Día de homenaje

Columna semanal

Redacción

Por Redacción

LA PEÑA

El homenaje puede ser tan variado que las opciones son enormes. Tantas como nos dé la imaginación, aunque muchas veces las ideas van de la mano del bolsillo.

Pero el halago no necesita de dinero. Puede ser un gran y costoso asado o una modesta pasta casera, da igual si lo que se busca es resumir en un encuentro una gama de afectos difíciles de resumir. Todos apuntan a lo mismo a dar señales y gestos de amor que sean claros y precisos para las madres, esos que tal vez por la ocasión son más fáciles .

Hoy tal vez salgan palabras con más facilidad que en otras ocasiones, es como que uno se anima a más y no debería ser así. Las cosas se dicen cuando se sienten, sobre todo cuando se trata de afectos tan instalados como los de la madre.

Lo que no se dice nos quedará guardado sin destinatario, por la simple razón de que eso que uno siente tiene un único destinatario. Por eso vale decirlo, cada uno a su modo. Nuestro idioma propio, ese que establecemos madres e hijos, nos da una gama muy amplia. Las madres saben cuando los hijos le dicen una cosa pero le están diciendo otra. Las madres saben leer miradas y saben interpretar afectos, a eso me refiero.

Mi madre era poco afecta a mucho ruido, pero había nacido en una fecha donde cada determinada cantidad de años coincidía su cumpleaños con el día de la madre. Como hoy por ejemplo. De manera que ese día 19 de octubre elegíamos un regalo un poco más significativo para resumir ambos festejos y teníamos un día de tortas aseguradas, tal vez asado y visitas multiplicadas. Otras veces cumplía el día anterior al día de la madre y en algunas ocasiones al día siguiente, según lo marcara el almanaque.

Claro, pero cuando las madres no están, las nuevas generaciones nos van llevando a agasajos similares con otros protagonistas. Esposas que son madres, hijas que son madres, de manera que para ese día siempre hay y habrá una protagonista central. Si no es la mía será la suya o la de ellos, pero estará en el lugar privilegiado que les otorga cada familia.

La demostración de afectos a tiempo nos ahorrará lamentos, aprender a decir lo que uno siente nos servirá para dejar las cosas en claro, porque lo bueno en estas ocasiones es que lo sepa el otro. Sentimientos guardados, no expresados ni demostrados no sirven de mucho.

Si la tiene, disfrútela, exprese lo que siente y comparta, porque son esos momentos los que quedarán en cada uno de nosotros cuando los roles cambien, cuando las hijas de hoy sean madres, cuando los hijos sean padres.

Las mesas grandes, esas que se forman cuando hay un acontecimiento como el de hoy, van cambiando roles, las cabeceras que antes se destinaban al abuelo tienen hoy a otro abuelo, el lugar de las madres lo ocupará una hija y así iremos viendo que cada ocasión familiera nos muestra una fotografía diferente.

Salud por las madres que cada día ponen con modernidad o no, todo de ellas para salir adelante, por las que se animan a más y por las que son capaces de asumir roles que tuvieron que aprender.

En definitiva es el ejercicio el que las convierte en madres, porque no hay más escuela que la enseñanza cotidiana, ni mejor aprendizaje que el que dan los hechos cotidianos.

La ocasión es buena para juntarse, para el brindis, para el abrazo, para resumir en un rato miles de emociones que suelen andar dando vueltas dentro de uno. Ese abrazo resumirá mucho de lo que se siente.

Y si las ausencias se notan es porque nunca dejaron de ocupar el lugar de privilegio que siempre tuvieron. Tal vez una enorme lista de recuerdos nos acompañen este día y de entre ellos podamos elegir el que tenemos mejor guardado.

Y si puede, déjela que también elija el menú. Es su día, argumento suficiente.

Jorge Vergara

jvergara@rionegro.com.ar


LA PEÑA

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