Machu Picchu a fondo

Conocer la famosa ciudadela es una de las mecas del turismo internacional, experiencia que se convierte en inolvidable si se tienen buenas piernas y se opta por la excursión del Camino del Inca.

Redacción

Por Redacción

CAMINO DEL INCA

Las fotografías se multiplican. No son decenas, son cientos de fotos. Menos mal que estamos en una época digital, con la cámara analógica se haría difícil elegir qué foto tomar para cuidar el rollo de 24.

SOLEDAD MARADONA soledadmaradona@rionegro.com.ar

Es cierto que las imágenes quedan grabadas en la retina pero… sólo por un rato porque hay tanta belleza natural, arqueológica y cultural por contemplar que la memoria se hace chica. Por eso es imprescindible la cámara. Machu Picchu deslumbra. Pero dicen allí que es mejor guardarse esa experiencia para el final porque el comienzo y el transcurso también asombran y valen la pena.

Para comenzar como se debe -por el principio- hay que volver cuatro días atrás, más bien cinco con la charla inicial con la empresa que guiará el recorrido. El Camino del Inca es para valientes (y no tanto). Hay que estar preparado para caminar cuatro días, dormir en carpa, cargar con una mochila y sobre todo subir miles y miles de escalones pequeños, de esos donde no entra el pie derecho y en muchos tramos tienen una distancia pronunciada entre un escalón y otro, por lo que el esfuerzo es importante. La travesía por el Camino del Inca tiene cupos limitados por lo cual hay que reservar con meses de anticipación, es obligatorio ir con guía habilitado por lo tanto no hay alternativa, y otro detalle es que el precio es en dólares y nada barato. Con esas premisas arranca la aventura que se extenderá por 32 kilómetros y que nos llevará al punto más alto de 4.200 metros sobre el nivel del mar. Este es el trayecto del Camino del Inca, día por día:

DÍA 1 El día empieza en Cuzco, la ciudad sagrada de los incas. Un bus pasa a buscar a cada expedicionario muy temprano por el lugar de alojamiento. Son 82 kilómetros hasta Ollantaytambo donde se hace una parada técnica y necesaria para reforzar el desayuno. Los vendedores se abalanzan hacia los buses cuando frenan. Ofrecen hojas de coca para superar el mal de altura, también palos que ofician de bastones y gorros o sombreros. Otra vez al colectivo y de allí a un punto cercano donde un cartel rojo indica el inicio del Camino del Inca: “Inka trail”. El primer día es el más fácil. Son 13 kilómetros de caminata hasta el campamento para dormir, en un trayecto de 5 horas. Se inicia en una zona descampada, con poca pendiente pero de a poco se va adentrando a la vegetación más densa. El guía cada tanto cuenta las propiedades de alguna planta, recomienda dar pasos cortos y caminar sin apuro. El peso de la mochila no se nota por el momento. El trayecto es relajado, más bien para socializar con el resto de los compañeros de trekking y con el guía, que generalmente son personas de la zona que dominan varios idiomas y también el quechua. En el grupo también van los porteadores que cargan con las tiendas, bancos, utensilios, alimentos para el todo el grupo. Ellos salen detrás de todos pero en poco tiempo pasan como bala corriendo con toda la carga. La primera parada es para almorzar. Se rodea el río Vilcanota hasta el complejo arqueológico Llactapata, la primera aproximación a la cultura Inca. Allí los porteadores y asistentes de cocina tienen todo listo. Tiendas armadas con sillas y tablones que ofician de mesa. La comida aunque nadie lo advierta antes de salir, es realmente rica y abundante. Son platos elaborados con mucha verdura y también sopas. Inclusive se ofrece postre. Después del almuerzo no hay tiempo de descanso. Hay que continuar con más subidas hasta llegar al primer campamento en Wayllabamba donde se pasa la primera noche. En el camino aún se pasan algunas casas y cuadros sembrados, generalmente con papa y otras verduras. Todavía hay población rural en esta parte del camino y el campamento se emplaza en una de esas propiedades donde hay acceso a baños

DÍA 2 El segundo día es el más complicado. Lo anticipan antes de salir y lo repiten con insistencia los guías esa mañana en el desayuno. Luego de preparar la mochila nuevamente con la ropa, bolsa de dormir y elementos personales (no hay que llevar nada más) los guías ofrecen que pagando unos cuantos soles (la moneda peruana) los porteadores pueden llevar las mochilas para facilitar el ascenso y el difícil día de caminata que está por venir. Es el día de más escalinatas por subir. Esas de piedra que uno se pregunta cómo hicieron siglos atrás para construir esa estructura. El tiempo varía de manera constante. Por momentos se siente frío y en otros demasiado calor. La altura incide en esta sensación. El cronograma indica que son 11 kilómetros a recorrer en un promedio de 7 horas. Visto en el papel no parece demasiado pero realmente los guías no exageran al decir que se trata del día más difícil. El objetivo inicial es llegar a Wuarmihuañusca, el punto más alto de la travesía a 4.200 metros sobre el nivel del mar. Desde ese lugar se puede obtener una vista panorámica increíble de un paisaje con montañas y profusa vegetación verde. El camino es agotador. Hay que realizar paradas “técnicas” para recuperar el aire, por momentos casi cada diez minutos y hasta algunos en el último ascenso hasta los 4.200 msnm llegan a utilizar las manos como apoyo y la mochila se siente cada vez más pesada y hacer replantearse por qué no haberla entregado a un porteador para que la cargue. La altura y los microclimas del trayecto muchas veces generan dolor de cabeza y otros malestares que pueden ser apaciguados con una pastilla de venta libre en farmacias de Perú llamada sorojchi pill, exclusiva para el mal de altura. Después de pisar el punto más alto y tomarse la foto de rigor del “logro” de la excursión, comienza un profundo descenso -otra vez con escalones pequeños- hasta el campamento de almuerzo que nuevamente es reconfortante y abundante, ideal para recargar energías para continuar. Después del almuerzo queda otro tramo de menor intensidad y desgaste físico. El destino de este día es el campamento en Pacaymayo, una explanada en altura que una vista fascinante donde se ofrece una merienda, descanso necesario y la cena. El sueño en las carpas que se arman para dos personas, es reconfortante tras el agitado segundo día.

