Se inicia el desfile
Tuvieron que pasar más de diez años desde la llegada al poder del matrimonio Kirchner antes de que un funcionario del gobierno resultante fuera procesado por enriquecimiento ilícito, lo que, conforme a las pautas internacionales, haría pensar que ha estado relativamente libre de corrupción. Al fin y al cabo, en países europeos como el Reino Unido, hasta exministros de gobiernos más recientes se han visto encarcelados por cometer delitos decididamente menores que los atribuidos a personajes como el exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime, que, luego de una investigación prolongada, está en apuros porque no ha podido justificar la adquisición de una cantidad impresionante de bienes, entre ellos un barco, un avión, autos, un hotel, departamentos en el país y en Brasil, además de otros inmuebles y algunas empresas periodísticas que con toda seguridad valen mucho más que los 12,5 millones de pesos a los que aludió el juez federal Norberto Casanello. De todos modos, por tratarse del funcionario kirchnerista más “emblemático”, no sorprende en absoluto que Jaime haya sido el primero en tener que rendir cuentas ante la Justicia, pero sí resultaría asombroso que fuera el último. Como sucedía cuando la década ganada por el menemismo se acercaba a su fin, son muchos los personajes vinculados con el poder político que han prosperado por medios difícilmente explicables, transformándose, en algunos casos, de casi indigentes en magnates multimillonarios. Por desgracia, a esta altura virtualmente nadie puede creer que la corrupción sea un fenómeno limitado a algunos sujetos inescrupulosos que lograron engañar a los Kirchner. Tanto el expresidente Néstor Kirchner como su esposa y sucesora, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, siempre han monitoreado, con la ayuda de los servicios de inteligencia, todas las actividades de los miembros del gobierno y de su entorno personal. Asimismo, el crecimiento explosivo del patrimonio declarado del matrimonio y sus lazos con Jaime y contratistas como Lázaro Báez hacen verosímiles las denuncias de quienes creen que ellos también aprovecharon todas las oportunidades disponibles para enriquecerse a costillas del resto del país. Exageradas o no, las sospechas en tal sentido constituyen una realidad política de importancia fundamental, ya que no cabe duda de que, al darse cuenta los kirchneristas de que Cristina no podría permanecer en el poder más allá del 10 de diciembre del 2015, están esforzándose por asegurar que, una vez que se encuentren en el llano, cuenten con la ayuda de muchos jueces dispuestos a defender sus intereses personales. Más de tres lustros atrás, los menemistas también querían dotarse de una suerte de guardia pretoriana judicial, pero el cambio del clima político y la reforma de la Corte Suprema impulsada por Néstor Kirchner dieron por tierra tales esperanzas. Combatir la corrupción, sobre todo en una sociedad en la que es endémica desde hace mucho tiempo, es una necesidad sumamente desagradable. A menos que la reputación nacional en el ámbito así supuesto se haya debido a nada más que rumores malintencionados, de aplicarse la ley al pie de la letra, las cárceles no tardarían en llenarse de exfuncionarios, exlegisladores y otros, incluyendo a varios exjueces. Puede entenderse, pues, la voluntad de tantos de limitarse a castigar a los “emblemáticos” de turno, que por lo común resultan ser personas, como María Julia Alsogaray, que carecen de poder político y por lo tanto pueden servir de chivos expiatorios. Desafortunadamente para él, Jaime parece caber en dicha categoría. Si bien pocos dudarían de que se ha enriquecido de manera escandalosa, de tratarse de un político o sindicalista influyente su situación personal sería con toda seguridad menos precaria, aunque, tal y como se perfilan las cosas, hasta personajes que en la actualidad son mucho más poderosos que él pronto podrían compartir el mismo destino. Mal que les pese a aquellos kirchneristas que nunca han disimulado el desprecio que sienten por la Justicia “burguesa”, el humor social es tal que ya escasean los dispuestos a amnistiar a los sospechosos de saquear al país so pretexto de estar protagonizando una epopeya redistributiva, de ahí lo difícil que les sería convencer a sus rivales de respetar un pacto tácito destinado a ahorrarles el desfile tradicional por Tribunales.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Martes 15 de abril de 2014
