“Un gobierno fuerte no hubiese generado tanta desigualdad y fractura social”
En principio querría volver a recordarle al señor ministro Axel Kicillof que todo gobierno debe ocuparse, fundamentalmente, de cuatro pilares fundamentales: salud, educación, seguridad y trabajo. Y en relación a ello vuelvo a preguntarle: en estos casi tres períodos kirchneristas, ¿en cuáles de estos cuatro pilares actuó verdaderamente el gobierno? Un gobierno fuerte en salud, educación, seguridad y trabajo no hubiese generado tanta desigualdad y fractura social. Con los desaciertos en materia política y económica, el Estado es en realidad un estatismo trucho que incursiona desesperadamente donde hay caja, la que perdió dilapidando recursos que se podían haber multiplicado si no se hubiesen aplicado políticas populistas y demagógicas, generando inflación, excesivo gasto público y cada vez menos inclusión social debido precisamente a este flagelo económico, ya que además de no haber generación de empleo, el impuesto a la ganancia se transforma en un injusto impuesto al trabajo. El ajuste por inflación es más grande que los propios subsidios. “Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar seguro e inadvertidamente una parte importante de la riqueza de sus conciudadanos”, John Maynard Keynes (economista inglés 1883-1946). Por otra parte, el efecto derrame no funcionó, es evidente que la inmediatez de las soluciones está llena de errores que nos llevan al fracaso. La confianza en el gobierno es indicio de una sociedad equilibrada, pero si el mismo se rodea de funcionarios corruptos es difícil crecer, desarrollarse y lograr el tan ansiado equilibrio. La última carta jugada por el kirchnerismo cuando ya no alcanza con la mentira y la permanente corrupción es la de culpar a los demás de lo que ellos mismos producen y ante el fracaso deben volver al inicio, con costos impensados para toda la sociedad. Tres ejemplos demasiados claros de lo antes expuesto son: 1) No haber previsto con la antelación suficiente el desarrollo energético necesario, a los efectos de no tener hoy que erogar de las reservas de 19.000 millones de dólares para la compra de la energía faltante. Actualmente, en subsidios para este sector, el gobierno invierte poco más de 135.000 millones de pesos. Con el gas se reduce por la quita de subsidios a unos 20.000 millones de pesos, integrando la quita por la parte eléctrica sólo se resuelve el 20% del problema. 2) La reestatización de YPF por los mismos que alguna vez la privatizaron, con una tasación muy poco clara y con final incierto por parte suya y la del secretario de legal y técnica del gobierno, Carlos Zannini, prevé el pago de 5.000 millones de dólares por el 51% de las acciones. El arco político opositor calcula lo que verdaderamente hay que abonar a Repsol por la expropiación: entre 7.000 y 8.000 millones de dólares, sin tener en cuenta, entre otros elementos, el pasivo ambiental. Podemos inferir que el costo terminará siendo poco más de 10.000 millones de dólares, con la estrategia de ir apuntando y apostando a los hidrocarburos. A efectos aclaratorios recomiendo la lectura de la nota aparecida en este medio el 26/3 de Magdalena Odarda y Jorge Ocampos: “Hidrocarburos: obsesiones, advertencias y riesgos”. 3) El deshonroso retorno a los organismos internacionales de crédito, de donde jamás deberíamos haber salido. Eso sí, aplicando políticas asertivas y no las de Guillermo Moreno, que nos aislaron del mundo y que hoy nos muestran, con un duro informe del FMI que destaca que nuestra economía es comparable con la de Venezuela, una marcada caída en su crecimiento y preocupante inflación y devaluación. Leer: “Duro informe del FMI sobre la Argentina ”, editado por este medio el 9/4, pág. Hoy se está negando el índice de pobreza e indigencia, pero la Iglesia asegura que el mismo ha crecido y sobrepasado la línea del 27%. Por lo tanto, señor ministro, si se siguen desoyendo las advertencias, aunque provengan del arco opositor, y se insiste en mantener políticas y funcionarios corruptos con nuevas mentiras mimetizadas en un nuevo discurso donde, entre otras, usted niega que el índice de pobreza haya aumentado, es lógico que no se sepa de dónde recortar subsidios y mucho menos a quiénes deberían ser asignados en forma eficiente. Ing. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
Ing. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
En principio querría volver a recordarle al señor ministro Axel Kicillof que todo gobierno debe ocuparse, fundamentalmente, de cuatro pilares fundamentales: salud, educación, seguridad y trabajo. Y en relación a ello vuelvo a preguntarle: en estos casi tres períodos kirchneristas, ¿en cuáles de estos cuatro pilares actuó verdaderamente el gobierno? Un gobierno fuerte en salud, educación, seguridad y trabajo no hubiese generado tanta desigualdad y fractura social. Con los desaciertos en materia política y económica, el Estado es en realidad un estatismo trucho que incursiona desesperadamente donde hay caja, la que perdió dilapidando recursos que se podían haber multiplicado si no se hubiesen aplicado políticas populistas y demagógicas, generando inflación, excesivo gasto público y cada vez menos inclusión social debido precisamente a este flagelo económico, ya que además de no haber generación de empleo, el impuesto a la ganancia se transforma en un injusto impuesto al trabajo. El ajuste por inflación es más grande que los propios subsidios. “Con un proceso continuo de inflación, los gobiernos pueden confiscar seguro e inadvertidamente una parte importante de la riqueza de sus conciudadanos”, John Maynard Keynes (economista inglés 1883-1946). Por otra parte, el efecto derrame no funcionó, es evidente que la inmediatez de las soluciones está llena de errores que nos llevan al fracaso. La confianza en el gobierno es indicio de una sociedad equilibrada, pero si el mismo se rodea de funcionarios corruptos es difícil crecer, desarrollarse y lograr el tan ansiado equilibrio. La última carta jugada por el kirchnerismo cuando ya no alcanza con la mentira y la permanente corrupción es la de culpar a los demás de lo que ellos mismos producen y ante el fracaso deben volver al inicio, con costos impensados para toda la sociedad. Tres ejemplos demasiados claros de lo antes expuesto son: 1) No haber previsto con la antelación suficiente el desarrollo energético necesario, a los efectos de no tener hoy que erogar de las reservas de 19.000 millones de dólares para la compra de la energía faltante. Actualmente, en subsidios para este sector, el gobierno invierte poco más de 135.000 millones de pesos. Con el gas se reduce por la quita de subsidios a unos 20.000 millones de pesos, integrando la quita por la parte eléctrica sólo se resuelve el 20% del problema. 2) La reestatización de YPF por los mismos que alguna vez la privatizaron, con una tasación muy poco clara y con final incierto por parte suya y la del secretario de legal y técnica del gobierno, Carlos Zannini, prevé el pago de 5.000 millones de dólares por el 51% de las acciones. El arco político opositor calcula lo que verdaderamente hay que abonar a Repsol por la expropiación: entre 7.000 y 8.000 millones de dólares, sin tener en cuenta, entre otros elementos, el pasivo ambiental. Podemos inferir que el costo terminará siendo poco más de 10.000 millones de dólares, con la estrategia de ir apuntando y apostando a los hidrocarburos. A efectos aclaratorios recomiendo la lectura de la nota aparecida en este medio el 26/3 de Magdalena Odarda y Jorge Ocampos: “Hidrocarburos: obsesiones, advertencias y riesgos”. 3) El deshonroso retorno a los organismos internacionales de crédito, de donde jamás deberíamos haber salido. Eso sí, aplicando políticas asertivas y no las de Guillermo Moreno, que nos aislaron del mundo y que hoy nos muestran, con un duro informe del FMI que destaca que nuestra economía es comparable con la de Venezuela, una marcada caída en su crecimiento y preocupante inflación y devaluación. Leer: “Duro informe del FMI sobre la Argentina ”, editado por este medio el 9/4, pág. Hoy se está negando el índice de pobreza e indigencia, pero la Iglesia asegura que el mismo ha crecido y sobrepasado la línea del 27%. Por lo tanto, señor ministro, si se siguen desoyendo las advertencias, aunque provengan del arco opositor, y se insiste en mantener políticas y funcionarios corruptos con nuevas mentiras mimetizadas en un nuevo discurso donde, entre otras, usted niega que el índice de pobreza haya aumentado, es lógico que no se sepa de dónde recortar subsidios y mucho menos a quiénes deberían ser asignados en forma eficiente. Ing. Silvano Giacolla Caruso DNI 8.119.343 Cinco Saltos
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