¡Cómo estarían los presos!…

Redacción

Por Redacción

“En 1932, el inspector de cárceles nacionales Juan José O’Connor tenía una visión muy desalentadora sobre la situación del penal de Neuquén. En su visita de ese año descubrió, por ejemplo, que el armamento era tan malo que no podía garantizarse que funcionase. En el resto de las unidades patagónicas el panorama no era mucho mejor: al cuerpo de guardia en la cárcel de Rawson hacía tres años que no se le asignaba calzado y en Viedma se necesitaban colchones, tarimas y ropa para los presos. Para el personal penitenciario de Neuquén se destacaba, en la Memoria del Gobernador de 1920: ‘En la cárcel no hay munición y la poca que existe es inservible, la ropa y calzado no existe más que la que tienen puesta; no hay colchones, ni tarimas’. ”A esto hay que sumarle las notorias diferencias en la formación del personal penitenciario y su desconocimiento o escaso apego a la doctrina criminológica sobre la necesidad de constituir a las prisiones en centros de rehabilitación y reencauzamiento. El Archivo de la Provincia de Neuquén tiene varias denuncias como la de aquel excapitán de Gendarmería acusado de usar presos para trabajar en su propia chacra”. (Del ensayo “Vigilar y castigar… pero no demasiado: aportes a la historia del control social, la justicia y el delito en la Patagonia (1884-1930)’’ de Fernando Casullo, quien es secretario técnico en las carreras de Criminología, Ciencias Forenses y Seguridad Ciudadana en la Universidad Nacional de Río Negro).


“En 1932, el inspector de cárceles nacionales Juan José O’Connor tenía una visión muy desalentadora sobre la situación del penal de Neuquén. En su visita de ese año descubrió, por ejemplo, que el armamento era tan malo que no podía garantizarse que funcionase. En el resto de las unidades patagónicas el panorama no era mucho mejor: al cuerpo de guardia en la cárcel de Rawson hacía tres años que no se le asignaba calzado y en Viedma se necesitaban colchones, tarimas y ropa para los presos. Para el personal penitenciario de Neuquén se destacaba, en la Memoria del Gobernador de 1920: ‘En la cárcel no hay munición y la poca que existe es inservible, la ropa y calzado no existe más que la que tienen puesta; no hay colchones, ni tarimas’. ”A esto hay que sumarle las notorias diferencias en la formación del personal penitenciario y su desconocimiento o escaso apego a la doctrina criminológica sobre la necesidad de constituir a las prisiones en centros de rehabilitación y reencauzamiento. El Archivo de la Provincia de Neuquén tiene varias denuncias como la de aquel excapitán de Gendarmería acusado de usar presos para trabajar en su propia chacra”. (Del ensayo “Vigilar y castigar… pero no demasiado: aportes a la historia del control social, la justicia y el delito en la Patagonia (1884-1930)’’ de Fernando Casullo, quien es secretario técnico en las carreras de Criminología, Ciencias Forenses y Seguridad Ciudadana en la Universidad Nacional de Río Negro).

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