Tuvieron que pasar más de diez años desde la llegada al poder del matrimonio Kirchner antes de que un funcionario del gobierno resultante fuera procesado por enriquecimiento ilícito, lo que, conforme a las pautas internacionales, haría pensar que ha estado relativamente libre de corrupción. Al fin y al cabo, en países europeos como el Reino Unido, hasta exministros de gobiernos más recientes se han visto encarcelados por cometer delitos decididamente menores que los atribuidos a personajes como el exsecretario de Transporte, Ricardo Jaime, que, luego de una investigación prolongada, está en apuros porque no ha podido justificar la adquisición de una cantidad impresionante de bienes, entre ellos un barco, un avión, autos, un hotel, departamentos en el país y en Brasil, además de otros inmuebles y algunas empresas periodísticas que con toda seguridad valen mucho más que los 12,5 millones de pesos a los que aludió el juez federal Norberto Casanello. De todos modos, por tratarse del funcionario kirchnerista más “emblemático”, no sorprende en absoluto que Jaime haya sido el primero en tener que rendir cuentas ante la Justicia, pero sí resultaría asombroso que fuera el último. Como sucedía cuando la década ganada por el menemismo se acercaba a su fin, son muchos los personajes vinculados con el poder político que han prosperado por medios difícilmente explicables, transformándose, en algunos casos, de casi indigentes en magnates multimillonarios. Por desgracia, a esta altura virtualmente nadie puede creer que la corrupción sea un fenómeno limitado a algunos sujetos inescrupulosos que lograron engañar a los Kirchner. Tanto el expresidente Néstor Kirchner como su esposa y sucesora, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, siempre han monitoreado, con la ayuda de los servicios de inteligencia, todas las actividades de los miembros del gobierno y de su entorno personal. Asimismo, el crecimiento explosivo del patrimonio declarado del matrimonio y sus lazos con Jaime y contratistas como Lázaro Báez hacen verosímiles las denuncias de quienes creen que ellos también aprovecharon todas las oportunidades disponibles para enriquecerse a costillas del resto del país. Exageradas o no, las sospechas en tal sentido constituyen una realidad política de importancia fundamental, ya que no cabe duda de que, al darse cuenta los kirchneristas de que Cristina no podría permanecer en el poder más allá del 10 de diciembre del 2015, están esforzándose por asegurar que, una vez que se encuentren en el llano, cuenten con la ayuda de muchos jueces dispuestos a defender sus intereses personales. Más de tres lustros atrás, los menemistas también querían dotarse de una suerte de guardia pretoriana judicial, pero el cambio del clima político y la reforma de la Corte Suprema impulsada por Néstor Kirchner dieron por tierra tales esperanzas. Combatir la corrupción, sobre todo en una sociedad en la que es endémica desde hace mucho tiempo, es una necesidad sumamente desagradable. A menos que la reputación nacional en el ámbito así supuesto se haya debido a nada más que rumores malintencionados, de aplicarse la ley al pie de la letra, las cárceles no tardarían en llenarse de exfuncionarios, exlegisladores y otros, incluyendo a varios exjueces. Puede entenderse, pues, la voluntad de tantos de limitarse a castigar a los “emblemáticos” de turno, que por lo común resultan ser personas, como María Julia Alsogaray, que carecen de poder político y por lo tanto pueden servir de chivos expiatorios. Desafortunadamente para él, Jaime parece caber en dicha categoría. Si bien pocos dudarían de que se ha enriquecido de manera escandalosa, de tratarse de un político o sindicalista influyente su situación personal sería con toda seguridad menos precaria, aunque, tal y como se perfilan las cosas, hasta personajes que en la actualidad son mucho más poderosos que él pronto podrían compartir el mismo destino. Mal que les pese a aquellos kirchneristas que nunca han disimulado el desprecio que sienten por la Justicia “burguesa”, el humor social es tal que ya escasean los dispuestos a amnistiar a los sospechosos de saquear al país so pretexto de estar protagonizando una epopeya redistributiva, de ahí lo difícil que les sería convencer a sus rivales de respetar un pacto tácito destinado a ahorrarles el desfile tradicional por Tribunales.
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