Macron gana la segunda vuelta y será el nuevo presidente de Francia
Según proyecciones se impone con alrededor del 65,5% de los votos. Desempleo, lucha contra el terrorismo y crisis de la UE, algunos de los desafíos que le esperan.
El candidato centrista Emmanuel Macron se convertirá en el presidente más joven de Francia al alzarse como ganador de la segunda vuelta de las elecciones en las que se enfrentaba a la ultraderechista Marine Le Pen, según las primeras proyecciones publicadas por varios medios franceses.
El candidato proeuropeo de 39 años se impuso con entre un 65,1 y un 65,5 por ciento de los votos, frente a los 34,5 y los 34,9 por ciento que habría conseguido Le Pen, de 48 años. Las proyecciones están basadas en resultados iniciales parciales publicados por el Ministerio del Interior.
Los comicios, a los que estaban llamados 47 millones de franceses, se siguieron con especial interés y nerviosismo también fuera del país, ya que una victoria de Le Pen, muy crítica con la Unión Europea, habría supuesto una fuerte sacudida para el bloque.
El triunfo de Macron en Francia evita así que esta potencia económica mundial cayera en manos de la extrema derecha de Marine Le Pen. Este exbanquero reemplazará al socialista François Hollande que renunció a presentarse por falta de apoyo popular y del que fue ministro de Economía.
Lo hará en una Francia muy dividida políticamente entre las zonas urbanas (privilegiadas y reformistas) y las desheredadas (tentadas por los extremos). Macron, que no parece recular ante los desafíos, tiene varios por delante de gran calado como un desempleo endémico de 10%, la lucha antiterrorista y la crisis de la Unión Europea (UE).
Aunque Marine Le Pen, de 48 años, pierde por amplio margen, no es una derrota en toda regla para ella ni para su partido -el Frente Nacional (FN)- que ha convencido a entre el 33,9% y el 34,5% del electorado con promesas en contra de la inmigración y el euro. No sólo eso, sino que se ha hecho un hueco entre las principales fuerzas políticas del panorama nacional.
En apenas un año, desde que fundó el movimiento centrista ¡En Marcha!, Macron se abrió paso en un país en el que dos grandes partidos tradicionales de izquierda y derecha se alternaban en el poder desde hacía medio siglo.
Se los llevó por delante en la primera vuelta con un programa europeísta y liberal en temas económicos y sociales. Para la segunda partía con una ventaja holgada en las encuestas, reforzada en el debate con su rival, pero eso no le impidió un susto de último minuto, con un pirateo informático masivo de documentos cuyo origen se desconoce y que está siendo investigado por la justicia francesa.
Para el mundo estas elecciones son un termómetro que mide la fuerza de los populistas y toma el pulso a la Unión Europea tras el triunfo del Brexit en el Reino Unido.
La apuesta política de Macron fue un éxito pero el siguiente paso es una incógnita. Francia no sólo elige presidente, sino que en junio celebra elecciones legislativas atenazadas por la incertidumbre.
El batacazo político de la derecha y de los socialistas en la primera vuelta y el paso de la extrema derecha a la segunda abre un interrogante: ¿será capaz Macron de conseguir una mayoría parlamentaria y evitar una cohabitación complicada pese a no disponer de maquinaria de partido?
Marine Le Pen puede obtener bastantes más diputados de los dos que posee actualmente con su campaña contra la UE, la globalización, los inmigrantes y las “élites” en un país corroído por el desempleo y enlutado por una ola de atentados yihadistas.
El hombre que ha zarandeado la política con un nuevo partido fascina a propios y extraños. No sólo por su juventud, sino por estar casado con una mujer 24 años mayor que él: Brigitte, la futura primera dama rubia y esbelta que fue su profesora de teatro y estuvo omnipresente en la campaña.
Líderes mundiales de la talla de la canciller Ángela Merkel y del expresidente estadounidense Barack Obama apoyaron su programa, centrado en la divisa: “una Francia abierta, confiada y conquistadora” en “una Europa protectora”.
Macron será el presidente más joven de la historia de Francia, por delante de Luis Napoleón Bonaparte, quien tenía 40 años cuando fue elegido en 1848, y uno de los más jóvenes del mundo.
Tiene cinco años por delante para dirigir un Estado con armas nucleares, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y motor, junto con Alemania, de la Unión Europea, cuya zona euro quiere dotar con un presupuesto, un parlamento y un ministro de Finanzas propio.
El triunfo de este hombre con apariencia de niño bueno, formado en las escuelas de élite francesas, cierra una campaña electoral llena de sobresaltos en la que los embrollos judiciales eclipsaron durante tiempo los temas de fondo, acrecentando el hartazgo de una ciudadanía desengañada con los políticos.
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