Un futuro económico incierto

La imprevisibilidad angustia, frustra e impide soñar. Es lo que pasa cuando se piensa en las fuerzas económicas que estarán presentes cuando asuma el próximo gobierno. ¿Cuánto le llevará controlarlas o darles un cauce positivo? ¿Hará el próximo gobierno un balance como corresponde de la herencia que recibe?

Redacción

Por Redacción

OPINIÓN

Es muy importante lo del balance, porque el que no lo hace pierde. Es lo que le pasó a Raúl Ricardo Alfonsín al asumir con la democracia. No explicó la carga pesada, absurdamente pesada, que le dejaba la dictadura o lo que quedaba de ella. Fue así como su primer ministro de Economía, Bernardo Grinspun, debió lidiar con una inflación del 400% anual y una deuda externa de aproximadamente 34.000 millones de dólares. Ingresó Alfonsín al poder condicionado, sin demasiado campo para dar vuelta la tortura de semejantes números. Todo lo había acelerado la ficción de la plata dulce de José A. Martínez de Hoz, más una inflación indomable y la carga de los créditos pedidos en el exterior. Muchos de esos préstamos que arribaron fueron para comprar armamento. Los militares vivieron envalentonados el conflicto con Chile (estuvimos a minutos de una conflagración bélica con el país vecino) en 1978 y diseñaron el ingreso en las Malvinas con nuevos equipos de tierra y de aire que resultaron muy costosos. ¿Qué suerte le tocará al que gobierne durante el 2016 y después? Por supuesto que algunos candidatos al podio buscan no pisarse la manguera y prometen que todo irá sobre carriles, que lloverán las inversiones y la Argentina encontrará, dicho en términos ya cansinos, “su rumbo”. Cristina Fernández y el titular de Economía Axel Kicillof han sugerido que nada cambiará en el ámbito económico hasta el último día de gestión. Eso significará que no habrá modificación cambiaria. Que ningún tipo de transformación asoma en el tipo de cambio que viene dañando seriamente las economías regionales y también importantes sectores industriales en todo el país. El empecinamiento, según algunos especialistas, se origina en la necesidad de ir atenuando el impacto inflacionario y facilitar el consumo. Bien se sabe que una cosa es querer y otra muy diferente es poder. La inflación, prometen los especialistas, no bajará del 30% anual. No es mucho, casi no es relevante como un cambio de fondo frente a la inflación. De todas maneras, toda promesa hacia la baja se reflejará en el pedido de las paritarias, donde los gremios han explicitado que nadie quiere aumentos por menos del 30% respecto a un año. Si así lo logran, sólo conseguirán cubrir la inflación que les comió los ingresos el año pasado, no el que viviremos durante el 2015. Con la baja inflacionaria al gobierno no le importa que se eleve la crisis con tal que no haya quejas de la población. Pero ocurre que el atraso cambiario ya tiene un nivel parecido al de la caída de la convertibilidad a fines del 2001 y comienzos del 2002. Una imagen de película de suspenso. La actualidad es parecida a una tenaza. Por un lado, tipo de cambio atrasado y, por otro, el fin del boom de los commodities a nivel mundial , que afectará muchísimo a América Latina y a la Argentina y sólo conseguirá que las reservas del Banco Central se angosten cada día más. El atraso cambiario, más el cepo ante la carencia de dólares, castiga de otras maneras. Por ejemplo, las empresas privadas no toman personal. Hay menos ritmo de producción porque las barreras obstruyen lo que debería ser normal. Para conseguir un puesto hay que tocarle el timbre al Estado y prometer renovados votos a los que están en la cumbre del poder político. Entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires se han perdido en el 2014 más de 150.000 empleos. Más datos: el Indec, que miente desde el 2007 con tal de no herir al gobierno, reconoce que en Capital y alrededores hay 460.000 desocupados y 640.000 subocupados (son los que trabajan menos de lo que desearían hacerlo). Así, llegan a 1,1 millones los que padecen la desgracia de no poder ocuparse y conseguir un salario que más o menos consagre su dignidad personal. Por su lado, el mundo tiene sus problemas, en casi todos los casos distintos a los nuestros. Ése es el detonante de la caída de un 18% de las exportaciones nacionales, medidas de forma interanual. Impactó, de igual manera, el cierre de mercados para nuestros bienes. Es el volumen más bajo de colocaciones externas desde el 2010. Y en la suma se toma en cuenta que los envíos de autos a Brasil, que enfrenta sus propios problemas políticos y económicos, se derrumbaron un 55% en enero del 2015. Todos los indicadores son limitantes para los meses que vienen y para aquellos, con rostros y agendas nuevas, que estén avalados para gobernar y administrar a partir del año próximo. (*) Periodista y escritor. Miembro del Club Político Argentino.-

DANIEL MUCHNIK (*)


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