“Nisman: el meollo”

Redacción

Por Redacción

En la prensa vernácula y extranjera asistimos al espectáculo del rasgamiento de vestiduras e hipocresías cuasi insolentes para la inteligencia informada del hombre medio. Opiniones siempre al uso en orden al interés que se defiende o al grupo de pertenencia, sea éste partidario, ideológico, económico, mediático, político o estratégico en tanto juegan también su rol algunas embajadas y servicios extranjeros en el teatro que definirá el acontecer de la humanidad por éste y el próximo siglo. Interés asociado siempre a ese poderoso caballero que todo lo doblega, el dinero, en su perspectiva presente y futura y en orden a la marcha del proceso global en su núcleo duro: el control (de las personas), la ocupación (de los espacios) y el apoderamiento (de la generación de riqueza). El meollo de la cuestión es el atentado en la Asociación Mutual Judía de Buenos Aires (AMIA) ocurrido en 1994, cuya génesis misteriosa, determinante en el tiempo de condiciones particulares en el plano estratégico del ajedrez global, revierte hoy su sesgo en direcciones que bueno sería inferir a partir del final de juego que implica la trágica muerte del fiscal Nisman. Final de juego que tiene al susodicho fiscal como víctima propiciatoria de una cadena de sucesos en cuyo decurso “la muerte de un hombre es una tragedia y la muerte de millones una estadística”. (Iósif Stalin dixit) La trama secreta que viabiliza la intromisión de servicios secretos extranjeros por protagonismo y domésticos por delegación sigue primigeniamente la pista siria y la “conexión local” e impone más tarde la pista iraní; el fracaso judicial en términos de esclarecimiento a partir de la prueba que todo juicio exige, el memorándum de entendimiento Argentina-Irán, los puentes que desde el 2013 tienden Estados Unidos/Europa e Irán en procura del reinicio de relaciones relegando la postura hostil de Israel hacia la nación persa (“Clarín” 6/10/13, “La Gaceta” 24/1/14), amén de la histórica negativa a profundizar otras líneas de investigación que surgen de ambos atentados (la causa Embajada duerme en la CSJ desde 1998), constituyen a grandes rasgos los hitos sobre los que cabalga este final de juego y la lamentable muerte de Nisman, víctima más que de un gobierno de un sistema que en su impetuosidad y contundencia no tiene amigos ni enemigos, sino intereses permanentes. La muerte de Nisman, sea cual fuere su causa, se produce en medio del abandono de quienes le facilitaron el pesado libreto para transitar su gestión y que él sobrellevó con convicción o con las peores dudas; en la encerrona existencial donde lo depositó la siempre cambiante y vertiginosa realidad del poder sistémico, poder oculto que tiene a los “servicios” como emergente en superficie y mascarón de proa. La sutil y contundente tarea de “desinformación” desplegada sobre la sociedad argentina en casi veinticinco años de los atentados que todos sufrimos (1992 y 1994) reclama particularmente a los estamentos más encumbrados del poder nacional a estar por las actitudes y reacciones del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, que aparecen como extraviados en la atmósfera de una realidad que les resulta incomprensible, determinante de conductas en apariencia ilógicas salvo ignorancia supina o complicidad institucionalizada; circunstancia reveladora de una suerte de “pérdida de control” del complejo estatal que a todos nos tiene como componentes más o menos pasivos, amén de preocupados al constatar –como en el célebre cuento– que “el rey está desnudo”. Panorama igualmente pernicioso si se trata de hipocresía o ignorancia, en tanto la fragilidad y endeblez del complejo nacional frente al cruel pragmatismo del “Big Brother” operante con guante de seda y mano de hierro concluirá irremisiblemente imponiendo condiciones al modo de moderno Leviathan y medrando entre las ruinas de una Nación que parece resignarse a una supervivencia precaria y dependiente, arrinconada en los extramuros del realismo político, desfalleciente su inteligencia y mediatizada su voluntad en la sumatoria de graves errores, torpezas y despropósitos reiterados gobierno tras gobierno. Juan Manuel Castañeda DNI 8.216.126 Roca

