Como los ranqueles, queremos “Justicia amiga”
DEBATES
-Finalmente se decidió a reeditar “Cuando el poder perdió el juicio”…
-Sí, me lo debía…
-Pero en su tapa no está “El Principito”…
-Fue toda una alegoría, porque los militares habían perseguido a “El Principito” de Saint Exupéry. Era “peligroso” para los generales. La nueva edición tiene una tapa más clásica…
No es aventurado señalar que “Cuando el poder perdió el juicio” es una lectura imprescindible para explorar cómo la Argentina, ya en democracia, marchó rumbo al juicio a las Juntas Militares.
Escrito por un protagonista de primer rango en ese proceso, su contenido se organiza en un manejo impecable de la mirada del autor sobre el conjunto de los alcances de la impunidad. Suma a esto una sostenida calidad en las reflexiones que sostienen la información. Las que siguen son algunos de los tramos del libro.
• “Las pruebas del juicio a las Juntas muestran el funcionamiento de las burocracias que cometen crímenes. La magnitud de los crímenes puede ser muy diferente, pero hay una similitud con la dinámica de otras organizaciones, como empresas multinacionales que pagan sobornos o grupos políticos que utilizan fondos públicos para mantenerse en el poder o para conseguirlo. Los casos reales nos enseñan que la moral individual no es el aspecto definitorio de los crímenes cometidos por medios de organizaciones. Había funcionarios públicos que consideraban que era su deber torturar o matar, los que pagan sobornos trabajando para compañías pueden ser escrupulosamente honestos y los políticos que cambian decisiones por favores pueden tener el objetivo de ayudar a los pobres. Si quiere seguir avanzando, la Argentina necesita pasar de formular reproches a individuos a cuestionar nuestras dinámicas colectivas”.
• “Hace mucho que los argentinos sufrimos la falta de justicia. En “Una excursión a los indios ranqueles”, Lucio V. Mansilla narra el método de hacer justicia que se usaba en esa tribu. Cuando a un ranquel le robaban un caballo, la víctima armaba un malón con sus amigos y su familia y le quitaban al ladrón una tropilla de caballos.
-¿Pero qué hace la víctima cuando el ladrón tiene amigos o una familia más poderosa?, pregunta Mansilla.
-Nada
-¿Cómo nada?
-Señor, si aquí es lo mismo que entre los cristianos, los pobres siempre se embroman.
Sin instituciones públicas, los débiles pierden, los ladrones desorganizados pueden ser linchados y los criminales con poder suficiente pueden silenciar a las víctimas, atemorizar a la sociedad e imponer sus objetivos. Como las hinchadas en el fútbol, en la Argentina nos cuesta respetar la imparcialidad de las instituciones, queremos que formen parte de nuestro grupo. Como los ranqueles, queremos una Policía o una Justicia amiga que ataque a nuestros enemigos”.
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