Paraty, paraíso de las aves
La Feria Sudamericana de Aves reunió a operadores turísticos, ornitólogos, niños de escuelas, fotógrafos y observadores de pájaros. La actividad se fortalece y mueve millones cada año en el continente y en el mundo.
Suple Voy
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar
Rojos, verdes, amarillos, azules, colas larguísimas, copetes increíbles, sonidos leves o imponentes. Los pájaros de Brasil son un mundo en el mundo. Más de 1820 especies de aves, en un clima tropical de selvas, llanuras o desiertos son miel que atrae como moscas a ornitólogos, ecologistas, turistas aficionados y fotógrafos de todo el planeta.
Al avistaje de aves se llega desde distintas motivaciones. Y la Feria de Aves de Sudamérica reunió toda esa diversidad entre el 9 y el 12 de septiembre, en Paraty. El epicentro estuvo en los jardines del Shambala Lounge, a 5 kilómetros de las calles empedradas del balneario brasileño con aire colonial y pachorra pueblerina. Pero hubo ansiedad por recorrer senderos en la selva montañosa de la Fazenda Murycana –la imponente reserva natural que acondiciona el magnate dueño de la cadena O Globo–, la cachoeira das sete quedas –cascada de las siete caídas– y hasta una salida nocturna para fotografiar lechuzas y otras rapaces.
La Feria Sudamericana de Aves nació en la primavera del 2010 en San Martín de los Andes, y allí se hicieron las tres primeras ediciones. En el 2014 se trasladó a Colombia y este año, a Brasil. Una decena de patagónicos participó del intercambio, promovido desde sus comienzos por Horacio Matarazzo, actual responsable del Comité Organizador que integran también Martha Argel (Brasil), Sergio Ocampo Tobón (Colombia) y Raffael Di Biase (Chile). Lo auspician entidades no gubernamentales como BirdLife International, Wetlands International, Red de Observadores de Aves de Colombia, Aves Argentinas y otras.
Cada uno tuvo de lo suyo: empresarios locales aprendieron de Tietta Pivato lo necesario para desarrollar el negocio y la infraestructura de observación de aves en materia de alojamiento, excursiones y turismo receptivo. Alumnos de las escuelas jugaron acerca de las razones para olvidar la gomera y no molestar a los pájaros. Y los observadores de aves se hicieron una fiesta con las caminatas y con las recomendaciones del excelente fotógrafo Joao Quental, reconocido profesional que se formó en matemáticas y letras antes de zambullirse en el mundo de las plumas.
“El equipo, la técnica fotográfica, el conocimiento de las aves y una buena dosis de suerte son necesarios para sacar buenas fotos. Aun así, el 90 por ciento de las tomas muestran ramas vacías, en las que había un pájaro que voló antes de que pudiéramos captarlo”, admitió Quental. Dio claves para lograr buenas imágenes y no sucumbir ante el desaliento o las picaduras de mosquitos.
El ornitólogo Luciano Lima representó al Instituto Butantán, un centro de investigación y divulgación sobre salud y ambiente que hace mucho por la preservación de la vida natural.
Dio una conferencia y se calzó la mochila para acompañar los avistajes. Todos aprendieron de su experiencia.
Una industria con plumas
La observación de aves es uno de los turismos temáticos más desarrollados en el mundo. En Argentina se estima que hay unas 30.000 aficionados pero otros países llevan la delantera.
En Estados Unidos, según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de ese país, 82 millones de personas gustan del avistaje o fotografía de aves, al menos 20 millones viajan lejos de sus casas para hacerlo y la mitad de esa cifra recorre el mundo tras ese objetivo. Esto implica unos 35.727 millones de dólares en el año.
El ecoturismo en Costa Rica mueve 1.000 millones de dólares, y 41% corresponde a los observadores extranjeros de aves.
En Paraty, los operadores turísticos tomaron nota e hicieron cuentas. Varios ya ofrecen servicios especiales.
El restorán Villa Verde, a 7 kilómetros por el camino pavimentado hacia Cunha, ofrece frutas a las aves para que posen. Los comensales intercambian cuchillo y tenedor por la máquina de fotos varias veces durante el almuerzo, y todos felices.
También la posada Vale Das Flores anuncia en internet su preferencia por las aves. Su propietario en persona organiza salidas de avistaje caminando, en canoa por el río o en lancha por la bahía.
La hamburguesería Quiosque da Ponte Branca también suma la observación de pájaros como parte de su producto, basado en comida casera y natural, y lo promociona en Facebook.
Para aprovechar el “derrame” de la actividad no es necesario poseer capital. Thiago, de 26 años, es guía ornitológico y entrega a turistas su tarjeta impresa en color. Para él, la Mata Atlántica no tiene secretos. Identifica el canto de cada ave, lo reproduce con maestría, y es capaz de ver un pájaro diminuto en la espesura de la selva.
Suple Voy
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora