por los ladridos de Talero, que debió soportar 23 días a temperaturas del orden de 14 grados bajo cero con viento y nieve, y buscó alimento cazando animales. No tocó el cadáver a pesar de ser carnívoro. Hay indicios de que intentó darle calor con su cuerpo y sólo permitió que se acercaran a Quirós cuando reconoció a un familiar de éste. Talero no es un perro muy especial, sino uno común como tantos otros que pueden encontrarse en la calle. Pero el destino lo puso en un trance muy especial. Nuestros amigos los perros nos recuerdan que nuestros destinos están muy entrelazados. La foto de Talero es auténtica, el autor de esta nota viajó a Río Senguer para tomarla y recopilar otras informaciones. Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Miembro de “Dejando Huellas” Bariloche
la foto del lector
Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Miembro de “Dejando Huellas” Bariloche
Con respecto a los perros de la calle, en Bariloche, se discute la eutanasia como método para controlar la superpoblación, y los partidarios de esto no escatiman eufemismos ni doble discurso para atenuar las reacciones del público. Pero se han olvidado de un aspecto de importancia fundamental: la educación de los niños. Ellos son todo emoción y los animales tienen un lugar muy importante en sus vidas. Ningún niño aceptará con razonamientos que se mate a un perro. Si vive en una sociedad no eutanásica, crecerá con una moral más sólida y será más resistente a aceptar la muerte provocada como hecho inevitable, sea perro, gato, persona o cualquier ser viviente. Esta moral sólida es un tesoro inmenso para la sociedad y valen muy bien los esfuerzos para lograr solucionar el problema mediante castraciones masivas, capacitación de profesionales, equipos y campañas de concientización popular. Además resulta necesario poner mucha energía, decisión y recursos para que no sea una utopía, porque el problema es real. ¿Qué se logra a cambio? El niño se transforma en joven y el joven en adulto. El municipio se transforma en provincia y la provincia en nación. Todos respetando la vida como parte del ser nacional. Por ejemplo, “Talero”. Hay una historia cercana y reciente que tuvo mucha repercusión y viene bien al caso que nos ocupa: El 16 de julio pasado, Bernardo Quirós, trabajador rural de Alto Río Senguer en Chubut, tuvo un desperfecto en su auto al tiempo que se descargaba una fuerte tormenta de nieve. Salió a buscar ayuda acompañado por su perro “Talero” y lamentablemente perdió el rumbo y murió por el frío. Su cadáver fue encontrado 23 días después y los socorristas fueron alertados por los ladridos de Talero, que debió soportar 23 días a temperaturas del orden de 14 grados bajo cero con viento y nieve, y buscó alimento cazando animales. No tocó el cadáver a pesar de ser carnívoro. Hay indicios de que intentó darle calor con su cuerpo y sólo permitió que se acercaran a Quirós cuando reconoció a un familiar de éste. Talero no es un perro muy especial, sino uno común como tantos otros que pueden encontrarse en la calle. Pero el destino lo puso en un trance muy especial. Nuestros amigos los perros nos recuerdan que nuestros destinos están muy entrelazados. La foto de Talero es auténtica, el autor de esta nota viajó a Río Senguer para tomarla y recopilar otras informaciones. Enrique J. Campitelli DNI 4.267.347 Miembro de “Dejando Huellas” Bariloche
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