“Oración”

Redacción

Por Redacción

Te pido por los políticos y los dirigentes de nuestra Patria. ¿Qué les pasa? ¿Se han olvidado de tus enseñanzas? ¿Han tomado en vano tu nombre al jurar por los Santos Evangelios? Perdónales, Señor, aunque sepan bien qué están haciendo. Cambia sus corazones. Corrige sus errores. Saca tu vara de justicia. Recuérdanos a los cristianos que debemos en estos tiempos aciagos recuperar la voz profética de la Iglesia, que es tu palabra. Para que dé luz, advierta y marque un camino. Por nosotros, tu remanente, te pido. Porque nos has enviado como “corderos en medio de lobos”. Tú que eres el “Príncipe de paz” pacifica los corazones de tus hijos. Haz reflexionar al violento, ése que se masifica en un estadio de deportes, que piensa que la política es un campo de batalla, que cuando conduce se transforma en una bestia, que golpea, agravia, insulta, miente, delinque, roba. Te pido por los jueces, y en especial por algunos de ellos que “han abrazado la corrupción como una causa nacional”. A los otros dales sabiduría para que fallen con la mayor justicia. Te pido por los indolentes, por los indiferentes, para que despiertes sus corazones y los sacudas del sopor en que viven. Por los injustos. Por los venales, por los violentos. Te ruego, Señor, por los soberbios, los enaltecidos, los poderosos. Recuérdales que todo poder viene de ti y que son efímeros y pasajeros en esta vida. Por los que ostentan sus riquezas con arrogancia ante los demás, los impúdicos de toda impudicia, los agitadores de pasiones, los hacedores de maldad. Perdónales, Señor. Y que tu mano de amor y de misericordia los toque, porque se tienen que arrepentir de sus iniquidades y volver la mirada hacia ti. Te pido, Señor, que cobijes “como la gallina a sus polluelos”, a este pequeño remanente que todavía tiene dignidad y vive bajo tus preceptos, porque son los bienaventurados los que guardando tu palabra son “como las vírgenes prudentes esperando la llegada del esposo en la noche de los argentinos”. Te ruego, Señor, que nos ayudes a encender “una vela en la oscuridad”, que los cristianos seamos como la “sal de la tierra”. Pacifica los corazones de los hijos de mi Patria y estaremos confiados en ti. Y vuelve a decirnos como antes: “No temáis, rebaño pequeño”. El Reino está cerca y los malos no entrarán en él. Jorge Castañeda DNI 8.569.045 – Valcheta

Jorge Castañeda DNI 8.569.045 – Valcheta


Te pido por los políticos y los dirigentes de nuestra Patria. ¿Qué les pasa? ¿Se han olvidado de tus enseñanzas? ¿Han tomado en vano tu nombre al jurar por los Santos Evangelios? Perdónales, Señor, aunque sepan bien qué están haciendo. Cambia sus corazones. Corrige sus errores. Saca tu vara de justicia. Recuérdanos a los cristianos que debemos en estos tiempos aciagos recuperar la voz profética de la Iglesia, que es tu palabra. Para que dé luz, advierta y marque un camino. Por nosotros, tu remanente, te pido. Porque nos has enviado como “corderos en medio de lobos”. Tú que eres el “Príncipe de paz” pacifica los corazones de tus hijos. Haz reflexionar al violento, ése que se masifica en un estadio de deportes, que piensa que la política es un campo de batalla, que cuando conduce se transforma en una bestia, que golpea, agravia, insulta, miente, delinque, roba. Te pido por los jueces, y en especial por algunos de ellos que “han abrazado la corrupción como una causa nacional”. A los otros dales sabiduría para que fallen con la mayor justicia. Te pido por los indolentes, por los indiferentes, para que despiertes sus corazones y los sacudas del sopor en que viven. Por los injustos. Por los venales, por los violentos. Te ruego, Señor, por los soberbios, los enaltecidos, los poderosos. Recuérdales que todo poder viene de ti y que son efímeros y pasajeros en esta vida. Por los que ostentan sus riquezas con arrogancia ante los demás, los impúdicos de toda impudicia, los agitadores de pasiones, los hacedores de maldad. Perdónales, Señor. Y que tu mano de amor y de misericordia los toque, porque se tienen que arrepentir de sus iniquidades y volver la mirada hacia ti. Te pido, Señor, que cobijes “como la gallina a sus polluelos”, a este pequeño remanente que todavía tiene dignidad y vive bajo tus preceptos, porque son los bienaventurados los que guardando tu palabra son “como las vírgenes prudentes esperando la llegada del esposo en la noche de los argentinos”. Te ruego, Señor, que nos ayudes a encender “una vela en la oscuridad”, que los cristianos seamos como la “sal de la tierra”. Pacifica los corazones de los hijos de mi Patria y estaremos confiados en ti. Y vuelve a decirnos como antes: “No temáis, rebaño pequeño”. El Reino está cerca y los malos no entrarán en él. Jorge Castañeda DNI 8.569.045 - Valcheta

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