“El fútbol es pasión”

Redacción

Por Redacción

Mi nombre es Ezequiel, tengo 23 años y soy argentino. Pertenezco a una generación que no vio el Mundial del 78 ni el del 86. Ni siquiera la final que perdimos en Italia 90. Ésos son recuerdos de una época que no fue nuestra, con goles históricos como los de Diego, la hazaña de Kempes, Fillol, Passarella y compañía. Ellos marcaron el fútbol de nuestro país y el corazón de cientos de argentinos, con tantas jugadas maravillosas y goles brillantes. Momentos que no fueron nuestros, pero sí de otros. Nacimos fanáticos de hechos que no presenciamos, de glorias que nosotros no alcanzamos y con ídolos que tampoco vimos brillar mientras jugaban el deporte más lindo del mundo, aquel que une a multitudes. Nacimos con la ilusión de ganar una Copa del Mundo, de repetir las glorias que nuestros abuelos, padres, madres o hermanos habían vivido y que luego nos contaban, y hace unos meses estuvimos ahí nomás de hacerlo. Sólo faltó un escalón más. De todas formas, el fútbol siempre tiene revancha. Cuando hablamos de pasión por el fútbol no sólo nos estamos refiriendo a nuestra selección, sino que también a nuestros clubes, a nuestros cuadros, a nuestros colores, a nuestras camisetas. Aquellos clubes que alentamos todos los domingos mientras tomamos unos mates con mamá, papá o con amigos. El fútbol en nuestro país es más que simplemente fútbol, es pasión. Es gritar los goles hasta quedarnos afónicos, es llevar el escudo de nuestro club en el pecho, en el corazón. Es cantar, alentar en medio del calor o del frío. Es compartir con otros. El fútbol une, hace reír, llorar, nos emociona y nos hace disfrutar del buen deporte. En nuestro país, este deporte tan lindo está un poco estigmatizado, por el simple hecho de la violencia en las canchas. Pero permítanme decirles que un verdadero hincha no comete hechos violentos. Un verdadero hincha no destroza su cancha, no rompe sus butacas, no escupe a sus jugadores y tampoco quema sus banderas. Un verdadero hincha alienta en los buenos momentos, pero más en los malos. Un verdadero hincha siente su camiseta y, a pesar de las rivalidades que puedan existir, o no, entiende que el fútbol es sólo un juego. Un juego apasionante, y siempre tiene revancha. Ezequiel Jesús Salazar, DNI 35.656.444 Zapala


Mi nombre es Ezequiel, tengo 23 años y soy argentino. Pertenezco a una generación que no vio el Mundial del 78 ni el del 86. Ni siquiera la final que perdimos en Italia 90. Ésos son recuerdos de una época que no fue nuestra, con goles históricos como los de Diego, la hazaña de Kempes, Fillol, Passarella y compañía. Ellos marcaron el fútbol de nuestro país y el corazón de cientos de argentinos, con tantas jugadas maravillosas y goles brillantes. Momentos que no fueron nuestros, pero sí de otros. Nacimos fanáticos de hechos que no presenciamos, de glorias que nosotros no alcanzamos y con ídolos que tampoco vimos brillar mientras jugaban el deporte más lindo del mundo, aquel que une a multitudes. Nacimos con la ilusión de ganar una Copa del Mundo, de repetir las glorias que nuestros abuelos, padres, madres o hermanos habían vivido y que luego nos contaban, y hace unos meses estuvimos ahí nomás de hacerlo. Sólo faltó un escalón más. De todas formas, el fútbol siempre tiene revancha. Cuando hablamos de pasión por el fútbol no sólo nos estamos refiriendo a nuestra selección, sino que también a nuestros clubes, a nuestros cuadros, a nuestros colores, a nuestras camisetas. Aquellos clubes que alentamos todos los domingos mientras tomamos unos mates con mamá, papá o con amigos. El fútbol en nuestro país es más que simplemente fútbol, es pasión. Es gritar los goles hasta quedarnos afónicos, es llevar el escudo de nuestro club en el pecho, en el corazón. Es cantar, alentar en medio del calor o del frío. Es compartir con otros. El fútbol une, hace reír, llorar, nos emociona y nos hace disfrutar del buen deporte. En nuestro país, este deporte tan lindo está un poco estigmatizado, por el simple hecho de la violencia en las canchas. Pero permítanme decirles que un verdadero hincha no comete hechos violentos. Un verdadero hincha no destroza su cancha, no rompe sus butacas, no escupe a sus jugadores y tampoco quema sus banderas. Un verdadero hincha alienta en los buenos momentos, pero más en los malos. Un verdadero hincha siente su camiseta y, a pesar de las rivalidades que puedan existir, o no, entiende que el fútbol es sólo un juego. Un juego apasionante, y siempre tiene revancha. Ezequiel Jesús Salazar, DNI 35.656.444 Zapala

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