Guerra y paz

En el FpV hubo tensión, enojo, silencio y acuerdo. Aquí, ¿no ha pasado nada?. Pichetto, tras el voto K y antialbertista. El anti-K, entre Somos y UCR-Pro.

Redacción

Por Redacción

río negro

La dinámica de la política en Río Negro no deja lugar al aburrimiento. A veces, enfrenta a los espectadores con el enojo. Como en la novela de León Tolstoi, en el interior de ese mundo se dirimen grandes y pequeñas batallas.

En un día o dos, la tensión por la conformación de listas llegó a un nivel impensado, y varias de las incógnitas se fueron develando.

En el Frente para la Victoria, justo cuando parecía encaminarse a un acuerdo, todo volvió a estallar.

La fórmula Pichetto-(María Emilia) Soria mostró su imposibilidad de la peor manera, y con papelón nacional. Hubo ruptura, silencios, reflexión y recomposición. Y aquí, ¿no ha pasado nada?

El peronismo es un partido con fuerte vocación de poder, pero en Río Negro le cuesta conjugar los personalismos. Fue el germen de varios fracasos electorales.

La alianza entre Miguel Pichetto y Martín Soria nunca superó cierto grado de desconfianza.

“No voy a repetir la historia del 2007”, dijo durante meses el senador. Alude a cuando, siendo candidato a la gobernación, perdió por pocos votos. Su análisis determinó que eran de Roca y que sí fueron al FpV en la elección municipal.

Durante meses, Martín Soria jugó al gato y al ratón con Pichetto: lo alabó en público, pero sus acciones fueron en sentido contrario.

Pequeños gestos, medias palabras. Suficientes para consumir tiempo y paciencia.

La semana que pasó definían en Buenos Aires la fórmula “del acuerdo”. Allí estalló que la hermana menor del intendente no reunía un requisito constitucional para ser elegida: tener 30 años.

¿Sorpresa, imprevisión, ingenuidad?

Siguieron hablando. Y Pichetto pidió a Soria otro nombre: Anahí Tappatá pasaría de primera candidata a legisladora por la sábana a la fórmula.

El senador respiró aliviado. Una mujer, también roquense, pero con peso político propio, sólida formación intelectual. El cambio lo entusiasmó.

Le duró poco.

El jueves por la tarde pidió que, para completar el enroque, María Emilia Soria encabezara la lista sábana. El intendente -pensó- pondría esfuerzo en la campaña.

Recibió dos “no”: la joven no dejaría su banca en Diputados y Tappatá declinó su candidatura por problemas de salud.

El armado de la lista generaba otras diferencias.

Soria exigió para el abogado Nicolás Rochás el cuarto lugar. Pichetto buscaba ubicarlo más abajo, para no frustrar acuerdos con otros sectores y porque, en Viedma, el funcionario quedó unido al “ajuste” inaugural del gobierno FpV.

Según el senador, la falta de flexibilidad del roquense llevó a que se cortara el diálogo. “Estás jugando a perdedor, basta”, dicen que dijo.

La versión de Soria fue distinta. Culpó del desacuerdo a Pichetto, diciendo que “se arrodilla ante las presiones de La Cámpora” y del gobierno nacional.

Corría el tiempo. Pichetto (y la Casa Rosada) propuso como candidata a vice a Silvina García Larraburu. Mantenía el equilibrio territorial al canjear Bariloche por Roca. La senadora declinó invocando razones familiares. Para la militancia de Bariloche, una frustración.

El viernes por la mañana creció la idea inicial del cargo para Ana Piccinini.

Este acuerdo -que trajo alivio a Pichetto y a varios de sus filas- cayó muy mal a Soria: la exdefensora y actual legisladora provincial por el FpV acompañó ante el fiscal que investigaba el seguro de vida de Carlos Soria a una testigo que afirmó que había sido indebido el pago a sus hijos. Por ese motivo, la amistad entre ambos -sellada cuando compartieron investigaciones de corrupción de exfuncionarios radicales- se convirtió en agria rivalidad.

Un día duró el silencio en el “búnker” de los Soria.

Recién el sábado al mediodía el clima se distendió.

Pichetto anunció que el sorismo se integraba a la unidad, con Anahí Tappatá encabezando la lista sábana de legisladores y Marta Bizzotto al frente del circuito Alto Valle Centro. El intendente en persona iría el miércoles a la presentación formal de las candidaturas, en Viedma.

La paz había llegado.

Fundamental para eso fue el aporte de la intendenta de Bariloche, Maru Martini. Más dialoguista que el roquense y más cercana al kirchnerismo, habló, escuchó, discutió, colgó el teléfono y volvió a hablar. No fue la única. Desde Nación y de otros puntos de la provincia llegaban llamadas pidiendo reflexión y acuerdo.

Y nadie puede prescindir de los intendentes. Pichetto llamó a varios antes de anunciar públicamente su decisión sobre la fórmula. Encontró matices. Sobre todo el lamento de no haber hallado un peronista para el cargo.

Mientras el río del FpV estuvo revuelto, Weretilneck celebró sin disimulo. Y lo hizo en Roca. Durante varios días, sus ministros y él mismo asistieron a acto, anuncios, inauguraciones…

Con el voto en el resto de la provincia bastante definido, el Alto Valle concentrará el eje de la campaña para todas las fuerzas políticas.

Desde Roca, precisamente, Weretilneck confirmó que Pedro Pesatti sería su compañero de fórmula. El viedmense poco le aporta. Lo sabe. Pichettista en su origen, sus allegados trabajan en favor del senador. Es más que nada un símbolo, en un gobierno que conserva unos pocos peronistas.

Las elecciones municipales del 3 de mayo serán reveladoras, aun con las particularidades que representan. Sólo el sorismo tiene en Roca una estructura fuerte. Pero la aparición de terceras fuerzas plantea por primera vez en años la posibilidad de que se divida el voto local.

En definitiva: Weretilneck sabe que poco podrá hacer para superar el techo al que llegó su imagen.

En cambio, Pichetto confía en que el ordenamiento de su sector le permitirá crecer.

Igual expectativa abriga Magdalena Odarda, que esperaba la decisión del radicalismo y del Pro para terminar de mostrar sus cartas.

El acuerdo nacional le sirvió de acicate a la senadora para convocar a unir fuerzas. Pero también la obligó a cambiar sus planes.

Apostaba a llevar a Juan Pablo Álvarez Guerrero como candidato a vicegobernador y a Bautista Mendioroz para diputado nacional. Pero el barilochense se salió del esquema al repudiar el acuerdo con Macri.

Si no consigue sumar al radicalismo orgánico y al sector que lidera en Viedma el intendente José Luis Foulkes, Mendioroz podría completar la fórmula.

Para negociar por algo, el sector de Saiz planteó la candidatura de César Barbeito. Pocas voces le hicieron coro.

En definitiva, el voto antikirchnerista podría distribuirse entre las opciones que plantea la alianza Pro-UCR-ARI y Juntos Somos Río Negro. En la vereda opuesta, el FpV apostará a unificar a quienes critican al gobierno de Alberto Weretilneck y quienes ven con buenos ojos lo hecho por el kirchnerismo a nivel nacional.

El 20 de abril, las listas de candidatos deberán estar prolijas y presentadas.

Mientras tanto, mucho por hacer.

ALICIA MILLER

amiller@rionegro.com.ar


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