“¿El trabajo es salud?”
El trabajo es salud, te da dignidad: palabras de mi padre que desde mi adolescencia han sido como las huellas a seguir de una persona que ha trabajado desde los trece años. Sin dudas sabias palabras, pero no están funcionando en mi persona. Soy enfermero, tengo 42 años, trabajo en el hospital Dr. Pablo Bianchi de la localidad de Sierra Grande. Dieciséis años brindando este servicio tan noble. En 1999 mi localidad era un pueblo fantasma y los pobladores migraban en masa a buscar nuevos trabajos. Pero tuve la suerte de poder quedarme cerca de mi familia, mientras amigos me decían que ganaban cinco veces más en el sur. Los primeros cuatro años roté en diferentes sectores del hospital, incluyendo la zona rural y el balneario. Luego tuve la propuesta de ser enfermero de salud mental, ya que no había nadie que ocupara ese lugar y la demanda de usuarios era mucha, con casos de violencia, entre otros, y como mido 1,90 vieron que tenía el perfil para ayudar en el cuidado y contención de los usuarios. Los primeros cinco años estuve solo en mi rol, nadie quería ir al sector, ya que trabajar con sufrientes mentales tiene su desgaste algo que nadie ve claro. Sabía haber días enteros que estaba cuidando usuarios… Veía pasar psicólogos, psiquiatras que entraban y se iban en búsqueda de otros rumbos, ya que el trabajo se puede decir que no era para nada tranquilo. En total me desempeñe en el sector doce años, pero mi salud mental no es la misma. Qué irónico, siendo que no son enfermedades contagiosas pero sí que te llegan. Mi sueño comenzó a ser irregular y, pensando que era normal, después de varios años se convirtió en sueño irregular crónico de difícil manejo, pero claro eso nadie lo ve tampoco. Sí es creíble, por ejemplo, alguien que se le enfermó la columna o cualquier otro órgano del cuerpo, pero las cosas de la mente nadie las ve. En el 2013 ya no tenía energía, dormía de a dos horas como máximo, a veces minutos, y era una resaca constante. Estaba tan enojado conmigo mismo que caí en una depresión, por lo cual empecé a fallar en mi trabajo y sólo iba a la tarde. A principios del 2014, en una reunión con el director de turno, me propusieron hacer un tratamiento para estabilizar mi sueño y volver a la normalidad. El mismo director que me propuso ayudarme mandó una nota a Viedma informando mis inasistencias de las mañanas y pidiendo que me descuenten todos los días, diciendo que había abandonado mi trabajo, entre tantas cosas. Sólo alguien que ha sufrido una depresión sabe en lo que se convierte uno; en mi caso descubrí lo que es tocar fondo. Comencé mi tratamiento con la psiquiatra Belén de SAO y, si bien el sueño no se acomodó, la motivación por regresar al trabajo volvió, así que en noviembre o diciembre del 2014 arranqué mis tareas en Clínica Médica. Y sí, mi viejo tenía razón: el trabajo te da dignidad. Hace una semana me citaron en personal para decirme que me suspendían tres meses sin goce de sueldo. Qué extraña la vida del trabajador, dejás tu salud cada día en tu vocación y así te pagan. Muchos dicen que involucrarse con los usuarios demasiado no es bueno, y me refiero a mi época en salud mental, cuando fuera de mis horarios les brindaba atención. Será que no puedo ver hacia un lado cuando alguien sufre, pero siempre los atendí a la hora que sea y esto es sabido por mis compañeros del hospital. Mi carta no es de queja, sólo de reflexión. Es fácil tomar decisiones detrás de un escritorio sin investigar el caso personal primero. José Antonio Chávez, DNI 23.109.664 – Sierra Grande
José Antonio Chávez, DNI 23.109.664 – Sierra Grande
El trabajo es salud, te da dignidad: palabras de mi padre que desde mi adolescencia han sido como las huellas a seguir de una persona que ha trabajado desde los trece años. Sin dudas sabias palabras, pero no están funcionando en mi persona. Soy enfermero, tengo 42 años, trabajo en el hospital Dr. Pablo Bianchi de la localidad de Sierra Grande. Dieciséis años brindando este servicio tan noble. En 1999 mi localidad era un pueblo fantasma y los pobladores migraban en masa a buscar nuevos trabajos. Pero tuve la suerte de poder quedarme cerca de mi familia, mientras amigos me decían que ganaban cinco veces más en el sur. Los primeros cuatro años roté en diferentes sectores del hospital, incluyendo la zona rural y el balneario. Luego tuve la propuesta de ser enfermero de salud mental, ya que no había nadie que ocupara ese lugar y la demanda de usuarios era mucha, con casos de violencia, entre otros, y como mido 1,90 vieron que tenía el perfil para ayudar en el cuidado y contención de los usuarios. Los primeros cinco años estuve solo en mi rol, nadie quería ir al sector, ya que trabajar con sufrientes mentales tiene su desgaste algo que nadie ve claro. Sabía haber días enteros que estaba cuidando usuarios... Veía pasar psicólogos, psiquiatras que entraban y se iban en búsqueda de otros rumbos, ya que el trabajo se puede decir que no era para nada tranquilo. En total me desempeñe en el sector doce años, pero mi salud mental no es la misma. Qué irónico, siendo que no son enfermedades contagiosas pero sí que te llegan. Mi sueño comenzó a ser irregular y, pensando que era normal, después de varios años se convirtió en sueño irregular crónico de difícil manejo, pero claro eso nadie lo ve tampoco. Sí es creíble, por ejemplo, alguien que se le enfermó la columna o cualquier otro órgano del cuerpo, pero las cosas de la mente nadie las ve. En el 2013 ya no tenía energía, dormía de a dos horas como máximo, a veces minutos, y era una resaca constante. Estaba tan enojado conmigo mismo que caí en una depresión, por lo cual empecé a fallar en mi trabajo y sólo iba a la tarde. A principios del 2014, en una reunión con el director de turno, me propusieron hacer un tratamiento para estabilizar mi sueño y volver a la normalidad. El mismo director que me propuso ayudarme mandó una nota a Viedma informando mis inasistencias de las mañanas y pidiendo que me descuenten todos los días, diciendo que había abandonado mi trabajo, entre tantas cosas. Sólo alguien que ha sufrido una depresión sabe en lo que se convierte uno; en mi caso descubrí lo que es tocar fondo. Comencé mi tratamiento con la psiquiatra Belén de SAO y, si bien el sueño no se acomodó, la motivación por regresar al trabajo volvió, así que en noviembre o diciembre del 2014 arranqué mis tareas en Clínica Médica. Y sí, mi viejo tenía razón: el trabajo te da dignidad. Hace una semana me citaron en personal para decirme que me suspendían tres meses sin goce de sueldo. Qué extraña la vida del trabajador, dejás tu salud cada día en tu vocación y así te pagan. Muchos dicen que involucrarse con los usuarios demasiado no es bueno, y me refiero a mi época en salud mental, cuando fuera de mis horarios les brindaba atención. Será que no puedo ver hacia un lado cuando alguien sufre, pero siempre los atendí a la hora que sea y esto es sabido por mis compañeros del hospital. Mi carta no es de queja, sólo de reflexión. Es fácil tomar decisiones detrás de un escritorio sin investigar el caso personal primero. José Antonio Chávez, DNI 23.109.664 - Sierra Grande
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