Juan Manuel Castañeda DNI 8.216.126 Roca


En la prensa vernácula y extranjera asistimos al espectáculo del rasgamiento de vestiduras e hipocresías cuasi insolentes para la inteligencia informada del hombre medio. Opiniones siempre al uso en orden al interés que se defiende o al grupo de pertenencia, sea éste partidario, ideológico, económico, mediático, político o estratégico en tanto juegan también su rol algunas embajadas y servicios extranjeros en el teatro que definirá el acontecer de la humanidad por éste y el próximo siglo. Interés asociado siempre a ese poderoso caballero que todo lo doblega, el dinero, en su perspectiva presente y futura y en orden a la marcha del proceso global en su núcleo duro: el control (de las personas), la ocupación (de los espacios) y el apoderamiento (de la generación de riqueza). El meollo de la cuestión es el atentado en la Asociación Mutual Judía de Buenos Aires (AMIA) ocurrido en 1994, cuya génesis misteriosa, determinante en el tiempo de condiciones particulares en el plano estratégico del ajedrez global, revierte hoy su sesgo en direcciones que bueno sería inferir a partir del final de juego que implica la trágica muerte del fiscal Nisman. Final de juego que tiene al susodicho fiscal como víctima propiciatoria de una cadena de sucesos en cuyo decurso “la muerte de un hombre es una tragedia y la muerte de millones una estadística”. (Iósif Stalin dixit) La trama secreta que viabiliza la intromisión de servicios secretos extranjeros por protagonismo y domésticos por delegación sigue primigeniamente la pista siria y la “conexión local” e impone más tarde la pista iraní; el fracaso judicial en términos de esclarecimiento a partir de la prueba que todo juicio exige, el memorándum de entendimiento Argentina-Irán, los puentes que desde el 2013 tienden Estados Unidos/Europa e Irán en procura del reinicio de relaciones relegando la postura hostil de Israel hacia la nación persa (“Clarín” 6/10/13, “La Gaceta” 24/1/14), amén de la histórica negativa a profundizar otras líneas de investigación que surgen de ambos atentados (la causa Embajada duerme en la CSJ desde 1998), constituyen a grandes rasgos los hitos sobre los que cabalga este final de juego y la lamentable muerte de Nisman, víctima más que de un gobierno de un sistema que en su impetuosidad y contundencia no tiene amigos ni enemigos, sino intereses permanentes. La muerte de Nisman, sea cual fuere su causa, se produce en medio del abandono de quienes le facilitaron el pesado libreto para transitar su gestión y que él sobrellevó con convicción o con las peores dudas; en la encerrona existencial donde lo depositó la siempre cambiante y vertiginosa realidad del poder sistémico, poder oculto que tiene a los “servicios” como emergente en superficie y mascarón de proa. La sutil y contundente tarea de “desinformación” desplegada sobre la sociedad argentina en casi veinticinco años de los atentados que todos sufrimos (1992 y 1994) reclama particularmente a los estamentos más encumbrados del poder nacional a estar por las actitudes y reacciones del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, que aparecen como extraviados en la atmósfera de una realidad que les resulta incomprensible, determinante de conductas en apariencia ilógicas salvo ignorancia supina o complicidad institucionalizada; circunstancia reveladora de una suerte de “pérdida de control” del complejo estatal que a todos nos tiene como componentes más o menos pasivos, amén de preocupados al constatar –como en el célebre cuento– que “el rey está desnudo”. Panorama igualmente pernicioso si se trata de hipocresía o ignorancia, en tanto la fragilidad y endeblez del complejo nacional frente al cruel pragmatismo del “Big Brother” operante con guante de seda y mano de hierro concluirá irremisiblemente imponiendo condiciones al modo de moderno Leviathan y medrando entre las ruinas de una Nación que parece resignarse a una supervivencia precaria y dependiente, arrinconada en los extramuros del realismo político, desfalleciente su inteligencia y mediatizada su voluntad en la sumatoria de graves errores, torpezas y despropósitos reiterados gobierno tras gobierno. Juan Manuel Castañeda DNI 8.216.126 Roca

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