DÍA 3 La mañana comienza con un corto ascenso hasta llegar al complejo arqueológico de Runkarakay, la primera aproximación a las ruinas del pueblo Inca y la ruta tradicional -que a partir de este punto es empedrada- con las paradas que hacían los incas para llegar a la ciudadela de Machu Picchu. Hay edificaciones que muestran la tarea agrícola de la cultura Inca con los tradicionales balcones para cultivos y un sistema de riego perfecto por donde aún corre el agua. En otras ruinas se observa la tarea militar del pueblo, con estructuras de vigilancia. Y otras exhiben los circuitos de los comerciantes que transportaban mercaderías y descasaban en edificaciones de las cuales aún hay rastros. En el trayecto se recorre el interior del complejo Sayacmarca y el Puyupatamarca donde se almuerza. La caminata continúa y se llega a ingresar en una especie de área selvática de mucha humedad, caminos con barrancos importantes que pueden generar algo de vértigo, hasta visitar el Wiñay Huayna, un imponente complejo arqueológico en medio de la selva. El descanso será a pocos metros, en el último campamento donde el esfuerzo por ofrecer la mejor cena es notable ya que al concluir la comida, se presentan ante el grupo los cocineros y ayudantes a quienes se les concede una propina por su labor por los deliciosos platos ofrecidos. En este campamento además -por primera vez en el trekking- hay duchas para poder asearse antes de llegar al objetivo final del Camino del Inca.

DÍA 4 La ansiedad se multiplica antes de comenzar el último día, a pocas horas de conocer la deslumbrante Machu Picchu. De madrugada, cuando aún no amanece, se sirve el desayuno y con prisa se debe emprender la caminata ya que el objetivo es llegar con la salida del sol a ver la ciudadela en todo su esplendor. El trayecto inicial es por un camino angosto, rodeado con mucha vegetación. El grupo se debe detener en una especie de control de acceso y de allí a pocos metros está la famosa Inti Punku o Puerta del Sol, con una vista panorámica que es motivo de decenas de fotografías y que solo se aprecia si está despejado y sin bruma. De allí se puede contemplar toda la ciudadela de Machu Picchu e inclusive el Huayna Picchu, una montaña de 2.667 msnm emplazada en el medio del complejo arqueológico, muy empinada y que desde hace algunos años tiene dos turnos de ascenso diarios, uno que las 7 y otro a las 10. Ya estamos en Machu Picchu, lo que sigue es una recorrida guiada de dos a tres horas por todos los sectores, las plazas, los símbolos sagrados como el reloj solar, los templos y toda la estructura de piedra que increíblemente quedó en pie en medio de una zona de vegetación tupida. Hay tiempo de visitar con atención cada rincón de la ciudadela que invita también a descansar en sus jardines o escalones en el acceso de algún templo. El complejo tiene sanitarios y proveeduría, además de la tienda de recuerdos de este rincón de Perú que se convirtió en el más conocido en el mundo. Y como corolario del trayecto, un sello con la silueta de Machu Picchu se plasma en el pasaporte. ¡El Camino del Inca fue superado!

LOS PORTEADORES Un dato llamativo del recorrido, y sobre todo del exigente segundo día, es la velocidad con la que caminan y hasta corren los porteadores con unos 20 kilos en la espalda. Ellos cargan con los elementos para cocinar, la mercadería, mesas plegables y sillas, además de las tiendas que se arman a modo de “comedor”. También cargan con las mochilas de los excursionistas que no quieren llevar peso en el trayecto, pero para eso se paga aparte. Hay un código tácito que se debe abrir paso a los porteadores y para ello automáticamente uno se debe correr hacia la derecha para dejarles el tránsito libre. El aviso llega bajo la consigna “porter” que comienza a gritarse y pasar de boca en boca. Los hombres que generalmente son de estructura pequeña, muchas veces llevan radios en sus hombros para escuchar música y avanzan mascando hojas de coca, algo habitual para evitar el mal de altura. Su calzado es particular pero a la vez fresco para su tarea, usan una especie de chancletas con suela de caucho, muy rústica.

DATOS ÚTILES • La excursión tiene un costo de 470 dólares (incluye comidas, transporte de ida desde el hotel hasta el inicio del camino, guía y acceso a Machu Picchu). • Se debe llevar bolsa de dormir, gorro, protector solar, linterna, buen calzado para caminar, mochila con elementos personales y botiquín básico. • Es conveniente llevar ropa para vestirse en capas. Hay que llevar abrigo porque es brusco el descenso de temperatura por la noche, pero durante el día con remera manga corta es suficiente. • Para regresar de Machu Picchu a Cuzco se debe tomar un tren en Aguas Calientes, el poblado al pie del complejo arqueológico. • El sol es la moneda del Perú. • La coca es utilizada para curar de una manera natural el mal de altura que se sufre en Cuzco y en el recorrido del Camino del Inca. La hoja que se puede comprar en almacenes, quioscos y farmacias, se coloca en una taza con agua hervida y se consume como cualquier té. Su sabor es amargo. También la hoja de coca se masca sin tragarla. Es la acción que popularmente se denomina “coquear”.


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