Franca, austral, única

Redacción

Por Redacción

Las opciones para disfrutar de las ballenas en el golfo Nuevo son varias: si opta por seguir a los lugareños, desde temprano en la playa de El Doradillo, a 16 km del centro de Puerto Madryn, basta con sentarse en la orilla para verlas juguetear a escasos metros y amamantar a sus crías. Un par de kilómetros más adelante, el observatorio de “Punta Flecha”, lugar creado por la Fundación Patagonia Natural, ofrece la posibilidad de encontrar información e interpretar la vida de estos ejemplares marinos mientras se los ve recorrer la costa desde un mirador privilegiado.

Incluso, yendo al caer la noche –y aprovechando la luna llena–, el lugar ofrece “un espectáculo musical, al aire libre y con artistas únicos en el mundo: las ballenas Franca Austral”. Es una excursión ideal para hacer después de una cena temprano, donde se puede disfrutar de un cielo lleno de estrellas y una atmósfera cargada de magia y sonidos extraños: los famosos cantos de las ballenas. Una experiencia exótica y única que lo llevará a entrar en sintonía con el cosmos, como lo hacían los antiguos habitantes de esta tierra. Y para contrarrestar el frío de la noche patagónica qué mejor que una copa de una típica bebida de la zona, resaltan quienes ya tienen como hábito este recorrido.

Claro, otra manera distinta de contemplar la naturaleza patagónica que abunda en nuestro litoral marítimo es llegar hasta Puerto Pirámides, en el corazón de península de Valdés, punto de partida para las excursiones embarcadas para el avistaje de ballenas franca austral, y con todo el encanto de un pueblito patagónico preparado para el turismo, con su arquitectura, sus artesanías y gastronomía dedicada exclusivamente a los frutos del mar (imperdible una cazuela de mariscos con pulpitos, vieyras, cholgas y langostinos, o “la pesca del día” que incluye salmón blanco, abadejo, merluza o pejerrey).

En las dos bajadas al océano hay seis empresas habilitadas y la salida dura una hora y media (cuesta $890 y se hace hasta diciembre). Los prestadores de este servicio son monitoreados por la Secretaría de Turismo y Áreas Protegidas de Chubut para “garantizar la sustentabilidad y que las ballenas no se sientan invadidas por el hombre”.

Cabe recordar que península Valdés fue declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en 1999, en función de que la ballena Franca Austral llega todos los años a sus costas para aparearse y parir a sus crías.

Estos enormes mamíferos son dueños de características sorprendentes, donde los machos llegan a medir 14 metros y las hembras 15, con un peso de 45 toneladas. Esta especie tiene una callosidad en la cabeza que le confiere su identidad. Estas rugosidades de color amarillo son engrosamientos de la piel y permiten distinguirlas para su investigación.

Antes de embarcar, los visitantes reciben las instrucciones necesarias de los guías y los salvavidas indispensables para ingresar al mar azul. A poco de partir comienza el show: se ven sus cabezas, las colas, se escuchan los resoplidos, están ahí, muy cerca los gigantescos cetáceos, casi al alcance de la mano. Más allá, la panza blanca de un ballenato aparece en medio de las numerosas piruetas que realiza mientras sigue a su mamá. Imposible mantenerse en silencio, las exclamaciones de asombro de los visitantes se extienden por todo el barco, mientras que las cámaras no dejan de registrar cada movimiento. Sin embargo, con el correr de los minutos, el propio espectáculo de las ballenas enmudece a todos y ya no hace falta que nadie pida bajar la voz. Entonces, el silencio solo se quiebra con cada coletazo sobre el agua, con los saltos que dejan a todos sin aliento y dan una dimensión de su tamaño.

Irremediablemente, la vuelta deja una sensación profunda de emoción, se saberse privilegiado de haber compartido la experiencia, satisfecho de tanta naturaleza.

¡SOLTERAS!

Las ballenas no forman pareja. Según la especie, tienen distintos modos de aparearse, y el de las ballenas Francas es uno de los más curiosos. Comúnmente se forman grupos de cortejo y cópula, integrados por una hembra y varios machos que compiten entre sí e intentan aparearse con la hembra. Ella permite que todos se acerquen, aunque en ocasiones prefiere darles la espalda para evitar la cópula.

Pasan su primer año de vida junto a la madre lactando y aprendiendo de ellas, aunque la inexperiencia de las ballenas juveniles “hace que sean especialmente vulnerables a diversas amenazas”, destacan los investigadores. Parecen “disfrutar del contacto con algas marinas, con las que frecuentemente juegan frotándolas sobre sus cuerpos sin ningún riesgo. Sogas y cadenas tal vez sean igualmente atractivas, pero letales para las curiosas ballenas”.

Los científicos, desde 1971, llevan identificadas unas 3.000 ballenas que llevan para aparearse y parir en las aguas cercanas a península de Valdés. Por estos días se contabilizaron un total de 550 ejemplares en los golfos Nuevo y San José, por cuanto presumen que “hay más ballenas presentes en la zona, en particular lejos de las costas”. (Agencia El Bolsón).

Distancias a Puerto Pirámides:

Desde Puerto Madryn: 104 km; desde Trelew: 171 km; desde Neuquén: 735 km; desde Bahía Blanca: 725 km; desde Bariloche: 1019 km; desde Buenos Aires: 1.360 km.


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